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Viernes, 3 de septiembre de 2004

INUTILISIMO

Que linda manito...

Hemos hablado desde este espacio de la importancia de los buenos modales a toda hora y en cualquier situación, de la influencia del tono de voz y del empleo preciso de la sonrisa, pero nos estaban faltando sugerencias acerca de cómo manejar correctamente las manos, sin dejar de lado el toque de refinamiento. Sin embargo, “nuestras manos hablan constantemente por nosotras”, como bien señala el Anuario de la Mujer (Bs. As., 1931): “Sus movimientos, el uso habitual que hacemos de ellas, indican el carácter, el temperamento, inclusive el estado de salud. Hasta la forma en que reposan es significativa”. Este rol protagónico –y revelador– de las manos es de lamentar que no sea tenido en cuenta en muchos de los libros de Educación y Mundología que hemos consultado. Felizmente, el Anuario cubre este vacío, dictándonos una breve clase magistral sobre cómo manejar y dominar nuestras extremidades superiores. Por cierto, “en su mayoría, las personas cultas dominan la tendencia a gesticular demasiado”, aclara el Anuario y añade enseguida: “Pero el abuso de las manos como ayuda de la lengua no es el único error que cometemos con ellas: a veces la rotación de los pulgares o el tomar con demasiada fuerza una silla, o el esfuerzo inconsciente por ocultar las manos delatan aún más que los gestos inútiles, una grave falta de dominio y exceso de nerviosidad”. En una palabra, que para muchísimas mujeres resulta “un problema harto enojoso saber qué hacer con las manos”.
Varios son los errores que cometemos (y que en adelante corregiremos) por falta de autocrítica y orientación: “Llevar la mano al rostro, lo que además de ser una costumbre poco elegante hace resaltar cualquier defecto que tenga esa mano”; otro gesto que hay que evitar, según el Anuario, es sostenerse el rostro con la mano... (¡y nosotras que creíamos que Mirtha Legrand era el summum de las buenas maneras en general y el buen desempeño de las manos en particular!).
Para obtener movimientos suaves y refinados de las manos convendrá tener las muñecas flexibles, cosa que se logra por medio de los siguientes ejercicios: “Colóquense juntas las palmas de las manos, calzando los dedos de la derecha con los de la izquierda lo más atrás que permita la muñeca al doblarse. Descánsese luego la mano derecha y empújesele para atrás con la izquierda. Altérnese así con cierta rapidez, hasta que dedos y muñecas se cansen un poco”.
Otros ejercicios quedarán para próximas clases. Entretanto podrán ustedes ir mejorando de a poco la gestualidad de esas lindas manitas que Dios les dio, incluso cuando las lleven enguantadas.

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