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Domingo, 6 de febrero de 2005

FENOMENOS

Está todo bien

Cultura Cannabis de Alicia Castilla es una edición de su autora que ya lleva vendidos diez mil ejemplares y que brinda mucha información lejos de la apología.

 Por Jorge Pinedo

Yerba, fumo, faso, pot, grass, ganja, María, maconha, marihuana: cannabis, su denominación técnica. De acuerdo con las cuentas (¿serán como la de los participantes de las movilizaciones?) de un lustro ha efectuadas por la Policía Federal Argentina, 250.000 personas, el 8 por ciento de la población, consumen cannabis en forma habitual. La legislación vigente resulta un alarde de oxímoron: consumir cannabis no es delito, pero sí lo es poseerla tanto como suministrarla a otra persona. ¿Qué ubicuidad es indispensable para lograr la hazaña de consumirla sin poseerla? De la suma del arraigo de un hábito y su represión brota una (proto)cultura al modo de institución informal cuya función reside en fortalecer lo primero y minimizar lo segundo. Fenómeno que abarca al conjunto de los factores concomitantes: apropiación, técnicas, reproducción; y a los discursos que los sustentan: sociales, subjetivos, creencias, militancias. Ningún otro es el campo que desbroza Alicia Castilla en Cultura Cannabis, el primer libro dedicado íntegramente a la temática desde la perspectiva contrademoníaca de quien evita postular cualquier negación sobre el asunto y al mismo tiempo, un fenómeno editorial impensable: Alicia Castilla es una de las tantas escribas que financia su propia publicación, con el acierto de que va por la quinta edición, totalizando la friolera de diez mil ejemplares. Alcanzar esa cima le valió a la autora, amén de las no menos folklóricas que humillantes amansadoras en las editoriales locales, el entre pacato y temeroso ninguneo de las distribuidoras. Circunstancia que la impulsó a llevar sus paquetes de libros personalmente a las librerías, instalarlos en los quioscos de diarios, reproducirlos de mano en mano.

Por encima del fenómeno, Cultura Cannabis repasa en una docena de capítulos antecedentes históricos, estructura química, producciones culturales, entremeses políticos, efectos individuales, usos medicinales; los colectivos y sus producciones, prevenciones, gastronomía, legislación y formas de cultivo. Buena parte de esa información proviene del alud de páginas en Internet, cuestión que ha sido objeto de críticas. No obstante, al brindar al lector la oportunidad de contrastar las respectivas fuentes, el texto de autor se desata allí donde entreteje textos de otros.

Lejos de la apología, Castilla encuadra su producción en tanto asunto de la polis, por cuanto la cannabis “sobrepasa el carácter de droga para convertirse continuamente en un enfrentamiento entre la lógica y lo establecido. El continuo debate sobre su despenalización trasciende las referencias de lo que es saludable y lo que es nocivo para convertirse, en realidad, en una discusión sobre el derecho de los poderes establecidos a decidir, por motivos políticos o económicos, qué es bueno y qué no lo es. Se trata de un debate sobre la libertad individual para decidir y, si es necesario, para equivocarse”.

Dentro de un mercado que promueve tóxicos capaces de generar mortal dependencia en forma legal (alcohol, tabaco, analgésicos, placebos, ansiolíticos, antidepresivos... su ruta), Cultura Cannabis advierte de una realidad doblemente alternativa: al Poder y a las drogas “pesadas”, sin confundir hábito con adicción.

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