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Lunes, 14 de noviembre de 2016

MESAS DE DEBATE CON PERSONALIDADES, NARRACIONES Y CONCURSOS LITERARIOS EN LA FERIA DEL LIBRO DEPORTIVO

La alianza entre el deporte y la literatura

Ficción, política, derechos humanos, emprendimientos independientes y libros al por mayor, y a buen precio, dieron el marco ideal a grandes maestros de la palabra como Rodolfo Braceli, Eduardo Sacheri, Juan José Panno, Walter Vargas y Ariel Scher para hablar de sus pasiones.

La literatura de la pelota fue la mesa que abrió un sábado marcado por la ausencia del fútbol de Primera División, en pleno receso por la doble fecha FIFA. Rodolfo Braceli, Eduardo Sacheri, Walter Vargas, Lilian Garrido y Juan Herbella cautivaron la atención del público que el último sábado desde las once de la mañana llenó el auditorio de Deportea, una institución que hace más de 25 años forma periodistas en el barrio de Balvanera.

“Me parece que era hora de que se hiciera una feria del libro sobre fútbol. También de que se deje de considerar a la literatura futbolística como una literatura de cabotaje. Es literatura o no lo es. Y hay muchos ejemplos que demuestran que se puede hacer literatura con el fútbol y de la más genuina. Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano fueron dos a los que la academia de las letras nunca les perdonó el hecho de escribir sobre este deporte tan apasionante. Esta literatura siempre fue minimizada, mirada de reojo, con simpatía, como si fuera automáticamente menor. Estos encuentros ayudan a desterrar ese prejuicio”, sostuvo Braceli, poeta, narrador, dramaturgo, ensayista y periodista, ajeno a ese preconcepto, porque escribe “de lo que le da la gana. Sobre todo cuando no lo hace para un medio. En ese caso habría que estar casado con la dueña o con la viuda del dueño”.

“Vengo utilizando el fútbol para la reflexión y también para la ficción desde 1968, en un diario que hizo (Jacobo) Timerman en Mendoza. Se llamaba El Diario y duró muy poco. A él le gustaba desmarcar a los periodistas. Y como sabía que estaba con la poesía me metió en Deportes. A mí me apasionaba, sobre todo el fútbol y el boxeo. Tenía una columna semanal que se llamaba ‘El Pulmón del País’ y ahí largué varios cuentos”, recordó el autor de Pautas enteras, obra que fue prohibida y quemada en el playón de estacionamiento de la Casa de Gobierno de Mendoza, en el golpe militar de 1962.

Al respecto también dejó su opinión Eduardo Sacheri, escritor y profesor de Historia, cuyas obras La Pregunta de sus ojos y Papeles en el viento fueron llevadas al cine: “Tenemos una serie de escritores muy buenos, talentosos, que unieron las pasiones del fútbol y la literatura. Lo que nos toca en esta generación es reproducirlo, expandirlo y aprovechar este tema tan querido por los argentinos como disparador para el mundo de la literatura en general”.

Consultado por su forma de darle vida a una hoja en blanco, Sacheri dijo que a veces puede ser un problema comenzar una historia. “Lo importante es tener los ojos y los oídos abiertos, así como el espíritu dispuesto a dejarte influir por lo que tenés alrededor. Además tener la paciencia de sacrificarte y esperar. Lo que diferencia a los que trabajan con las palabras y a los que no es, precisamente, la disposición a seguir insistiendo y perseverando hasta que las cosas arranquen”.

La periodista Lilian Garrido remarcó la importancia de Roberto Santoro, pionero en este campo, a partir de su obra Literatura de la pelota publicada en 1971. Mientras que Walter Vargas, periodista y psicólogo social, se refirió al capital simbólico que trasciende los campos de juego y Juan Manuel Herbella, ex jugador, médico y docente, contó su incursión en la escritura y le regaló una anécdota a Líbero.

