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Domingo, 30 de marzo de 2008

TEMA: LA VACA

Crónicas de la Argentina rural

 Por Juan Pablo Bertazza

Rumiando espero

La Vaca. Viaje a la pampa carnívora
Juan José Becerra

Arty Latino
160 páginas

Dejando de lado que sus secciones son tres –Carne viva, Carne cruda y Carne asada–, este ensayo de Becerra parece marcado a fuego por el número dos. Texto y fotos (a cargo estas últimas de Alejandro Guyot y Gonzalo Mainoldi), el idioma español y el idioma inglés (se trata de una edición bilingüe) y, sobre todo, los puntos de contacto entre vacas/argentinos y pasado/presente forman un espejo inquietante, agravado por esa V inicial de Vaca que muestra una A invertida. Es incómoda la convivencia de comparaciones, nombres y conceptos tan cotidianos con sorprendentes reflexiones que igualan, por ejemplo, la concentración de la vaca cuando come al ensimismamiento de un hombre al leer, teniendo en cuenta que rumiar quiere significar también una forma de pensar pensar. O la persistencia de dos costumbres –la abundancia y el desperdicio– que asemejan las antiguas prácticas de los gauchos a los asaditos de hoy en día. O inquietantes casualidades, como la coincidencia cronológica de la creación de la Sociedad Rural Argentina y los preparativos de la Campaña del Desierto. En este viaje a la pampa carnívora, vale decirlo, Becerra lleva buen equipaje: desde Sarmiento y Güiraldes a R. L. Stevenson y John Berger. Y si alguien después de leerlo se vuelve vegetariano, no va a ser tanto por piedad a las vacas. Puede deberse, por obra de este espejo a lo largo del desierto, a una sensación de malestar con el ser argentino. Con el mal del argentino loco.

Cara de vaca

La vida de una vaca
Juan Pablo Meneses

Planeta/Seix Barral
236 páginas

La vaca habla tanto de nuestro país que rebasa el mundo de los libros y aparece, paradójicamente, hasta en la sopa. Miguel Abuelo, por ejemplo, cantaba a fines de los ‘60: “No me mires más, no, vaca/No me mires más, por favor/No me mires agresiva/Tu cara de vaca me hace mal/Y la vaca mira, mira/ Y la vaca no se va/ Esta vaca me analiza/ ella profundiza y yo me voy”. Aquella psicodelia encajaría bien con La vida de una vaca –proyecto finalista de la primera convocatoria del Premio Crónicas de Seix Barral, de Juan Pablo Meneses, un periodista chileno recién llegado a Buenos Aires que, con el objetivo de estudiar la tan mentada carne argentina, compra una ternera–. Pero los términos se invierten y él termina sintiéndose observado por la vaca. Tal vez en esa dialéctica de observar y también ser observado radique el secreto de toda buena crónica. Así, los repasos históricos, políticos y culturales –desde la segunda fundación de Buenos Aires por Juan de Garay más 500 vacunos hasta el nacimiento de la primera vaca clonada– se entretejen con explicaciones de cortes de carne y el crecimiento de su propia vaca. Meneses no sólo da cuenta de nuestro animal sagrado sino que también se ve expuesto, por ejemplo, ante un taxista y ex combatiente que recuerda, poco antes de notar su acento chileno, la ayuda de Chile a los ingleses en la Guerra de Malvinas. Con la reserva de que, acaso, les resulte más revelador a los chilenos que a los argentinos, La vida de una vaca asegura alta diversión al kilo vivo.

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