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Domingo, 22 de diciembre de 2013

EL CIELO POR ASALTO

Con varios libros y premios en su haber –entre ellos, El cielo árido, que recibió el Premio Jaén de novela– Emiliano Monge apuesta a una reformulación compleja del mundo del México rural y sus transformaciones bajo la Revolución. Un libro ambicioso en lo formal, pero que no descuida la posibilidad de construir un universo humano traspasado por la violencia de la historia.

 Por Martín Kasañetz

“Esta es la historia de un hombre que sin saberlo fue su siglo y la de un lugar que se condensa aquí en un nombre propio: Germán Alcántara Carnero. Una historia de violencia incontenible y natural que exige ser contada como una biografía discontinua y que no debía empezar aquí.” Este es el comienzo de El cielo árido –Premio Jaén de Novela– que cuenta las hazañas de un hombre que intenta escapar de su pasado y que, al igual que un gato que corre para liberarse de un objeto atado a su cola, no sólo no lo consigue sino que además, como el animal, carga con el peso del objeto que arrastra haciendo de su presente un derrotero de tragedias similar a ese pasado del que intenta escapar. El autor ubica a sus personajes en un momento de particular violencia y transformaciones sociales como fue la Revolución Mexicana en las primeras décadas del siglo XX, y puntualmente, en un conflicto que se llamó la Guerra Cristera entre el gobierno de Plutarco Elías Calles y religiosos católicos que resistían la aplicación de políticas públicas orientadas a restringir la participación de la Iglesia Católica. Así, el texto logra encarnarse en la vida de este hombre junto al nacimiento –violento y asesino– de una nueva nación pero también –y quizá fundamentalmente– en el modo en que luego esa nación se polariza y contrasta alejándose de los hombres que la forjaron.

En esta novela, la forma de narrar la historia se encuentra profundamente relacionada con los mecanismos que trabajan ordenando la memoria del personaje principal llamado Germán Alcántara Carnero, mostrando una estructura de relato complejo que logra una originalidad que supera a la historia en sí, pero que también –posiblemente adrede– la vuelve arenosa y circular como los pensamientos obsesivos que sufre el personaje.

“Me llevaré sólo las cosas importantes, se dice, tras pensarlo un momento, nuestro hombre, a quien también vamos a decirle a partir de ahora: Nuestrohombre, es decir: me llevaré sólo las cosas importantes, se dice, tras pensarlo un segundo, Nuestrohombre.” Esta decisión de riesgo que toma el autor para contar su relato funciona de manera atrayente en el comienzo del texto, pero luego requiere de un esfuerzo adicional del lector para mantener la atención en la historia. La vida de este hombre –también llamado Elquebusca o Quegrita o Elqueasciende o Searrepiente según el momento de su vida– se va presentando sin ninguna linealidad posible, dando saltos entre un pasado duro –determinado por la muerte y la sangre– y un presente irremediablemente deteriorado por la culpa y el arrepentimiento. La novela va mostrando únicamente los nudos de una historia que, de manera urgente, parece tener tiempo sólo para ciertos segmentos fundamentales en la historia del personaje y de quienes lo rodearon. Es por esto que El cielo árido es una novela habitada principalmente de escenas que podrían ser representadas en cualquier orden en una obra de teatro que presentara intervalos entre cada una de ellas. Este efecto busca generar incógnitas que serán resueltas en otras escenas y también anticipar desenlaces que sólo se comprenderán en su totalidad cuando se vuelva sobre su origen. Este efecto flash-forward/ rewind constante parece ser una apuesta del autor que demuestra una clara intención de destruir la temporalidad logrando un camino, al principio confuso, pero rápidamente efectivo para el lector que conecta las escenas armando una única historia contundente.

Otro de los puntos destacables es la participación del narrador que, como un personaje más que está presente –físicamente– en cada una de las escenas, intenta incorporarse a la historia pero es permanentemente rechazado por ésta, que lo vuelve a ubicar como un espectador consciente de lo que sucede.

El cielo árido. Emiliano Monge Literatura Mondador 211 páginas

Emiliano Monge, que vive actualmente en Barcelona y ha publicado el libro de relatos Arrastrar esa sombra (Sexto Piso, 2008) y la novela Morirse de memoria (Sexto Piso, 2010) ambos finalistas del Premio Antonin Artaud, consideraba en una entrevista: “Me preocupa que mi generación y generaciones anteriores a la mía estén renunciando a la figura del narrador, porque si el narrador de Anna Karénina fuese el mismo que el de La Guerra y la Paz y el de La Muerte de Ivan Ilich, Tolstoi no sería lo que hoy es para la literatura ni sus libros. Yo quería que el narrador fuera muy importante”.

El cielo árido apuesta a un narrador que domina un mecanismo de relato complejo y muestra una atmósfera particular del México rural con sus propios códigos que quizá sea erróneo juzgar sin tener en cuenta la presencia de ese entorno geográfico específico –rulfiano– y, fundamentalmente, de una época que se construyó a sí misma modificando, para siempre, la realidad de un país pero también de los que la hicieron posible.

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