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Viernes, 25 de agosto de 2006

Secuelas de un eufemismo

La explotación sexual de niños y niñas es considerada por la comunidad internacional como “una de las peores formas de trabajo infantil” porque sus consecuencias son gravísimas y en muchos casos de por vida. Ese es el caso de Silvana, 15 años recién cumplidos.

 Por Soledad Vallejos

“Ella va a estar largo tiempo, no sé cómo va a seguir ella, la Silvana está así. Cómo va a salir no sé. No dan ninguna esperanza de que pueda mejorar.” Ese es el resumen que Lita del Valle Salvatierra hace cuando alguien le pregunta qué han dicho los médicos sobre el futuro de su hermana. Ya pasaron cuatro meses desde que una mujer que desconocía la llamó por teléfono a Beltrán, el pueblo rural de Santiago del Estero en el que viven ella y parte de su familia, y dio inicio a una cadena de sorpresas cuyos eslabones hacen sospechar firmemente de un caso de trata.

Silvana Salvatierra tenía 14 años, vivía en Beltrán, “con la mami”, y ser la menor de nueve hermanos le había ganado vivir como la consentida de la familia. “Hasta un celular le compró la mami, que nunca compró para nosotros. Le daba el gusto. Salió una ropa modelo, mami, comprame esto, ella le compraba. ¿De qué puede tener ganas de trabajar?” A fines de marzo, Silvana caminaba por Beltrán con una amiga cuando un hombre la obligó a subir a un auto “marrón clarito”. Durante 17 días la familia no supo más nada de ella, hasta que el 12 de abril Lita recibió una llamada de una desconocida.

–Me dijeron que ella estaba detenida, que vení a firmar para que la larguen. Que ellos han salido a caminar y que la han detenido a la Silvana. Yo les dije no puedo ir, no tengo plata. Yo te mando el pasaje, venite. Yo le digo que no, no me voy porque no puedo. Y ahí me dijo ¿qué, no te importa de tu hermana? Sí, me importa. Entonces vení. Bueno, digo yo, bueno, a lo último.

La misma mujer le indicó que fuera al supermercado Milo, de Beltrán, que preguntara por una cajera a la que llaman “Negra”, que ella iba a pagar su pasaje a Buenos Aires y el seguro de viaje para Mariana y Andrés, sus niños de 6 y 3 años.

–Me dice la señora del Milo tenés que ir a tal parte, me lo anotó esa señora y he venido con eso. Le dije al chofer, con el papel, bájeme aquí, me ha bajado, era una parada de colectivo. He llegado como a las dos y media de la tarde, y vino esa señora, me llamó de atrás y dice ¿Lita Salvatierra? Sí, le digo. Me dice bueno, vamos, tu hermana está allá en el departamento. Ahí le digo ¿qué, no está detenida? No, está ahí, en el departamento.

En el departamento la esperaba un hombre. Antes de dejarla allí y no volver a verla, la mujer le dijo “ella tiene un accidente”, le dio la dirección del Hospital Ramos Mejía y le dijo que Silvana había tenido un accidente.

–He venido y he ido al 40 piso. Voy, digo ¿adónde es la sala de mujeres? No, aquí es terapia intensiva, me dijeron. La enfermera me ha hecho pasar y la he visto: es mi hermana, dije. Ellos me dijeron que había tenido un accidente, pero lo único que tenía eran marcas como de dedos acá, en el cuello.

Era el viernes 14 de abril; Silvana había sido internada dos días antes y los médicos necesitaban que alguien autorizara una operación de urgencia, porque había llegado con la cabeza destrozada de golpes. Lita dice que cuando la ambulancia del Same fue a buscarla al departamento –le afirmó la mujer que la esperaba allí– Silvana “salió abiertos los ojos”. Los golpes, imagina, no se veían, porque “ella tiene el pelito largo, largo tenía el pelito, y lo tenía desparramado el pelo, tenía húmedo el pelo, mojado, no sé si la han bañado, no sé”. Es difícil tener datos en firme porque Silvana, su hermana, la misma chica que cumplió sus 15 años internada, está inconsciente y en estado vegetativo desde su ingreso: daño cerebral.

El hombre que Lita llama “el dueño del departamento” dice que no vio ni escuchó ninguna pelea, nada que lo alarmara. “Yo le decía cómo no vas a escuchar. Dice que ella todavía se quería ir a la casa. Le digo no te costó llamar a la policía y sacarla de aquí a ella, una menor que está metida aquí, que se quería ir a la casa. ¿No podía hacerlo más cortito?”.

Tiene un nombre y pocas certezas. Al hombre que subió a su hermana a la fuerza a ese auto en Beltrán lo conoce “porque tiene amistad con el padre de mi hija”. Sabe que se llama Fabián Corvalán, que “vive en Villa Robles, que queda de Beltrán un poco más adelante”, que en el pueblo se le desconoce trabajo (aunque siempre lo han rodeado sospechas ante la desaparición de animales en los campos), que es padre de tres niños y que, desde hace un tiempo, empezó a ostentar un auto y una moto, “no tenía en qué andar y de golpe tenía todo esto”. Sabe, también, que fue detenido sólo dos meses después de que ella presentó la denuncia que se ha convertido en la causa 2363, “Salvatierra Silvana contra Corvalán Fabián. Intento de homicidio simple”, que tramita en el Tribunal Federal Oral en lo Criminal Nº 17 sin que ella o Policarpio Salvatierra –su padre, con quien comparte las horas de vigilia en la sala de terapia intensiva– figuren como querellantes.

Recién llegado a Buenos Aires, Policarpio se hospedó cerca del hospital, en casa de unos conocidos, pero Lita no: ella permaneció alrededor de una semana en el mismo departamento del que la ambulancia se llevó a su hermana. De ese lugar, en el que encontró “unos pantaloncitos, las Topper que le compró mi mami y un pantalón que ella tenía tipo Adidas, así, eso también encontré, y una remerita violeta” de Silvana, se fue luego de que la Justicia interviniera y le consiguiera camas en un alojamiento para personas sin techo.

–Al otro día estaba la policía en el departamento, yo no entiendo qué va a volver el tipo para ahí. Mirá si va a volver el dueño del departamento. A él lo han detenido dos noches, porque es el que llamó al Same, no el otro, el que la trajo. El otro, el tipo, lo había obligado a que llame al Same, que venga, que ella está descompuesta, se siente mal. Yo no creo que ella haya venido a trabajar, nunca en la vida ha trabajado, se ha criado con la mami. No sabía que estuviera acá ella. Y tampoco entiendo por qué la lastimó tanto. Por ahí le hizo todo lo que ha querido con ella, la golpeó, la dejó ahí.

Fuentes oficiales indican que son fuertes las sospechas de que se trata de un caso con “coloración sexual”, pero también agregan: nada puede probarse, a menos que la víctima declare.

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