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Domingo, 8 de febrero de 2015

TANTA SANGRE QUE SE LLEVÓ EL RÍO

Por su búsqueda de un estilo que permite entretejer las voces de los desplazados y marginados, Río de las congojas es una novela histórica diferente. Y también de las pocas que en la literatura argentina abordó la conquista y la colonización del Río de la Plata. Rescatada en la Serie del Recienvenido, dirigida por Ricardo Piglia, permite también volver a enfocar la figura de su autora, la singular Libertad Demitrópulos, una escritora de culto que renunció a la poesía por la narrativa pero no a un tono de fuerte lirismo experimental.

 Por Laura Galarza

“Hay que leer lo que no se ve en la superficie.” Así define Ricardo Piglia el espíritu de la Serie del Recienvenido, que dirige para la Editorial Fondo de Cultura Económica y que se convirtió en una especie de canon personal abierto a los lectores. “La serie intenta una pausa, un cambio de velocidad en la vorágine de circulación de libros en el mercado.” En este caso la elegida para ser rescatada es Río de las congojas, de Libertad Demitrópulos, una novela escrita en 1981 y que Piglia ubica junto con Zama, de Antonio Di Benedetto, y El entenado, de Juan José Saer, como las tres obras maestras que reconstruyen imaginariamente la conquista española del Río de la Plata.

Río de las congojas transcurre en Santa Fe, a orillas del río Paraná, donde se cuenta –anclada en diferentes voces– la historia de María Muratore, mestiza amante de Juan de Garay (“El hombre del brazo fuerte”), con quien viajará en la expedición que va a refundar Buenos Aires. María está casada –aunque bajo protesta– con el también mestizo Blas Acuña. (“¿De qué sirve la vida atada a un hombre que no amo?”) María es una mujer fuerte, con un pasado triste y que de algún modo representa a todos los excluidos que a Demitrópulos le interesa contar: huérfana, criada por un tutor que quiere desposarla, expulsada luego de la muerte de éste por sus hijas, se va de Asunción a vivir a Santa Fe y cae en la casa de la modista Isabel Descalzo, quien será –ella y su descendencia, hijos, nietos y bisnietos– quienes mantendrán vivo el mito de María Muratore. A su vez, Isabel termina casada con Blas Acuña, otra de las voces de la novela, que al momento de la narración ya es un abuelo que vive aferrado a “su muertecita”. La muertecita, que fuera el amor de su vida en el pasado, no es otra que María Muratore, a la que atesora enterrada en el fondo de su casa.

Libertad Demitrópulos nace en 1922 en Ledesma, Jujuy. Desde los 18 años trabaja como maestra hasta radicarse definitivamente en Buenos Aires, donde estudia Letras y conoce al poeta Joaquín Gianuzzi, con quien se casa y vive hasta la muerte de Demitrópulos, en 1998. Un año antes de morir– había sufrido ocho operaciones del corazón–, al recibir el premio Boris Vian por Río de las congojas, Demitrópulos se definió a sí misma como “una escritora solitaria”. Tiempo más tarde, en un documental sobre su vida emitido por Canal 7, Gianuzzi habla de su mujer con admiración: “Una personalidad fuerte, valiente, leal a sus convicciones que no abandonó jamás. No hacía política literaria, no tenía mucha prensa pero tenía un consenso de mucho respeto hacia su obra y hacia su persona”. Demitrópulos comienza por la poesía. Publica Muerte, animal y perfume en 1951 (el mismo año en que se casa con Gianuzzi) aunque será el primer y último libro de poesía que escriba. “No quería competir con él”, dijo Moira Gianuzzi, una de las dos hijas de ambos. Y el poeta lo recuerda de ese modo en el documental. “Ella lo decía un poco en broma, que era una forma de mantener la división del trabajo en el hogar, pero después la atrapó la narrativa.” Así es que luego vinieron las novelas Los comensales (1967), La flor de hierro (1978), Sabotaje en el álbum familiar (1984) y Un piano en Bahía Desolación (1994). También publica la biografía Eva Perón, inspirada en el trabajo que hace Demitrópulos en la escuela de Eva Perón (dicen quienes la conocieron que se hizo militante en los años ’40, cuando vio la explotación de los zafreros en el ingenio Ledesma), y una crónica, que en 1986 ya aborda el tema del narcotráfico: Quién pudiera llegar a Ma-Noa.

El mito que se cuenta en Río de las Congojas afirma que María Muratore muere peleando en batalla disfrazada de hombre. “En la mediamuerte de las guazbaras, cercándonos los indios y dándoles nosotros la guerra, se apersonaba la María al campamento, hombro a hombro con los varones; venía a darles fuerza y a preparar la pólvora. Juan de Garay voceaba con ánimo las órdenes, y nosotros, la tropa, íbamos ya corriendo entre las llamas, ya azuzando los caballos, cada uno en su mandamiento de las armas dadas, cargando la bocona y disparando sobre esa ola marrón hasta el fin de los alaridos.” Es –también– por este uso peculiar del lenguaje que a poco de empezar a leer Río de las congojas el lector entiende que está ante una novela histórica diferente. “En la literatura, se sabe, el efecto de verdad depende del lenguaje”, dice Piglia en el prólogo. Demitrópulos recrea la lengua entreverando el tono poético –al cual se ve que nunca renunció– con la historia y la memoria. “Ella suspira al recordar esas cosas de su patria y permite que se le humedezca la pizarra de sus ojos hasta nomás enturbiarlos (cosa que brillen); entonces va y saca del pecho uno de esos pañuelos como mariposas tan finos y delicados, con sus iniciales bordadas, seca la humedad de las pestañas para que no le moleste la contemplación de lo que a mí me está vedado.”

Otra de las particularidades de esta obra –que conjuga dimensión histórica con experiencia literaria– son los sucesivos cambios en los planos temporales. Sin embargo, estos tiempos parecen unidos por la memoria de la gente. “Lo que yo quiero es que el lector piense: ¿cómo, ésta no se había muerto?, en ese sentido sigo la idea de la novela de aventuras”, ha dicho Demitrópulos en relación con su estilo. Aunque también en este caso la memoria pareciera funcionar como metáfora del presente en que fue escrita la novela. Sobre el final hay un desaparecido que se lleva el río y “nadie podía explicar a dónde llevó su cuerpo la corriente”. Sumado al epígrafe del poeta griego Yannis Ritsos, que alude a la necesidad simbólico-cultural de que los pueblos entierren a sus muertos.

Río de las congojas. Libertad Demitrópulos Fondo de Cultura Económica 161 páginas

La historia que a Libertad Demitrópulos le interesa contar no es la de los libros de historia, sino aquella que se teje en los márgenes. “Al mestizo –decía Garay– tenerlo aislado; comida bordeando la escasez; dormir lo mínimo; ayuno riguroso; rezo suficiente; nada de cantar ni fumar ni holgar. Un día pasados muchos años –seguía diciendo–, en pago adjudicarle una poca de tierra, la más árida y seca, bien retirada de la plaza y del centro de la ciudad. Y si protestan quitársela. Si amenazan prenderlos. Si revolucionan, colgarlos.” Demitrópulos es una experiencia de lectura particular, una autora que hay que conocer. En estos tiempos donde aún buscamos afuera la razón de nuestra existencia como pueblo, Demitrópulos acierta al escribir: “El mestizaje no es únicamente un alboroto de sangre: también una distancia dentro del hombre, que lo obliga a avanzar, no sobre caminos, sobre temporalidades”.

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