“En Vélez me decían el borracho de los libros, porque estaba siempre en el bar con mis textos leyendo ahí para no molestar a mi compañero de habitación. Cuando alguno bajaba a desayunar ya me encontraba leyendo y se venían las risas de todos, principalmente de (Fernando) Pandolfi y (Carlos) Cordone, que eran algunos años más grandes que yo cuando debuté”, sostuvo el egresado y docente de DeporTEA y la Universidad de Buenos Aires.

Lo hago, lo edito y lo vendo, la mesa referida a emprendimientos independientes, comenzó pasadas las 13. Entre los presentes estuvo Juanky Jurado, quien detalló el proceso de Pelota de Papel, un libro de cuentos escrito por jugadores; Ignacio Fusco y su revista futbolera Don Julio, el Gran Maestro de ajedrez y tricampeón mundial Pablo Zarnicki, quien contó el proceso de su autobiografía llamada Viaje a través del tablero. A ellos se sumó Santiago Capriata, joven periodista autor de Calamus, y Alejandro Bisignano Burgos, quien le declaró su amor incondicional a River junto a dos amigos con un libro de poesía y cuentos titulado Vos sos la alegría.

Por la tarde, luego de las 15, fue el momento de Deporte y Derechos Humanos en una mesa integrada por el periodista y escritor Gustavo Veiga –quien presentó un fragmento de la miniserie Deporte, desaparecidos y dictadura elaborada a partir de su libro–; Claudio Gómez, quien reconstruyó la historia de una veintena de deportistas de La Plata Rugby Club desaparecidos o asesinados en la dictadura militar en Maten al rugbier; Ignacio Damiani, autor de El Tano, la biografía no autorizada de Daniel Angelici; Nicolás Lovaisa, periodista que investigó las relaciones entre la dictadura y el fútbol en Santa Fe en su libro Tiempo recuperado, y Claudio Morresi, ex futbolista, que se desempeñó una década como secretario de Deporte de la Nación.

“Arrancó todo con un homenaje público que Colón le hizo a Roberto Viola en 1981. El club le pidió la anulación de los descensos, esto no se concretó y el equipo perdió la categoría. Pensé que este iba a ser el único vínculo, pero fue como tirar de un piolín y las historias comenzaron a aparecer una tras otra”, mencionó Lovaisa, quien recordó la reafiliación a la AFA que obtuvo Unión, a mediados del 70, por injerencia del represor Alcides López Aufranc. También apuntó contra dirigentes que formaron parte del Batallón de Inteligencia 601 como Alberto Candioti –hombre de confianza del fallecido Julio Grondona– y contra futbolistas que integraron patotas que secuestraban gente, como el caso del ex arquero rosarino Edgardo Andrada. “En su legajo militar figura que fue elegido como espía por su condición de deportista. Eso le hacía mucho más fácil infiltrarse en los barrios obreros para marcar gente”, agregó.

Como contrapartida, Morresi, quien perdió a su hermano en el período más oscuro del país e integra la asociación Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, informó y compartió imágenes sobre la muestra que se instaló en el Espacio del Deporte y los Derechos Humanos en el predio de la ex ESMA.

Entre los momentos de debate, la exposición final a cargo de los jóvenes de Un Metro Adelantado –que encaran un medio autogestionado que triunfa en las redes sociales con su humor– hubo tiempo para visitar los stands de Ediciones Al Arco, Club House Publishers, Grupo Planeta y Ediciones Colihue. Este último lucía entre sus títulos destacados En cancha chica, Corazón y pases cortos y 100 x 100 Mundiales, de Juan José Panno. “Estoy muy contento por cómo salió todo. Vi mucha gente comprometida con la idea de tirar paredes, como se llama el libro de Claudio Morresi. Esa es la forma en la que noso- tros entendemos el periodismo, el fútbol, el deporte y la vida”, cerró Panno, uno de los fundadores de la escuela de periodismo, que ya proyecta una nueva edición de esta cita literaria para el año que viene.

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Ignacio Damiani, Claudio Gómez, Claudio Morresi, Nico Lovaisa y Gustavo Veiga hablaron sobre deporte, política y derechos humanos.
Imagen: Agustina Jaurena para TEA y Deportea
 
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