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Domingo, 8 de noviembre de 2009

La izquierda inesperada

Bajo la metáfora siempre vigente del viejo topo, ese animalito frágil y obstinado que cuando menos se lo espera asoma con fuerza en la superficie de la Tierra, Emir Sader revisa la enorme vitalidad de los procesos políticos que están en curso en América latina.

 Por Gabriel Lerman

El nuevo topo
Los caminos de la izquierda latinoamericana

Emir Sader

208 páginas

El día a día a veces impide reconocer el peso de ciertos movimientos, ese vínculo frágil entre la táctica y la estrategia, ese absoluto presente que parece autonomizar su lógica del proceso mayor. Acostumbrados a historizar o pensar estructuralmente, y desnudos ante cierta crisis inexorable, las variantes del marxismo no se han privado, sin embargo, de interpretar y actuar, una y otra vez, el tiempo y la política bajo los conceptos de lucha hegemónica, conflicto de clase, movimiento social y construcción de poder popular. En América latina, con el destiempo característico respecto de los países centrales, la manera latinoamericana de elaborar las luchas sociales y políticas hizo correr mucha agua bajo el puente. Del nacionalismo revolucionario a las guerrillas, de los movimientos nacionales y populares a las ligas trotskistas y maoístas, de los socialismos decimonónicos a ciertas corrientes del progresismo que giraban rápidamente hacia una modernidad europeizante, y de allí a los nuevos procesos encarnados por los movimientos sociales. Del triunfante orden neoliberal de los ‘90, con Menem, Salinas de Gortari, Fujimori, Collor de Mello y Lacalle, arribamos a una era en la que, tras el toque de campana de Hugo Chávez en el Caribe venezolano de 1999, se fueron reencontrando figuras, alianzas, resquebrajamientos y apuestas que encarnaron salidas y cambios, con sus diferencias, pero también con sus similitudes. Lula, los Kirchner, Evo Morales, Bachelet, Tabaré Vázquez, Correa y Lugo son algunos de los protagonistas indiscutidos de las páginas de historia que se están escribiendo hoy.

Emir Sader encuentra una metáfora poderosa para describir este tiempo latinoamericano, caracterizado por un cambio, por la irrupción de algo nuevo. En verdad actualiza la metáfora de Marx del topo: ese bichito miope, enfermo y frágil, pero dotado de una gran paciencia y obstinación, que cava túneles bajo la tierra y, cuando menos se lo espera, abre una brecha y sube a la superficie. Su último libro, El nuevo topo, explora los linajes, avatares y perspectivas de los procesos recientes de transformación social en América latina. Y de allí surgen, como siempre, preguntas urgentes: ¿en qué medida los nuevos gobiernos construyen un orden post-neoliberal? ¿Cómo son las oposiciones que los asedian, tanto de derecha como de izquierda? ¿Cómo se aborda una estrategia progresista y un proyecto regional fuerte? Obligado a categorizar en un marco de izquierdas, Sader repasa los períodos históricos del continente con menos matices que los que otorga al presente. En este sentido, la amplitud de perfiles que ofrecen los gobiernos actuales ilumina una potencialidad inédita sobre caminos y líderes cuyos destinos históricos, retrospectivamente, se afirman mucho más homogéneos. La propia idea del ascenso, de la emergencia del topo, vuelve inevitable la instauración de un vínculo histórico entre las luchas revolucionarias de antaño y las presenciales reales y fácticas de una izquierda inesperada en el poder. He aquí lo fascinante y la gran capacidad de encandilamiento a la vez. Izquierdas que se adaptan para llegar, izquierdas que ceden, que se aggiornan, que eligen enemigos y pasajes intermedios, que eligen cuándo y cómo, que se asumen herederos de los mártires y los consagrados, pero no derrapan en el mesianismo, ni en el corto plazo. ¿Qué las liga, entonces, con el pasado revolucionario?

Sader ofrece un panorama detallado de ciertos nudos del período, resultando sumamente interesante el referido a Lula y Brasil. Da por supuesta la claridad programática de Chávez, Evo y Correa; y los pone, en el eje de “presidentes”, como las pruebas de fondo del éxito o derrota de una alternativa a la hegemonía capitalista. Menos explícitos son los vaivenes de la Argentina, Uruguay y Chile, donde el impulso reformista se reconoce en clave de mitigación, de amortiguamiento de la caída del orden neoliberal. En cambio, en el eje “regional” asegura que son piedras de toque la integración política, el Banco del Sur, las alianzas energéticas, el Consejo de Defensa Sudamericano y la inauguración de una voz propia y distinta en el mundo.

Sorprende la exclusión de una consideración más cabal sobre la idea de populismo, tan vertebrante sobre todo en el discurso de la nueva derecha continental. Si bien los espejos deformados de los grandes medios reproducen infinitamente la idea de izquierdas buenas y malas, menos sabido es que a todos, al interior de sus países, se los querella prácticamente por lo mismo. El peronismo, en este sentido, se vuelve nuevamente el movimiento más enigmático, aunque poco se le dedique. Izquierdas que se asoman a la indeterminación de un presente que tironea, de un lado, con una época fenecida y, del otro, con un futuro abierto y en disputa, incluso con la idea misma de futuro. ¿A qué no se puede renunciar? ¿Qué es dable postergar? ¿Qué requiere del olvido? ¿Qué resulta imperioso impulsar, aquí y ahora?

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