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Domingo, 15 de noviembre de 2009

La paradoja ácrata

Una ficción histórica rescata la figura del pedagogo anarquista Francisco Ferrer Guardia. Y lo hace con una proliferación dostoievskiana de personajes y una admirable diversidad de recursos narrativos.

 Por Jorge Pinedo

De humanidad y polilla
Julián Granado

Anagrama
464 páginas

Como toda gran masacre, la Guerra Civil Española (1936-1939) aplasta para la mirada neófita los antecedentes políticos que la precedieron. Ya desde fines del siglo XIX esa península monárquica estaba sacudida por enfrentamientos entre lo que más tarde se concentraría bajo el fascismo franquista y los republicanos, que cobijaban a socialistas, comunistas y anarquistas. El intento de regicidio de 1906 y la Semana Trágica de Barcelona, tres años más tarde, figuran como los acontecimientos más álgidos entre miles de asonadas, huelgas, manifestaciones e intentos insurreccionales. Sus mártires, héroes y protagonistas siguen siendo rescatados por la revisión histórica tanto como por la literatura.

Epica social que en el siglo XXI tiene en El corazón helado de Almudena Grandes su cima, encuentra ahora en la pluma de Julián Granado, escritor nacido en Nerva en 1957, un renovado paradigma de ficción histórica. A través del personaje de Francisco Ferrer Guardia, De Humanidad y polilla recrea hasta en los detalles más minuciosos la conflictiva diversidad del pensamiento de la época. Lo logra a través de la construcción de un relato que nunca escatima recursos: la evocación, la crónica, el flashback, el epistolario, el relato que respeta la primera o la tercera persona –según corresponda– con sus respectivos lenguajes diferenciados. Rigor que dispone de distinciones precisas tanto de la multitud de situaciones cuanto de personajes, de una proliferación casi dostoievskiana. Atención al lector que le permite ingresar en el lenguaje decimonónico que de otra manera se tornaría abstruso. Recorrido llevado de la mano por Sol Ferrer, la hija de Francisco, el anarco fusilado en Montjuic en 1909 que había optado por concretar su revolución desde la pedagogía en la idea de que “Luchar por la abolición de la pena de muerte o la huelga general, antes de saber cómo educaremos a nuestros niños, es empezar la casa por el tejado”. Propuesta que resultaba un escupitajo en el rostro del Poder de la época, concentrado en la fuerza militar y el clero, al impulsar el “reemplazo de la superstición religiosa por la explicación científica, del mito por la razón, del dogma por la libertad de interpretación, del puritanismo por la apertura a la naturaleza, y del deslinde escolar de niños y niñas por la coeducación de sexos”.

Granado despliega un abanico histórico que abarca la última mitad del siglo XIX y se extiende hasta las postrimerías del régimen franquista, con lo que encuadra tanto los antecedentes políticos como sus secuelas en toda Europa. Muestra, entre una multitud de vicisitudes, cómo los movimientos revolucionarios generaron una suerte de Mercado Común que en el viejo continente recién un siglo más tarde adquiriría su formalización burguesa. Tiempos de ebullición intelectual, le permiten a Granado la inclusión de personajes históricos cara a cara con sus recreaciones, como cuando el mismísimo León Tolstoi le anuncia, sin saberlo, a Sol del asesinato de su padre durante una incómoda velada en el palacio Lyukin de San Petersburgo (“Dos eran, pues, las miradas que convergían aquella noche sobre su persona. La azul de Prevalinski, y la homérica de Tolstoi. La primera la incitaba a diluirse en los halagos del olvido. La segunda, la conminaba a acuñar el recuerdo indeleble de un trágico estampido, el de los fusiles desgarrando el amanecer...”. Con el mismo ímpetu, es Pío Baroja quien desliza algunas claves acerca de que la historia relatada tanto por unos como otros puede no ser verdadera.

Red de intrigas superpuestas, la novela circula por cauces entrecruzados de sangre y erotismo, cuya verosimilitud queda sostenida en comprobados acontecimientos históricos no menos que en una íntima sutileza de caracteres perfilados en gestos, pequeños actos, rasgos de indumentaria, voces, actitudes diferenciadas en forma nítida. Relato que incrementa su ritmo a medida que avanza, el De Humanidad y polilla alude a una condición humana que excede su propia temática (“¡Anarquistas! ¡Son ustedes la polilla de la Humanidad!”, espeta un comandante fascista) al actualizar la paradoja ácrata: una teoría utópica, una revolución fracasada, un haz de principios inconmovibles.

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