libros

Domingo, 25 de julio de 2010

Pequeños momentos gloriosos

Diez cuentos que, a medida que se avanza en la lectura, revelan los sutiles hilos que los unen: el tiempo y las palabras.

 Por Sebastián Basualdo

Los diez cuentos que integran Coronadas de gloria generan al principio la sensación de estar frente a pequeños destellos, daguerrotipos de la vida cotidiana labrados minuciosamente por un sutil uso del lenguaje que les confiere a las situaciones narradas un clima de tensión constante, perentorio y avasallante para la vida de sus personajes. Sin embargo, lejos de encontrarse aislados como un mero anecdotario de experiencias nimias, constituyen una unidad narrativa presente ya desde el primero de los diez cuentos que conforman la nueva edición del libro de Alejandra Laurencich, su primer libro de cuentos, en rigor, que recibiera un premio del Fondo Nacional de las Artes en 2002. Ella es además autora de Historias de mujeres oscuras y la novela Vete de mí.

Coronadas de gloria. Alejandra Laurencich Norma 116 páginas

Esta unidad narrativa no es otra cosa que la mirada singular volcada en situaciones aparentemente banales y donde lo fundamental no es tanto aquello que se dice como lo que trae de remembranza los postulados de un Hemingway, por ejemplo. Dicho de otra manera: si la realidad es una construcción del lenguaje y todo lo que no se nombra no existe, resulta interesante el modo en que Laurencich trabaja con la entrelínea para que el lector lo impregne de múltiples sentidos a partir de su experiencia vital. Bajo esta impronta se inicia el libro con “Felicidad”, cuento que narra la historia de una mujer que viaja en taxi hacia el hospital donde está internado su pequeño hijo y toma conciencia de lo fútil que resultan las palabras de los otros como meras formalidades cuando hay un universo interno desgarrado por interrogantes y miedos. En “Tocar el cielo”, la relación íntima que tiene el conocimiento con el poder se pone de manifiesto desde la perspectiva de una niña y su relación con su primo de doce años cuando se dispone a desprenderse de algo muy preciado como precio a pagar para conocer el significado de una palabra. A partir de entonces es cuando uno advierte que son las palabras las que comienzan a ocupar un lugar preponderante, no ya como medio, no tanto como puente tendido sino como fin: instantes que a veces asumen todas las características de una revelación; y esto sucede tanto en “Mientras el mundo desaparece”, donde hay una carta que no llega y una promesa que se fue desbaratando con el tiempo anclado en junio de 1977, como en “El secreto”, cuento notable en el que una mujer es víctima de un engaño trivial por interpretar mal un gesto inequívoco en un viaje que en realidad resulta tan interno como remoto su pasado adolescente. Finalmente es el tiempo otro de los temas que se irá desplegando como un abanico a medida que se avanza en la lectura de estos cuentos, ya sea a modo de pasado irreconciliable, en el sentido de lo que uno pudo haber hecho si no se hubiera postergado por asumir una responsabilidad (la de ser madre, por ejemplo, como ocurre en “Cuando falte todo a mi alrededor”), o la relación que tenemos con ese tiempo verbal que es el futuro, ya sea como posibilidad o ilusión de cambio y reforma de uno mismo cuando la realidad ya se está tornando exasperante de tantos arrepentimientos y elucubraciones.

Los diez cuentos que conforman Coronadas de gloria están estructurados conforme a una gran capacidad para generar climas y desprovistos por entero de fáciles efectismos en el tratamiento de las múltiples voces de sus personajes.

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