libros

Domingo, 9 de agosto de 2009

Los detectives académicos

Un joven argentino inicia una pesquisa detectivesca detrás de un filósofo alemán, trama que llega al corazón de la colaboración civil bajo el nazismo.

 Por Patricio Lennard

El comienzo de la primavera
Patricio Pron

Mondadori
247 páginas

Nada hay tan invisible en el mundo como los monumentos”, escribió alguna vez Musil, pensando en lo inestable y contingente que puede ser la memoria colectiva. Un problema que implica tanto el olvido de las nuevas generaciones como la omisión o parcialidad que algunos Estados demuestran en sus “políticas de la memoria” (¿no es llamativo que en los Estados Unidos no haya un museo dedicado a la historia de la esclavitud, así como en la Argentina no hay uno que rememore el genocidio que sufrieron los pueblos aborígenes?). Y que en el caso del Holocausto supo erigirse como un signo ominoso de los remordimientos de conciencia de Alemania y del mundo occidental, convirtiendo a la Shoá en epítome del trauma histórico y en una suerte de prisma a través del cual es posible percibir otros genocidios.

En El comienzo de la primavera, Patricio Pron se propone hablar de los vínculos entre responsabilidad individual y culpa colectiva en la sociedad alemana posterior al nazismo a través del personaje de Hans Jürgen Hollenbach, un filósofo ficticio que en su juventud llegó a ser discípulo de Heidegger y cuya obra es objeto de la admiración de Martínez, un estudiante argentino que empieza a enviarle cartas con el fin de obtener su permiso para traducir uno de sus libros. Empresa que no resultará para nada sencilla, ya que en sus respuestas el filósofo se demuestra distante y reacio a las solicitudes del joven, quien no obstante decide partir rumbo a Alemania para conocerlo personalmente. Allí es donde lo que podría haber sido una novela de campus (al estilo de David Lodge o de Javier Marías) deriva en una pesquisa que llevará a Martínez a recorrer varias ciudades siguiendo, cual detective académico, los rastros del escurridizo filósofo. Y todo porque al llegar a Heidelberg (en donde Hollenbach da clases) se entera de que hace varias semanas que él no asiste al seminario, sin que nadie pueda decirle allí dónde se encuentra.

Esto da pie a diversas peripecias en que la tozudez y la no del todo justificada obsesión que mueve al protagonista disimulan, no siempre con éxito, el carácter un tanto endeble de la trama. Martínez es capaz de forzar puertas, robar cartas, fatigar con sus dedos guías telefónicas, pasarse días enteros sin bañarse, hablar con otros profesores (que harán su aporte a las discusiones filosóficas que abundan en el texto, pero cuyos circunloquios dilatan artificialmente la pesquisa), y hasta agarrarse a trompadas con un filósofo borracho con tal de saber dónde diablos está Hollenbach. Un personaje cuyo retrato se irá armando en los testimonios de esos viejos conocidos que recoge Martínez y en un segundo plano narrativo que capitaliza la esposa del filósofo, a quien vemos repasar un puñado de fotografías que delatan la antigua vinculación de ambos con el régimen nazi, y desgranar un incidente ambiguo cuya oscuridad persiste con el correr de las páginas: la caída en desgracia de Hollenbach luego de un desliz que cometió su suegro al hablar mal de la mujer de Göring.

Así se va delineando el interrogante de hasta qué punto es posible expiar en el presente las culpas del pasado. Un trasfondo inquietante que al narrador le despierta reflexiones como ésta: “La vida en Alemania, por lo demás idílica, se basaba en una violencia subterránea que podía salir a flote en cualquier momento”. Para auscultar esa violencia, Pron leyó una profusa bibliografía que cita in extenso al final del libro, como si a la hora de escribir ficción fuera necesario develar las fuentes. Un gesto cuanto menos extraño, en el que se vislumbra el carácter ciertamente ambicioso de esta novela que ganó la última edición del Premio Jaén, y algo de ese exceso caprichoso que define a Martínez. Un poco como esos personajes que ve Borges en Hawthorne y en Kafka, insignificantes, o disponibles, que se encuentran en situaciones que los superan.

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