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Lunes, 15 de septiembre de 2003

MICHAEL SCHUMACHER (FERRARI) GANO EL GRAND PRIX DE ITALIA

Hico, cavallino rampante

A bordo de la máquina italiana, el alemán venció a Juan Pablo Montoya y su Williams en la carrera más rápida de la historia del Mundial, y quedó más cerca de retener la corona. El colombiano lo corrió pero se topó con un rezagado que le hizo perder tiempo, y quedó a tres puntos del líder. Cuarto en la carrera, Kimi Raikkonen quedó a siete puntos.

 Por Pablo Vignone

En una carrera que se gana a más de 247 kilómetros por hora de promedio, no queda margen como para que la diferencia la produzca el piloto. Concretamente: la Ferrari calzada con Bridgestone que condujo Michael Schumacher venció al Williams equipado con gomas Michelin que manejó Juan Pablo Montoya sobre el calcinante asfalto de Monza. Así puede entenderse por qué el campeón del mundo consiguió un triunfo que no estaba en los planes de la mayoría, relegando al colombiano que, después de amenazar viernes y sábado, tuvo que conformarse ayer con el segundo lugar, quedando ahora tres puntos por debajo de Schumacher en el torneo cuando sólo quedan dos Grand Prix por correrse.
Era obvio que la Ferrari iba a escaparse en las primeras vueltas: la pole-position de Schumacher, cuando Montoya había sido más rápido en los entrenamientos, indicaba que la máquina italiana cargaba menos combustible y era menos pesada. Por eso el piloto de Williams intentó un arrebato en la primera vuelta, tratando de quedarse con la punta. Era casi obvio, también, que el colombiano perdiera luego casi cinco segundos de ventaja, quejándose de una ida de trompa, señal de que las Michelin obligadamente nuevas no eran tan buenas como las anteriores irreglamentarias.
El desastre de Hungría hizo reaccionar al proveedor japonés de neumáticos, que en la semana previa hizo probar en Monza 20 tipos distintos de cubiertas; sus cinco equipos –Sauber, Jordan, Minardi y BAR, además del italiano– ensayaron 2 mil gomas a lo largo de más de 10 mil kilómetros. Semejante data estaba destinada, desde ya, a favorecer a Ferrari. Y lo consiguieron. La única rotura de una goma en carrera fue la de una cubierta francesa... (en el Toyota de Cristiano Da Matta).
Como Schumacher tenía realmente menos nafta en su tanque hizo su primera parada antes que Montoya y la diferencia de carga emparejó el panorama. Con cuatro gomas flamantes, el colombiano comenzó a rebanar hasta medio segundo por vuelta. Pero sobre el final del tramo, poco antes de la segunda parada, el alemán volvió a sacar otra pequeña ventaja. La lectura era transparente: el coche italiano era tan competitivo como el inglés, y como estaba adelante...
Tras la segunda detención, ambos punteros volvieron a quedar separados por menos de dos segundos. Máquina contra máquina, tan apretadamente, cualquier acontecimiento circunstancial podría haber definido entonces la carrera. Eso fue lo que sucedió, cuando los dos líderes, separados por apenas 1s3, se encontraron con un rezagado, el Sauber-Petronas de Heinz-Harald Frentzen. Este se abrió prontamente para dejar pasar a la Ferrari, pero no fue tan presto con el Williams. Cuando finalmente consiguió superarlo, Montoya ya estaba a cuatro segundos del puntero.
El episodio resultó muy parecido a uno vivido en la definición del Campeonato de 1997, cuando Jacques Villeneuve (entonces piloto de Williams) perseguía a Schumacher y su Ferrari en la pista de Jerez. El canadiense se encontró, de repente, con un Sauber al que le costó casi una vuelta pasarlo. El coche suizo, antes como ahora, iba equipado con un motor Petronas, que es nada menos que un motor Ferrari rebautizado. El piloto contó luego a su entorno que le había llegado la orden, por radio, de demorar a Villeneuve... (y era argentino).
Sin poder arriesgarse a perder puntos, Montoya decidió aflojar, imponer ritmo de crucero, y asegurarse el lugar de escolta. Fue el mejor resultado dadas las circunstancias, pero no el más favorable en función de lo que viene: aunque sólo quedó a tres puntos del alemán, le es imprescindible descontarle buena ventaja en Indianápolis, dentro de dos semanas, porque la última carrera, el Grand Prix de Japón, se corre en Suzuka, la pista de Bridgestone...
Que la Ferrari caminó bien lo probó, además, el tercer lugar de Rubens Barrichello, batiendo al McLaren de Kimi Raikkonen, un coche que cumplió de acuerdo con lo que se esperaba, con el motor menos potente de aquellosque están peleando el título, una disputa de la que el finés quedó semimarginado.
Esta de Monza fue la 50ª victoria de la dupla Schumacher-Ferrari, la 69ª del alemán, que fabricó un manejo sin fisuras. El propio alemán señaló que el de ayer fue “el mejor día” de su vida. Si esta victoria le sirve para señar su sexto título mundial, eso se sabrá en dos semanas.

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Los pilotos de Ferrari, Schumacher (1º) y Barrichello (3º), celebran en el podio.
 
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