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Domingo, 2 de noviembre de 2003

RESEñA

Teoría del beso

Nugae. Teoría de
la traducción
Leonor Silvestri

Simurg
Buenos Aires, 2003
80 págs.

POR JORGE PINEDO

Largo o corto, el sendero que va de una lengua a otra resulta –indispensable, necesariamente– plagado de esos equívocos capaces tanto de agregar como de hurtar sentidos, destinos, escenas. Si es que existe una verdadera teoría de la traducción debería, si de poesía se trata, subsumirse en una teoría del beso (del chupón) nada más que por el argumento que antecede. Podrá seguir discutiéndose si la poesía es siempre de amor; más aún, cabe que semejante afirmación se ponga en duda; no obstante quien hurgue en las entrañas de sus versos hallará más tarde o más temprano alguna demanda de amor. Que no es lo mismo.
Es (parece ser) ese repentino fenómeno de llamada al semejante el que se produce en lo que va de una lengua a otra, dentro de aquel espacio vacío que el silencio se torna infierno y el poeta puebla. Doble acrobacia que traduce fervores, vibraciones, imágenes, significantes, como se llamen, al negro sobre blanco. A ese mullido abismo se zambulle Leonor Silvestri (Buenos Aires, 1976) con Nugae, voz latina que la autora anuncia como “frivolidades, versos ligeros, niñerías, tonterías, bagatelas” (también “impertinente”, “infantil”, “engañoso”, “chistoso”) y que, he aquí el desafío del equívoco, quince páginas más adelante versifica como “mis versitos” a los que, a su vez, traduce como “My silly rhymes” (literalmente “mis tontas rimas”).
Poemario bilingüe, Nugae pone en acto estético el presupuesto de “la intraducibilidad de la forma poética”, traduciéndola. Más aún, traduciéndose a sí misma, como pocos los hicieron de su lengua materna a su lengua adoptiva: Conrad del polaco al inglés, así como Nabokov del ruso; Beckett del inglés al francés. Silvestri se traduce a sí misma en un ejercicio que, lejos de agitar las palabras a pura pérdida, puja por “el surgimiento de otro texto, pegado por su costura a la hoja precedente como un hermano siamés, igual pero distinto... un texto otro que a su vez nutrirá y reformulará el texto de partida”. Menuda apuesta que deja en suspenso la potencia lírica de cada uno de los dieciocho poemas que nutren este texto experimental, a favor de un confeso relevamiento “de la ambigüedad del Yo”. Otro en el que la poeta se define (“soy la trama de todas mis lecturas y relecturas/ [¿chismes?]/ que hacen el texto / mi tejido / mi cuerpo / mi historia”) o, como en Sabrina, se confiesa por partida doble, primero en una púdica lengua materna: “En el colegio / Vos eras la vida”, en la página lindante, mediante una réplica elegida: “At school / You were my life” (el destacado es nuestro). Sutiles diferencias, prolijas filigranas que trazan ese pasaje no sólo de la lengua de partida a la lengua de llegada, sino también de la erudición académica (la autora es catedrática en Lenguas Clásicas, traductora y especialista en Catulo) a la poesía, y viceversa, en tanto y en cuanto ambas surgen al final del camino como fundante y efecto, respectivamente, una en función de la otra. Recorrido multilingüístico, lingual, que requiere del habla a fin de zanjar el efecto de pérdida y ganancia: “Putito de baño de Constitución/ Polino Guido Süller Gastón Trezeguet /Pezuña de machito cabrita...”, logrado en “Faggot from a train station’s public bathroom/ Michael Jackson / Buffalo Bill innocent lamb/ The three Bee Gees all in one/ Cleft Hoff from a male she-faun...”. Mutatis mutandis, traducir (como besar) acaso sea (también) eso: salvar distancias.

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