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Domingo, 12 de abril de 2015

LA VIDA ES SUEÑO

Un poema para niños, publicado en forma póstuma, podría considerarse una rareza pero, tomando en cuenta la devoción de Sylvia Plath por el mundo de la infancia, no lo es tanto. El libro de las camas propone un recorrido lírico, lúdico e imaginativo por las fantasías que se sueltan por las noches, preferentemente estando en posición horizontal. Un libro que además cuenta con los dibujos alegres y sencillos de Quentin Blake.

 Por Mercedes Halfon

Es sabido que a Sylvia Plath, pese a lo incansablemente trabajadora, estudiosa, inquieta y apasionada que era, le gustaba, y mucho, pasar tiempo en la cama. En sus biografías se menciona incluso un período en Londres, antes del nacimiento de sus hijos, en el que con su marido Ted Hughes dedicaban un día a la semana para que cada uno permaneciera recostado, leyendo, escribiendo, comiendo tostadas, mientras que el otro se dedicaba a las tareas más urgentes de la casa. Claro que no es éste su costado más conocido como tampoco lo es su exploración en la literatura infantil. Es posible imaginársela entonces, en una de esas estancias remolonas, diseñando mentalmente un catálogo de camas extrañas, lúdicas y diversas, donde reposar. De eso se trata El libro de las camas, que acaba de reeditar Libros del Zorro Rojo en un precioso volumen de tapa dura y colores plata, fucsia y azul noche. Una pieza que puede ser catalogada como relato para niños, pero que también va a ser apreciada por los lectores fieles de Plath por su rareza y las vinculaciones posibles con su obra “adulta”. Es, además, una obra póstuma, ya que ningún editor la entendió en su momento, por lo que permaneció inédita durante años.

Plath nació en Boston en 1932, en una familia de ascendencia germánica. Su padre murió cuando todavía era una niña. Según dicen quienes la conocieron, la ausencia de esa figura tan central la marcó y entristeció para siempre. En su juventud, Plath se repartió entre Estados Unidos y Londres, donde realizó una brillante carrera en Cambridge. Allí también conoció a Ted Hughes, un poeta inglés de gran influencia con el que se casó y tuvo dos hijos. Algunos años después, separada de él y en una de sus crisis de depresión, la escritora terminó con su vida. Era el invierno de 1963, uno de los más fríos que se recuerdan en la costa del Támesis.

De lo que escribió, publicó sólo una novela autobiográfica con seudónimo –la hermosa Campana de cristal– y El coloso, un libro de poesía que toma su título de un escalofriante poema escrito en torno de su padre. Tan poco vivió Sylvia que no llegó a ver publicados muchos de sus textos, entre ellos los tres relatos –dos de ellos en prosa, uno en verso– que terminarían integrando sus Collected Children’s Stories editados una década después por Faber & Faber. En aquel volumen se reunían The It-Doesn’t-Matter-Suit, traducido y editado en español como El paquete sorpresa, el hasta ahora nunca traducido Mrs. Cherry’s Kitchen y El libro de las camas o The Bed Book: el único de los tres escrito en verso, su género más fuerte.

No nos olvidemos que fue también esta autora la que escribió: “Soy vertical, pero preferiría ser horizontal”. Una poeta con mucho de visionaria, dueña de una lírica de escenas íntimas y alucinadas, como vistas desde el otro lado de los sueños. Es esa misma mente la que en El libro de las camas le cambia el signo a lo onírico, para enfocarse en lectores más bien pequeños. ¿Quién mejor que Sylvia Plath para pensar toda esa serie de asuntos fantasiosos que vienen a la mente de un niño al momento de acostarse a dormir? ¿Quién mejor para divagar en alternativas a esa importantísima pieza de mobiliario donde los niños (y los adultos) deberían apagar su cuerpo y su imaginación y entregarse sin más al descanso? Claro que esto no es tan sencillo, muchas veces ese estado de duermevela es el mejor para entregar la mente a toda clase de devaneos. Y exactamente eso es El libro de las camas.

El origen de un proyecto tan singular no fue demasiado explicado ni por su misma autora: “De una larga lista de camas demasiado estrambóticas, ingeniosas y abstractas, elegí diez, empecé a escribir y ya no pude parar”, escribió en su diario. Es, por eso, un catálogo de camas en las que nadie podrá sino posponer el sueño. Y así es como empieza a imaginar el dispositivo cama envuelto en toda una serie de opciones disparatadas. Camas para surcar mares y pescar, o camas para alcanzar el espacio exterior y hacerse con algunas estrellas fugaces. Camas que sirven de escenario a trapecistas, camas sucias como un chiquero, camas comedor con snacks para todos los gustos, camas elefante para atravesar la selva africana, o camas en los árboles para delicia de los ornitólogos, entre muchas otras opciones.

Otra de las particularidades de este poema largo es que fue ilustrado por Quentin Blake. Se trata del mismo dibujante que acompañó al legendario Roald Dahl, quien fue, además de uno de los más grandes autores para chicos, un famoso cascarrabias que no dudó en describir a Blake como “el mejor ilustrador de libros infantiles del mundo”. Blake fue director del Departamento de Ilustración del Royal College of Art y recibió a lo largo de su carrera los premios más importantes en su rubro como el Hans Christian Andersen y el Children’s Laureate. En El libro de las camas, Blake recupera sus trazos de tinta a mano alzada para recrear el mundo juguetón que propone Plath. Dibujos de línea sencilla y rápida, alegres y livianos.

El libro de las camas. Sylvia Plath Libros del Zorro Rojo 32 páginas

El conjunto del trabajo de ambos es una obra exquisita. Poseedor de un humor del que nunca careció Plath, aun en sus momentos más sombríos. Es además una búsqueda de esos elementos que a los chicos de todas las épocas parecen haber fascinado en la misma medida. Tener un espacio donde todo está permitido –comer, saltar como un trapecista, ser el que maneja un elefante o un tanque todoterreno donde surcar territorios difíciles–, pensar desde su casa un modo de llegar a Marte y cazar estrellas fugaces, o, un poco más abajo, donde poder observar a los pájaros sin ser molestado. Un libro para jugar, para imaginar, pero que también se abre a las experiencias que los niños atraviesan en su propia vida. Un libro que tiene el plus de estar escrito por una autora como Sylvia Plath, dueña de un lenguaje lujoso y sereno, que puede imantar aún a los lectores más pequeños.

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