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Domingo, 10 de febrero de 2013

Horizonte y soledad

 Por Fernando Noy

En esta nueva entrega, la autora indaga insólitos cruces entre sueño y realidad atravesada por cierta catarsis sin estridencia, semejante a un mantra profano que incluso subyace dentro del propio silencio más explícito. También, en El protegido del ciervo, Graciela Aráoz aborda una travesía incesante que transcurre entre pasajes aéreos, eróticos e incluso tan singulares como la aparición de un faisán en la ventana del vecino. Tal vez a causa de ello, la excepcional poeta Luisa Futoransky escribe: “Aráoz es alguien que viene de los grandes espacios. Por eso sabe tanto de horizonte y soledad. También de utopías y vientos radicales...”.

Como un torbellino musical dominando el cuerpo poético proyectado, nos sumergimos por espacios imprevisibles de fuerzas ancestrales, en perpetua mutación. Su mirada se extravía en el vacío devenido ornamental, buscando un libro quizás al fin inhallable en el cual pudieran leerse “el gozne de los labios cuando se cierran” al cuerpo de “su amante en Braille, en señas, junto a la música de Rimbaud, de Elliot, con la yema de los dedos”. Finalmente, la propia lectora es leída en un circuito de fuga antropofágico que como indomable humo de incienso o la ofídica Ouruburus, al escribir cualquier poema debiera, antes que nada, devorar su propia sombra. Y es ahí donde milagrosamente persiste ese casi invisible “color que se vuelve palabra”.

Graciela Aráoz invoca al propio Homero cuando, inquieta ante las fauces del futuro, intenta reafirmar: “Estoy muerta pero ni muerta he perdido mi nombre”.

Sensibilidad felina, incluso exacerbada y vampira de su propia sangre, Aráoz juega a arrojarnos hacia un vacío finalmente imposible, urdido como extremo y paradójico conjuro.

Allí es donde con Francisco Quevedo coincide al afirmar que incluso “se pueden leer los ojos de los muertos”. Celebrando la preciosa existencia, sin antes ni después. Bajo el amparo del fugitivo venado por siempre imperecedero.

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El protegido del ciervo. Graciela Aráoz Ultimo Reino 95 páginas
 
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