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Domingo, 10 de enero de 2010

Todos tus muertos

Famoso por su carrera de guionista de comics y novelas gráficas, Neil Gaiman se dedicó en los últimos años a la literatura. El libro del cementerio es resultado de un delicado cruce entre literatura juvenil y aventuras inspiradas en El libro de la selva de Kipling.

 Por Mariana Enriquez

Este es el tipo de libro que todo adulto le envidia al niño que –se supone– es su lector natural. Es el libro que ese adulto hubiera querido leer a esa edad. También es el libro que puede leer ahora mismo asombrado ante la audacia y la gracia de Neil Gaiman: después de todo, el amplio mercado editorial de lengua inglesa no llama a estas novelas juveniles sino para todas las edades. Neil Gaiman, uno de los más talentosos guionistas de cómics y novelas gráficas de los últimos treinta años, es el creador de The Sandman, la extraordinaria historieta de los años ‘90 que hasta ganó premios literarios, para furia de puristas. Al mismo tiempo empezó a escribir literatura y a partir de la primera década de 2000, su trabajo es exclusivamente literario. Autor sumamente prolífico, se especializó en el fantástico (con verdaderos éxitos de crítica y ventas como Neverwhere, Anansi Boys y American Gods) y la literatura infantil juvenil (la novela más conocida es Coraline, de 2002, que contó con una extraordinaria versión animada de Henry Selick). Pero aunque la mayoría de sus libros son notables, Gaiman no había alcanzado en su literatura las mismas alturas que con el guión de The Sandman.

Hasta la publicación de este excelente El libro del cementerio, una relectura del Libro de la selva de Rudyard Kipling donde el niño, en vez de ser criado por animales en las selvas de la India, es criado por fantasmas en un cementerio de Londres. El niño se llama Nadie, y fue salvado a último momento de las garras del asesino Hombre Jack, que mata a toda su familia: el niño inexplicablemente se le escapa y huye al cementerio –Gaiman no lo dice, pero parece tratarse de Highgate, el camposanto que guarda los restos de Karl Marx, entre otros– y allí, en una asamblea presidida por la mismísima muerte montada en su pálido caballo, es adoptado por los fantasmas.

A partir de entonces, y en forma episódica –como las clásicas novelas de aventuras iniciáticas– Nadie va aprendiendo sobre la vida y el mundo como cualquier otro niño, aislado en la seguridad de su hogar (el hombre Jack lo sigue buscando) y cuidado por sus padres adoptivos, los Owens, y un tutor que puede entrar y salir del cementerio para traerle ropa, libros y comida; se llama Silas y es un vampiro calmo y elegante, que parece retirado de su vida bandida. Con el par, Gaiman construye también la clásica relación del joven y el adulto que lo prepara para la vida, con admiración y ocasional irritación de ambas partes.

Sin didactismos, Gaiman demuestra las cosas que se aprenden al crecer en un cementerio: a bailar la Danse Macabre, una tradición milenaria; a leer y escribir leyendo lápidas; a desaparecer y atravesar puertas y muros; a descubrir las fosas comunes donde durante siglos se arrojó a suicidas y brujas; a conversar con muertos ilustres como antiguos capitanes romanos y encontrar cuevas aún más antiguas, de reyes celtas. Es en una de ellas que Nadie vive un episodio romántico clásico con su amiga Scarlett, otra chica viva a la que le gusta jugar entre las tumbas: juntos exploran y se asustan en una cueva antiquísima, como Tom Sawyer y Becky Thatcher. Pero la referencia más clara sigue siendo la de Kipling: el capítulo Los sabuesos de Dios guarda un paralelo claro con Kaa’s Hunting de El libro de la selva. Los lobos han sido reemplazados por la señorita Lupescu, su maestra, licántropa.

Conforme Nadie crece, su ansiedad por estar en el mundo es mayor, como la de cualquier chico. Y es allí donde El libro del cementerio gana una fuerza extraordinaria, porque las circunstancias extraordinarias de la crianza de ese niño que crece y va hacia la vida parecen diluirse frente al impulso vital, a la curiosidad, a la necesidad de la experiencia. La partida es inevitable, aunque antes hay que resolver algunos nudos de la trama. Y cuando sucede es extraordinariamente triste y vívida.

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El libro del cementerio Neil Gaiman Roca 293 páginas
 
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