libros

Domingo, 4 de octubre de 2009

Las fuerzas extrañas

Pocas sagas familiares tan trágicas y al mismo tiempo apetecibles para la literatura como la de los Lugones. Después de muchos abordajes críticos y ficcionales, una Lugones, Tabita, hija de Pirí, cuenta su versión fracturada y poética.

 Por Juan Pablo Bertazza

Retrato de familia
Tabita Peralta Lugones

Emecé
198 páginas

Si, de acuerdo con Camus, el suicidio es el único problema serio de la filosofía, el aporte de los Lugones tiene un valor insuperable, a la altura de los Barón Biza. Nada menos que tres son los suicidios que acarrea a lo largo de su historia: 1) el del gran poeta nacional con arsénico y whisky en la Posada El Tropezón (que, a veces, sí es caída) de Tigre; 2) el de su hijo, el comisario Polo, quien introdujo el uso de la picana eléctrica como forma de tortura; y 3) el de Alejandro, colgándose en un árbol a los veinte años también en Tigre. Este último y joven suicida era el hijo de Pirí Lugones, bisnieto del poeta y hermano de la autora de este libro: Tabita Peralta Lugones quien, como confiesa en la solapa, sale de los márgenes de la literatura para hacer de esta novela su primer libro “en serio”. Al mismo tiempo que se encarga de contar, por primera vez, la historia de los Lugones desde adentro.

Claro que a esa cadena de suicidios habría que agregar la violación del segundo marido de la Abuela Margarita a Pirí; y el tórrido romance que mantuvo durante los últimos doce años de su vida Leopoldo Lugones con la joven estudiante de Letras María Emilia Cadelago, acaso una pionera en eso de ser una chica de Letras rompeviejoscorazones. Este romance, ficcionalizado en Fondo negro: los Lugones (Solaris, 1997) de Eduardo Muslip y, en cierta forma, en La pasión de los poetas de Jorge Boccanera (Alfaguara, 2002), y documentado en Cuando Lugones conoció el amor (Seix Barral, 1999) de María Inés Cárdenas de Monner Sans (donde se incluyen las almibaradas y eufemísticas cartas que el poeta le enviaba a la joven) habría sido interrumpido por Polo, acaso amenazando a su padre con internarlo en un manicomio.

“Es difícil vivir con tanto muerto amante alrededor. En todo caso, ésa es la historia. Una historia donde cada personaje es más que un personaje de una historia. Donde el destino es descubrir poco a poco la muerte” dice la protagonista que hace las veces de autora y se desvive literalmente, literariamente, en contar su propia vida, su propio itinerario entre los pocos intersticios que permiten tantos suicidios, tantos recuerdos familiares que devienen recuerdos públicos y nacionales, tanta tragedia. El amor, la vocación, la vejez y el tiempo privados en un caleidoscopio público destruido en mil pedazos.

Tabita Peralta Lugones se define, entonces, como “bisnieta de escritor, nieta de torturador, hija de subversiva”, dejando muy en claro que el amplio arco ideológico en la vida de Lugones –primero socialista, después nacionalista a ultranza, finalmente antidemocrático– parece reproducirse también en los vaivenes ideológicos de la familia toda –un poeta fascista, un torturador y una montonera–.

Con maquillaje de obra de teatro pero esencia de novela, Retrato de familia constituye así el intento por abrirse paso en la historia de una de las familias más trágicas, representativas y disfuncionales de nuestro país. Desde adentro, haciendo uso de cada uno de los personajes históricos que se van hablando entre sí rompiendo la línea del tiempo y la línea espacial a través de continuos pasajes entre Buenos Aires, Barcelona y París. A pesar de ser un texto no muy fácil de leer, tal como lo demuestra el personaje llamado Protagonista, quien aclara: “Nunca podrás escribir esta historia. Confundes la tuya con la anterior y vas del pasado al presente y de allí a un pasado más cercano y al final no se entiende nada”; Retrato de familia es, al mismo tiempo, un documento histórico y una obra literaria valiosa; mezcla de un logrado registro poético (que sólo en contadas ocasiones entorpece la lectura) y trabajo, mucho trabajo. Así como la periodista Marta Merkin –autora de Los Lugones, una tragedia argentina– decía que la espada que levantó Lugones fue responsable de la muerte de su propia nieta, hacía falta otro puñado de años y una generación más para poder elaborar y escribir desde adentro, con la suficiente mezcla de distancia y compromiso, la historia de una familia que se cierra sobre sí misma, la historia de un árbol genealógico que se asfixia con sus propias ramas.

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