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Lunes, 11 de septiembre de 2006

FúTBOL

Acostumbrado a ser impetuoso

 Por Gustavo Veiga

Paradigma de nuevo rico modelado en los años ’90, Juan José Muñoz, el presidente de Gimnasia y Esgrima La Plata, irrumpió en el mundo del fútbol con el mismo ímpetu que amasó su fortuna. El Tuerto, como lo apodan, de frutero mutó a próspero empresario, aunque sólo hacía visible su adhesión política a Carlos Menem y una calculada ostentación. Igual que el riojano, gusta andar en autos lujosos, organiza generosas fiestas en su mansión-fortaleza de Villa Elisa y no repara en gastos con tal de disfrutar el poder, acotado al club más antiguo de la AFA.

Ante quien guste escucharlo, el Tuerto sostiene que posee o participa de trece empresas. De comercializar peras y duraznos en el centro de La Plata, se extendió a otras actividades que, con los años, le dieron mayores réditos. Una de ellas la desarrolla en la Asociación Mutual de Trabajadores del Estado (AMTE), donde se desempeña junto a Mariano Berón, uno de sus hombres que colocó como vocal en la Comisión Directiva tripera. El presidente de Gimnasia también tendría intereses en el Banco del Sol, una compañía de turismo y otra de seguros.

El 27 de noviembre de 2004 se impuso en las elecciones del club con el 60,4 por ciento de los votos a la cabeza de la “Agru.Pasión por Gimnasia”. Minutos después de ganarle en las urnas al efímero titular gimnasista, Francisco Gliemmo, una asamblea de socios lo proclamó al compás de un cantito: “Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Jota Jota, todos la vuelta vamos a dar...”. Muñoz siguió el desarrollo del acto sentado sobre el piso porque no había sillas suficientes para todos los presentes, enfervorizado como un hincha más.

Cuentan que el empresario de los préstamos y las pólizas completó dos micros con socios, los transportó a Mar del Plata, se hizo cargo de la comida y el hotel y hasta los llevó a ver un espectáculo. El mismo procedimiento utilizó en plena disputa por la presidencia, cuando solventó el viaje en avión a Córdoba de un grupo de hinchas que acompañaron al equipo en el partido contra Instituto de esa provincia.

Hombre dúctil de la política y propalador de frases temerarias, el presidente Muñoz es como un lobo suelto en la espesura del bosque platense. “De Dios para abajo no le temo a nada ni a nadie”, sentenció.

Una expresión semejante entregó Menem en una de sus tantas bravuconadas cuando ocupaba la Casa Rosada.

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Muñoz con Pompilio, antes del partido.
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