libros

Domingo, 23 de noviembre de 2014

EN TU LUGAR

Personas y voces que sustituyen a otras y, también, buscan expresar a aquellos que en la literatura no tienen acceso a la palabra. En su primer libro de cuentos, Laura Galarza modela e interpreta a mujeres de pueblos y ciudades sometidas a diversas formas de la soledad y la incomprensión.

 Por Daniel Gigena

Si en un primer libro se juega una voz, el debut de esa voz, el nacimiento de una inflexión que, combinada con una perspectiva, convierte las certezas en materiales de nuevas incertidumbres, aquello que se juega en Cosa de nadie, colección de cuentos de Laura Galarza, está vinculado con los pliegues ambivalentes del erotismo, la convivencia familiar y, cuando ninguno de ambos aspectos funciona bien, el ejercicio por compromiso de las sustituciones. En varios de los cuentos, algunos personajes femeninos deben reemplazar, ocupar el lugar o actuar en nombre de sus madres, si no actúan juntas madre e hija en antipático tándem fraternal, como en “Las vacaciones de Arnaldo”, el único cuento explícitamente satírico del conjunto. En “Un río subterráneo”, por acuerdo tácito con la madre, Paula viaja a la India a retirar los restos (apenas la mandíbula) de su hermano muerto en una caverna. En “Vos en mi lugar” –cuyo título sugiere esta clave de lectura, funcional para varios relatos–, una niña acompaña a su padre a un recital en un pueblo vecino por pedido de la madre, celosa de las otras mujeres del coro. La protagonista, y con ella los lectores, comprende lo suficiente como para sentirse mal y padecer en silencio cuando el auto del padre es remolcado por la camioneta de una pareja durante la noche tormentosa.

A veces, el desenlace anticipa una cadena de sustitución entre padres e hijos (o viceversa, como en el impecable cuento final), proceso no necesariamente auspicioso ni esperanzador. Como Pilar, la protagonista de “Junto al limonero”, la autora parece que intenta “sacar algo en limpio de esa maraña de imágenes que son como un bollo compacto y pegajoso”. Lo que queda de esa maraña de circunstancias que los personajes soportan en pueblos de provincias o solitarios en la ciudad es un recorte intencionado: el cuento.

La resistencia de la entonación ante las historias –a veces fatídicas, derogatorias, de una violencia frágil pero constante– es, por paradoja, uno de los triunfos de Cosa de nadie. Por encima de las voces, con sus idiosincrasias vivaces o apagadas, sus enlaces a comentarios ajenos y sus digresiones desorientadas, los argumentos tienden a definir el curso del relato. Este rasgo se evidencia desde los inicios in media res: los cuentos de Galarza no suelen comenzar por el comienzo sino por la mitad de la historia, incluso por su desenlace: “Mis padres decidieron llevar de vacaciones a esa mujer” o “El asunto no empezó el día que vinieron a avisar que a Micaela la internaban”. En un calculado movimiento reflejo, el desarrollo del cuento se anticipa a sí mismo.

“La próxima voy a traerte unas flores, tengo montones en mi jardín, dice sacando el bolso y empezando a preparar el mate. Esa habitación es más fresca que la de su casa, piensa y lo dice en voz alta: Qué bien se está acá.” Entre personaje y narradora, aliadas contra un mundo mezquino y ventajista, se negocia un nuevo reemplazo: el geriátrico donde vive Carmen, una anciana senil, será, pese a las objeciones de su marido, el nuevo hogar de Lidia. “Cosa de nadie”, el cuento que da título al volumen, además de pintar una época en la que los hijos detraen las aspiraciones éticas de la generación anterior, plantea un interrogante sobre el conjunto de relatos: ¿qué cosa es de nadie? El dinero y las propiedades, ya sabemos, pertenecen a unos pocos, incluso en la literatura. ¿La lengua popular que Galarza pone en primer plano es cosa de nadie y, por ende, de todos? ¿Las historias de mujeres anónimas narradas por ellas mismas (o, en el lugar de ellas, por otras mujeres)? ¿La escritura de ficciones? “Concibo la escritura como la ruta opuesta al sentido y a la interpretación –comenta la autora–. La escritura es más del orden de un acto, acontece, es. También como lectora me interesan los autores que no buscan decir más, sino por el contrario, deconstruyen, interpelan.” Inestables, desconcertantes e inciertos, los universos narrativos de su primer libro de cuentos filtran, además, estas cuestiones.

Compartir: 

Twitter
 

Cosa de nadie. Laura Galarza Ediciones del Dock 92 páginas
 
RADAR LIBROS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.