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Domingo, 13 de noviembre de 2011

El lagrimal percibe

Monet es la novela de un poeta, donde cada fragmento parece sumar una combinación de densidad narrativa y preocupación por la belleza formal.

 Por Martin Kasañetz

El haiku es un poema breve, generalmente de 17 sílabas que suelen estar organizadas en tres versos. Pertenece a la literatura japonesa y no suele tener ni rima ni título. Su temática contempla lo que está sucediendo “en este lugar y en este momento” y suele estar relacionada con la naturaleza y aquello percibido por los sentidos. En Monet, novela-haiku del escritor y poeta Mario Sampaolesi, la fragmentación de las historias construye un texto a través de los sentidos y las percepciones, incluyendo el contacto con la naturaleza pero también con la introspección profunda de un personaje que terminará involucrado en un triángulo amoroso cargado de sexualidad y perversión.

Octavio Vianna emprende un viaje en busca de un objeto del pasado que perteneció al gran Leonardo: un lagrimal de vidrio morado en donde el genial creador vertió sus lágrimas junto a las de su amada Gioconda. La indagación que este personaje realiza arroja que este lagrimal, a través de los años, llegó a San Carlos de Bariloche por medio de un coronel de la SS que lo trajo luego de la Segunda Guerra Mundial. Esta investigación –que a primera vista parece no tener que ver con su persona– se combina con un inmenso análisis introspectivo que Octavio realiza por medio de su otra actividad como fotógrafo de las montañas nevadas de esa ciudad. La relación con la naturaleza desarrolla múltiples sensaciones sobre lo que percibe –soledad, rocas, frío, fuego y nieve– recreando una profunda vida interior.

Otra de las historias es la de Emma y el Alemán –dueños del hostal en donde Octavio se aloja– que aporta un erotismo por momentos explícito y por otros de un sadismo que brinda imágenes sobre el dolor y el goce extraordinariamente logradas por Sampaolesi. Emma parece ser un nuevo “objeto del deseo” en la compleja búsqueda de Octavio, pero la oscuridad del pasado del Alemán atravesará este deseo generando un nuevo clima en esta novela: –Quedate quietita –le dice mientras la penetra, mientras hurga en ella con su sexo hinchado, con su sexo fibroso por el amor, enrojecido por la asfixia de la pasión. La pasión lo carcome como una lepra.

El género epistolar también está presente en esta historia. Intercaladas entre los capítulos, encontramos cartas que escribió el pintor Claude Monet que parecen describir su problemática en la interpretación de la naturaleza en sus pinturas aportando una nueva búsqueda personal que se emparienta con la del personaje principal.

En esta novela, Sampaolesi –que dirigió la revista de poesía Barataria entre 1998 y 2008 y publicó varios volúmenes de poesía, Miniaturas eróticas y Malvinas, entre los más recientes– parece partir de la poesía para otorgarle un plus a la prosa. La atmósfera poética de su escritura invade cada párrafo volviéndolos pequeños fragmentos de belleza. A medida que el conjunto de los relatos va adquiriendo consistencia, las relaciones entre ellos cobran un supra sentido formando el paisaje total de la historia.

Monet indica por medio de un texto dotado de hermosura –que se atreve a experimentar con las distintas formas del lenguaje– que toda búsqueda posee dos dimensiones: una externa y física donde la relación del cuerpo y el paisaje se transforman en personajes principales de ese viaje, pero también una búsqueda interna y a la vez más personal y compleja, donde los caminos no siempre son tan claros ni los fines terminan siendo los del origen.

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Monet. Mario Sampaolesi Libros del Zorzal 220 páginas
 
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