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Domingo, 19 de octubre de 2008

La Maga

Mientras escribía su monumental novela sobre la magia, Susanna Clarke también se las arregló para componer una serie de cuentos que, publicados en un solo volumen, revelan el mapa de su formación literaria.

 Por Fernando Krapp


Las damas de Grace Adieu
Susanna Clarke

Salamandra
251 páginas

Para los escritores que crean un universo (sea del género que sea), debe ser muy difícil poder desligarse de él con facilidad. En ese sentido, Las damas de Grace Adieu, el libro de cuentos de Susanna Clarke, puede leerse como una coda complementaria o, si se quiere, una ampliación de su primera y única novela, Jonathan Strange y el señor Norrell. Para quienes no la recuerden, la escritora inglesa demoró más de una década en escribir su novelón de casi ochocientas páginas, publicado en 2004, con el que obtuvo varios premios y llegó a ser finalista del top inglés: el Booker. La historia gira en torno de dos magos que restauran la magia en Inglaterra, impracticada desde los tiempos del Rey Cuervo, el último mago de la Edad Media, y que sólo es leída y estudiada por Magos Teóricos, todo en el contexto de las guerras napoleónicas, a principios del siglo XIX. La novela de Clarke era un divertido giro a la premisa de las novelas góticas del siglo XIX (con Bram Stoker y Anne Radcliffe a la cabeza): en lugar de explicar la supuesta oscuridad de la Edad Media echando la luz de la ciencia moderna, hagamos que la magia de la Edad Media vuelva a formar parte de la vida diaria. El resultado es una combinación del mundo fantástico de Tolkien y Ursula K. Le Guin con la comedia costumbrista de Jane Austen, y las aventuras de Charles Dickens y G.K. Chesterton.

Los cuentos de Las damas de Grace Adieu pueden ser leídos como una de las tantas notas al pie que abundan en Jonathan Strange y el señor Norrell, donde Clarke no sólo daba un estatuto teórico, casi enciclopédico, de realidad científica a la magia, sino que en muchos casos esas notas componían relatos cerrados sobre casos mágicos o leyendas (como digresiones más ordenadas que no se articulan dentro de la narración sino por fuera), que tendían a ampliar el universo imaginativo en lugar de cerrarlo dentro del orden narrativo. Clarke, con sus cuentos, desborda (como muchos autores del género) el límite físico de su primer libro y las puertas de acceso a su mundo se multiplican. Los personajes reaparecen, como el propio Jonathan Strange y su esposa, o el duque de Wellington que pierde su caballo en la tierra de duendes, e incluso desarrolla con más detalle puntos que en la novela apenas menciona.

En Las damas de Grace Adieu, Clarke hace más hincapié en una política de género, cosa que en la novela, si bien se mencionaban casos de mujeres hechiceras, todo giraba alrededor de los dos magos protagonistas de la historia. En cambio, en los cuentos uno encuentra mujeres que practican la magia a espaldas del consenso masculino, encima, en contra de los hombres para verse libradas del casamiento y otras convenciones sociales, mujeres que tratan con duendes, mujeres que bordan en un tapiz el destino de un hombre, institutrices que invocan al Rey Cuervo, mujeres y más mujeres. En el relato que le presta título al libro se insiste sobre la escasa participación de las mujeres en la práctica de la magia moderna, actividad reservada para hombres y en parte también para beneficio público. Sin embargo, el saber está en los libros mágicos, y los libros al servicio de quien los lee, por lo tanto la práctica que las mujeres puedan hacer de la magia no es independiente de su género, y su uso secreto les confiere cierta libertad y autonomía ajenas a toda convención política.

Las fechas de los cuentos no son un dato menor. Las damas de Grace Adieu es también un encadenamiento de relatos del aprendizaje literario de Susanna Clarke (al igual que lo es Slow Learner para Thomas Pynchon). El primer cuento que da título al libro fue escrito y publicado en una revista inglesa en 1996, y el último en 2004. La distancia temporal de escritura entre cada cuento es –en su mayoría– de un año, a veces dos. Todo indica que fueron escritos mientras trabajaba en su novela. El vínculo complementario entre un libro y otro es más que sugestivo. Como si la autora hubiera revelado de poco, a cuentagotas, en forma de breves adelantos (algo así como trailers literarios), lo que sería su novela, y que al lector argentino le llegan al revés: más que como estrategia de autor, como estrategia editorial.

Si bien es claro que siempre la publicación posterior en forma de libro de cuentos aparecidos en distintas revistas tiene cierto aire a rejunte (por no decir revancha), el mérito en sí mismo no es menor. Uno sabe que, al terminarlo, va a sentir esa desazón que se padece cuando abandonamos un lugar mágico, y nos queda a flor de piel esa ansiedad de volver a habitarlo, sea del modo que sea, una vez más.

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