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Domingo, 24 de febrero de 2013

Una puerta abierta a Oppen

George Oppenheimer, quien luego abreviaría su apellido a Oppen, fue un poeta de izquierda a quien Ezra Pound, aun en las antípodas ideológicas, apreciaría enormemente. Su obra planteó en forma permanente la pregunta de por qué escribir poesía, a lo largo de un siglo marcado por las guerras y las crisis mundiales. La edición de la Universidad Diego Portales de Chile de George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas ofrece una antología bilingüe con textos testimoniales que permiten acercarse a su poética. Rescatado por los beatniks a finales de los años ’50, la obra de Oppen es poco conocida en lengua castellana, constituyendo este volumen una inmejorable puerta de acceso.

 Por Guillermo Saccomanno

¿Cómo biografiar una existencia en la que cada acto, se trate de la revolución, la escritura o la renuncia a la misma, está cargado de absoluto? Es evidente que la vida ajetreada y viajera de George Oppenheimer no es sencilla de perfilar. La única chance de escribirla, hasta ahora, proviene de las memorias de su viuda. La biografía debería empezar en 1908 en Nueva York, como hijo de un hombre de negocios. Cuando tiene cuatro años, su madre se suicida. El padre vuelve a casarse. De esta unión, nace una hija: June. Si bien George mantendrá con su hermana una afinidad sin fisuras, la relación con el padre será de una tensión creciente. La familia se traslada a San Francisco, donde el padre abre salas de cine. George se ve incriminado en un accidente automovilístico como responsable de una muerte. Lo expulsan del colegio. El padre lo arrastra a Europa, donde termina la secundaria. George abomina no sólo a su padre. También lo que representa, una clase: “El clamor de la riqueza - árbol/ Tantas veces sacudido - es la voz/ del Infierno”, escribirá. En 1926 ingresa en la Universidad de Oregon y se enamora, en un curso de poesía, de Mary Colby, su compañera de toda la vida. En el campus, los amantes son descubiertos la primera noche que pasan juntos. Abandonan la universidad, se largan a la ruta, hacen dedo por todo el país, recalan en Texas y se casan. Trabajan como pueden, en lo que pueden, mientras escriben poemas que despachan a revistas locales. La pareja se compra una lancha, navega los Grandes Lagos y ancla en Nueva York. Acá Oppen conoce a Louis Zufovsky y Charles Reznikoff. Como él, son judíos, poetas y de izquierda, y son bautizados “objetivistas” por Ezra Pound. George ordena sus poemas, reduce su apellido a Oppen y compone su primer libro: Discrete Series (Serie discreta). Oppen y su mujer viajan a Europa. Oppen visita a Pound. Con Zufovsky se las ingenian para montar una pequeña editorial: “To Publishers”. Editan How to Read de Pound y A Novelette and Other Prose, del médico poeta William Carlos Williams.

Conviene detenerse en este período: si bien Pound le resulta un ejemplo de tenacidad, constancia y trabajo en la palabra, la admiración no le inhibe a Oppen la reticencia con las ideas políticas del maestro. Cabe acotarlo, la influencia de Pound no es tanta como la de Williams, que exigía del poema que fuera un ojo: “El agujero pequeño del ojo/ Lo llamaba Williams, el agujero pequeño/ Nos ha expuesto desnudos/ Al mundo/ Y no cerrará”.

Oppen, como marxista, descree de la poesía como un arma capaz de transformar la historia. A lo sumo su función –si es que la poesía cumple una– es registrar la experiencia personal y ver –siempre se trata de ver– qué hay en esa visión que pueda ser compartida. No es casual que uno de sus libros se titule Of Being Numerous (De ser muchos). Acá Oppen plantea: “Obsesionados, confundidos/ Por el naufragio/ De lo singular/ hemos elegido el significado/ De ser muchos”. Lo social, como la búsqueda de claridad –y Oppen, como buen marxista, habrá de volver sobre la cuestión de la claridad una y otra vez–, le imponen anotar la Gran Depresión y también su efecto en el yo escritural. Durante la Gran Depresión, Oppen duda de la utilidad de la poesía y empieza a militar en el Partido Comunista, organiza huelgas, reúne votantes en Brooklyn. Desde 1934 hasta 1958 Oppen no escribirá un solo verso. Todo un silencio –rasgo poco acostumbrado en los poetas profesionales– que no implica la renuncia a las lecturas de Marx, Heidegger, Kierkegaard, Maritain y Simone Weil. La pareja se muda a Detroit. Oppen trabaja en la industria de defensa y, aunque la edad lo excluye, es incorporado al ejército. Conduciendo un convoy en Alsacia, es herido y devuelto a su país. Haber sido condecorado en combate no lo exime de la caza de brujas macartista, la persecución del FBI y la CIA, que impulsa a la pareja al exilio en México. Recién en 1958, cuando Oppen retorna a su país, vuelve a la escritura. Su regreso se vincula también con el rescate de su obra que llevan adelante los nuevos poetas beat.

