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Domingo, 30 de agosto de 2009

Sólo somos buenos clientes

Viviana Zelizer es quizá la máxima experta en sociología económica, una disciplina que indaga en un punto delicado de toda relación humana: cuando los negocios, el dinero y la intimidad van de la mano.

 Por Carla del Cueto

La negociación de la intimidad
Viviana Zelizer

Fondo de Cultura Económica
381 páginas

Un abogado se empeña en demostrar, frente a una demanda por conducta impropia, que cuando él comenzó el vínculo sexual con una mujer ya habían finalizado la relación profesional-cliente. Un hombre que ofrece servicios de quitanieves regula sus tarifas de acuerdo al lazo que lo une con quienes reciben el servicio, dependiendo si se trata de amigos o de meros clientes. Los hijos de un millonario fallecido luego de una larga enfermedad inician acciones legales contra su última esposa, principal heredera, por acusarla de “influencia indebida”, poniendo de relieve las violentas hostilidades que puede suscitar la mezcla de cuidados y transacciones económicas. ¿Qué sucede cuando una pareja se divorcia pero todavía tiene que pagar deudas por préstamos de estudios del marido o de la esposa contraídas durante el matrimonio? La comercialización del servicio doméstico de los niños despierta preocupaciones del estilo: el hecho de que sean remunerados, ¿baja la calidad de los cuidados?

Viviana Zelizer, en La negociación de la intimidad, analiza estos y otros dilemas que se producen cuando la intimidad y las relaciones económicas se mezclan. Zelizer es doctora en Sociología por la Universidad de Columbia y especialista en Sociología económica, y en los últimos años se ha convertido en una referencia insoslayable en este campo. El prólogo de Mariana Luzzi y Federico Neiburg resulta esclarecedor, dado que inscribe el texto en el conjunto de la vasta obra de la autora –prácticamente inédita hasta ahora en castellano–.

¿Bajo qué condiciones, cómo y con qué consecuencias las personas combinan transacciones económicas y relaciones íntimas? ¿Cómo negocia el sistema legal norteamericano (abogados, cortes, jueces, jurados y juristas) la coexistencia de reclamos económicos y relaciones íntimas? Para dar respuesta a estos interrogantes, Zelizer recurre en La negociación de la intimidad a diferentes fuentes que incluyen conversaciones, observaciones, prensa y sentencias judiciales, entre otras. Presenta la discusión acerca de los diferentes modos en que suele concebirse el vínculo entre intimidad y transacciones económicas. Más adelante, el libro se ocupa del análisis de cómo abordan ese vínculo la práctica y la doctrina judicial. ¿Cuándo, por qué y cómo el sistema legal contempló la valuación económica de la intimidad? A eso le sigue una exhaustiva comparación entre prácticas sociales cotidianas y aproximaciones legales en tres áreas: la pareja, el cuidado y la vida del hogar. La hipótesis central es que las personas llevan adelante “vidas conectadas”, y no rígidamente separadas entre economía e intimidad. Es más, gran parte de la actividad económica está destinada a crear, definir y mantener lazos sociales.

Zelizer se pregunta: “¿Por qué los participantes, los críticos, los moralistas, los juristas y los expertos se preocupan tanto por encontrar la forma `correcta’ de remuneración para distintas relaciones íntimas? ¿Qué clase de efectos sociales producen, o al menos están tratando de producir, los participantes y los especialistas en el tema?”. Al respecto señala tres formas de concebir la relación entre intimidad y economía en el mundo académico. La primera establece una fuerte demarcación entre ambos campos, al sostener las nociones de “esferas separadas” y “mundos hostiles”, como áreas distintas y apartadas, con una inevitable contaminación entre ambas y un irremediable desorden cuando dichas esferas se ponen en contacto. La segunda forma de concebirla responde que lejos de constituir un encuentro entre dos principios contradictorios, la mezcla de actividades económicas y de intimidad, vista de la manera adecuada, no es nada-más-que otra versión de una actividad normal de mercado, nada-más que una forma de expresión cultural, nada-más-que una forma de ejercicio del poder. Por último, una tercera forma, en la que se incluye Zelizer, postula que las dos posiciones anteriores son erróneas, y que las personas que mezclan intimidad y economía están activamente comprometidas en la creación y negociación de “vidas conectadas”.

Más allá del lugar que ocupa el dinero en las relaciones íntimas, La negociación de la intimidad pareciera tratarse sobre el modo en que las personas definen sus relaciones con los otros. Desde compartir secretos o tener acceso a archivos confidenciales, hasta brindar consejos, proporcionar información económica privilegiada, dar consuelo, prestar servicios corporales. Esa concepción acerca de la relación entre intercambio económico e intimidad como vidas conectadas, pone de relieve el esfuerzo que dedican las personas en la negociación de las relaciones sociales. Y cómo se establecen los límites.

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