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Lunes, 11 de marzo de 2013

BOXEO

Campeón a los 48

 Por Daniel Guiñazú

A la edad en la que la mayoría de los deportistas vive de los recuerdos y las fotos viejas, Bernard Hopkins volvió a sacudir la historia del boxeo. Con 48 años y 54 días de edad, se superó a sí mismo, derrotó por puntos en 12 rounds al estadounidense Tavoris Cloud y se consagró campeón mundial de los medio pesados en la versión de la Federación Internacional. Nadie llegó nunca a tanto en una edad tan avanzada desde que en 1892, con la primera pelea con puños enguantados (John Sullivan-James Corbett), dio comienzo el pugilismo moderno.

Para ser el campeón más longevo de todos los tiempos, Hopkins debió desandar una vida turbulenta que, entre 1984 y 1989, lo tuvo 56 meses preso en la penitenciaría del estado de Pensilvania, donde echó mano al boxeo como tabla de salvación ante la locura. Cuando salió de esa cárcel, inició una carrera brillante que lo transformó en un indestructible campeón de los medianos entre 1995 y 2005, con 20 defensas de su título que le posibilitaron batir el record de Carlos Monzón. Entre 2011 y 2012 dobló su apuesta y, con 46 años y 5 meses de edad, se consagró campeón de los medio pesados del Consejo. Ese fue el record que el propio Hopkins se encargó de demoler el domingo por la madrugada sobre el ring del Barclay’s Center de Brooklyn, Nueva York.

Pero Hopkins (79,110 kg) es mucho más que una estadística brillante. En verdad se trata de un pugilista excepcional que supo ganarle al tiempo con astucia, inteligencia y estrategia. Dueño de una fortaleza mental inigualable y conocedor de todos los trucos del boxeo (los limpios y también los sucios, aprendidos en los ásperos gimnasios de Filadelfia, su ciudad natal en 1965), “B-Hop” fue ante Cloud, un ajedrecista con los puños enguantados. Movió pieza por pieza, invirtió sólo la energía indispensable y en base a sus piernas ágiles y a sus precisos contragolpes supo poner sus 48 años lozanos un paso por delante de los 31 de Cloud (78,830), quien nunca tuvo talento ni carácter para hacer valer su mayor juventud, su velocidad y su pegada.

Podrá argumentarse que el boxeo de hoy no es lo mismo que el de ayer y que la falta de los grandes peleadores de otrora facilita proezas como la de Hopkins, quien en otro tiempo con sus 48 años no se hubiera atrevido siquiera a pensar que podía trepar a un ring. Quizá sea así. Pero el debate no será dado en este sitio. De lo que se trata ahora es de resaltar un hecho único, sin par: ser campeón mundial a los 48 años. Bernard Hopkins lo hizo, y por eso bien ganado tiene su lugar en la historia.

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