George Oppen: Poesía, ensayo y entrevistas. Selección de Kurt Folch Universidad Diego Portales 317 páginas

La consagración lo reencuentra de nuevo con Pound y sus amigos en la redacción de New Directions. Entre ellos está Williams, que fuera visitante asiduo de Pound cuando, caído en desgracia y enjaulado por su adhesión al fascismo, fue internado en el psiquiátrico Saint Elizabeth. Los integrantes de la revista literaria esperan una tarde la llegada de Pound, el viejo fascista “loco” –que no tenía un pelo de insano–. Todavía no completamente rehabilitado por el establish-ment y pesándole aún la sanción por antisemita, esa tarde Pound entra a la redacción, se sienta en silencio y todos se ponen nerviosos. Alguien le pide a Pound: “Ezra, mostrale a George tu nuevo libro”. Pound, con voz grave, responde con una pregunta: “¿Cómo puedo saber que le interesa?”. Oppen se para, camina hasta el viejo y le tiende su mano: “Me interesa”. Pound también se para, le estrecha la mano y se pone a llorar. Esa tarde han pasado décadas del primer encuentro entre el entonces joven Oppen con el maestro de Rapallo. Han corrido ríos de sangre y de tinta entre ambos. Hay una discordancia entre sus poéticas. Nada más distante del ascetismo de Oppen que el manierismo de los Cantos. Entonces, qué los une, se pregunta uno. La anécdota del reencuentro entre el ex militante del PC que, sin embargo, no se había convertido a la derecha y el viejo fascista, que tampoco renegaba de su compromiso político, revela tal vez algo en común desde sus distintas perspectivas, un mismo enemigo: el capitalismo y la usura. También, por supuesto, la poesía entendida como oficio o, si se prefiere, como artesanía.

Casi desconocido en nuestra lengua, corresponde subrayar el mérito de George Oppen: poesía, ensayo y entrevistas, una cuidadosa antología bilingüe de su obra por parte de la Universidad Diego Portales. Esta selección permite apreciar, en la poesía de Oppen, la fuerza de sus cortes abruptos y las pausas, casi al modo Thelonius Monk, tanto más transmisores que las palabras de las que desconfía: “Las palabras no pueden ser completamente transparentes/ Y eso es lo “descorazonador” de las palabras”. Es interesante observar cómo su poesía, a medida que se empecina en la sencillez y lucha contra todo amaneramiento, deviene duda de la escritura y su valor. En uno de sus escasos artículos, Oppen compara su oficio con el deseo de los impresionistas. “La Academia decía que Renoir pintaba ‘canallas en el parque’. El deseo de los impresionistas era ver más allá del objeto y más allá de las actitudes artísticas de la Academia. El artista no depende de su tema y por eso no puede ser juzgado por sus intereses intrínsecos, tampoco la discusión sobre si puede derivar en discusión sobre sus objetos retratados.” En consecuencia, Oppen puede escribir, si se trata, por ejemplo, de poesía erótica: “Sus tobillos son relojes/ Sus sobacos cauces de agua/ Cuando da un paso/ Camina sobre una esfera/ Camina sobre la alfombra, vistiéndose/ Cepillándose el pelo/ Su gesto de rutina, abstraído, / Exclama esta mañana el femenino/ ‘mi pelo, el peinado’”. Oppen reflexiona: “Pero la emoción que produce el arte es la emoción que busca conocer y revelar, la crisálida de la belleza, como se suele decir. La belleza de la música de fondo y de las luces tenues son arte, pero arte del masajista y del perfumista”.

Para Oppen, todo lo que se ve es conocimiento y toma de conciencia y todo aquello que decora falsea la sinceridad, la sinceridad como conducta en la que se empecinará en su poesía. “La poesía es la respuesta directa a cada momento”, opina. O sea: “Una prueba de la verdad”. Pero, se pregunta uno, cómo leer su poesía sin contextualizarla. El marxista exige ser leído en un marco histórico, una época que legitima y justifica sus actos. Su naufragio, que puede ser uno de muchos.

Sobre el fin de su biografía, la obra de Oppen tendrá finalmente la veneración merecida. Publicará algunos poemarios más. No en vano a Oppen se lo ha comparado con Paul Celan: en sus versos continuarán cerniéndose deliberadamente frases inconclusas que, como es su estilo, deberá completar el lector. Ráfagas de sentido, de esto se trató siempre su objetivo y ahora, en la madurez, más que nunca. Su último libro, Primitive, lo publica en 1978. Ya desde el título pide ser entendido como una vuelta a la primera vez de todo, incluyendo la primera vez que uno se acerca al lenguaje. El conjunto está teñido por la preocupación de unos versos de su venerado Sherwood Anderson: “Queremos saber/ si hicimos algún bien / allá afuera”. Pero sus versos se han vuelto sombríos, pesimistas: “La palabra abriendo/ y abriéndome/ a mí mismo y estoy harto”, escribe. El Alzheimer está sitiándolo. Muere en California en 1984 a los setenta y seis años.

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