libros

Domingo, 5 de septiembre de 2004

De carne y hueso

Complot
Perla Suez

Norma
Buenos Aires, 2004
104 págs.

Por Rogelio Demarchi

Son los infames años treinta del siglo veinte en la pujante Entre Ríos. A la región donde las labranzas agrícolas se alimentan con el sudor del inmigrante, llega el guante blanco de la corrupción disfrazado de “progreso”: si éste necesita de tierras para los ferrocarriles y otros emprendimientos en los que la corona británica se juega sus intereses, aquél requiere de hombres dispuestos a cualquier cosa por su codicia. Bruno Edels empezó a huirle a la muerte en el pogrom de su Praga natal. Tras muchas vueltas recala en Colón. Peón de estancia, alambrador, matarife, arrendatario, productor agropecuario, finalmente es propietario de dos importantes estancias a la vera del río Uruguay. Es el elegido por el inglés Broker para la operación encomendada por la Compañía Argentina de Tierras e Inversiones: conseguir la mejor tajada de tierra para el ferrocarril y la mejor cobertura para el frigorífico que procesará la carne que se despachará a escondidas del Estado. Edels, creyéndose parte de un complot contra una patria que acaso sienta como ajena, jamás sospechará que es la víctima número uno.
Si allí se dispara la lectura política que reclama esta nueva novela de Perla Suez –que continúa la “serie entrerriana” ya establecida por Letargo y El arresto–, hay una más literaria que hace centro en Mora, una niña de trece años a quien no le interesan las tramas históricas sino las que hacen centro en el deseo. Y ella tiene, en este terreno, anhelo de protagonismo. Y el inglés Broker, qué duda cabe, creerá elegir cuando, en realidad, será utilizado. Sería tranquilizador leer que Mora ha sido violada y que, cuando habla, dice la verdad. Pero nada en esta novela es tranquilizador, sino todo lo contrario. Mora es una especie de Emma Zunz ingresando en la adolescencia y sin más certezas que lo que palpita –con una violencia de otro orden– en su propia carne.
El todo es aquí más que la suma de las partes. Hay, entonces, complot dentro del complot y engaño dentro del engaño, y todo ello se despliega poéticamente ante nuestros ojos con la violencia del silencio: paradoja literaria, el relato de los hechos nos es negado y nosotros, los lectores, en algún punto también somos engañados. Da gusto que a uno lo engatusen con estas armas. Tersa y austera, la prosa de Suez avanza retrocediendo: en vez de componer la imagen para mostrarla en todo su esplendor, la borra para tornarla fugacidad y secreto. Riesgosa apuesta narrativa en la que sale vencedora.

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