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Domingo, 15 de junio de 2008

Carta de Cassady a Kerouac

Estimado Jack: Estoy sentado en un bar en Market street. Estoy borracho, bueno, no tanto, pero pronto lo estaré. Estoy aquí por dos motivos: debo esperar 5 horas para el ómnibus que me lleve a Denver, y finalmente, pero mucho más importante, estoy aquí (bebiendo) porque, por supuesto, porque una mujer ¡y qué mujer! Para ser cronológico al respecto:

Estaba sentado en el ómnibus cuando paró para tomar más pasajeros en Indianapolis, Indiana –y una belleza perfectamente proporcionada, intelectual, apasionada, la personificación de la Venus de Milo, me preguntó si el sitio a mi lado estaba reservado!!! Me atraganté (estaba borracho), hice gárgaras y tartamudeé ¡NO! (paradojas de la expresión, después de todo, ¿cómo uno puede tartamudear No!!?). Se sentó– Yo sudé. Ella empezó a hablar. Yo sabía que sería sobre generalidades, así que para ponerla a prueba, permanecí en silencio.

Ella (su nombre es Patricia) se subió al ómnibus a las 8 de la noche (¡Oscuro!) Yo no hablé hasta las 22 horas. En el intermedio de 2 horas yo no sólo, por supuesto, determiné que la haría mía, pero, cómo hacerlo. Naturalmente, yo no puedo citar la conversación textualmente, no obstante, trataré de darte su sustancia desde las 22 horas hasta las 2 de la noche. Sin los más mínimos apuntes preliminares objetivos (¿cuál es tu nombre?, ¿hacia dónde vas?, etc.) me conecté en un conocimiento total, completamente subjetivo, personal y, por así decirlo, “penetrando su corazón”; para ser más breve (pues me estoy volviendo incapaz de escribir) para los dos de la mañana la tenía jurándome eterno amor, completamente sojuzgada a mí y para mi inmediata satisfacción. Anticipando aún más placer, no dejaría que ella me la chupase en el ómnibus, en vez de ello jugamos, tal como dicen, entre nosotros. Sabiéndolo completamente mío este ser supremo perfecto (cuando estoy más coherente, te contaré su historia completa y la razón psicológica por la cual me amaba), no pude concebir ningún obstáculo para mi satisfacción, bien “los mejores planes del ratón y de los hombres acaban extraviados” y mi némesis fue su hermana, la bruja. Pat me había dicho que su razón para ir a Saint Louis era ver a su hermana; había quedado en encontrarla en la terminal. Así que, para deshacerse de la hermana, miramos furtivamente alrededor de la terminal cuando llegamos a Saint Louis a las 4 de la madrugada para ver si ella (su hermana) estaba allí. Si no lo estaba, Pat tomaría su valija, se cambiaría de ropa en el toilette y ella y yo iríamos a un cuarto de hotel por una noche (¿años?) de perfecta bienaventuranza. La hermana no estaba a la vista, así que ella tomó su valija y se retiró al toilette a cambiarse, larga despedida.

Este próximo párrafo debe, por necesidad, ser escrito de una forma completamente objetiva.

Edith (su hermana) y Patricia (mi amor) salimos de la casa del meo tomados de las manos (no describiré mis emociones). Parecía que Edith llegó a la terminal de ómnibus temprano y mientras esperaba a Patricia, sintiéndose dormida, se acostó en un sofá para dormir. Por ello Patricia y yo no la vimos. Mis esfuerzos desesperados por liberar a Pat de Edith fracasaron, aún el terror y el sentimiento de esclavitud hacia ella revelaban demasiado para establecer que ella debería ver a “alguien” y más tarde se encontraría con Edith, todo fracasó. Edith era inteligente; ella vio lo que estaba sucediendo entre Pat y yo. Bien, para sumariar: Pat y yo estuvimos en la terminal (a la vista de su hermana) apretándonos el uno contra el otro, jurando no amar nunca más y luego yo tomé el ómnibus a Kansas City y Pat se fue a su casa, dócilmente, con su dominante hermana. Alas, alas. En completo (trata de compartir mis sentimientos) abatimiento. Me senté, a medida que el ómnibus avanzaba hacia Kansas City. En Columbia, una joven (19) completamente pasiva (mi carne) virgen, subió al ómnibus y compartió mi asiento... En mi abatimiento por haber perdido a Pat, la perfecta, decidí sentarme en la amplia luz del día (detrás del conductor) en el ómnibus y seducirla, hablé desde las diez y media de la mañana hasta las dos y media de la tarde. Cuando estaba hecho, ella (confusa, su entera vida trastornada, metafísicamente asombrada por mí, apasionada en su inmadurez) llamó a sus amigos en Kansas City y fue conmigo a un parque (estaba oscureciendo) y me la senté a horcajadas sobre mí; cogí como nunca lo había hecho antes; todas mis emociones reprimidas encontraron su liberación en esta joven virgen (y realmente lo era) quien es, para el caso, ¡una maestra de escuela! Voy a parar de escribir. Sí, para liberarme por un momento de mis emociones, debes leer partes de Las almas muertas (donde Gogol muestra su perspicacia) que son como tú.

Elaboraré más adelante (¿probablemente?), pero por el momento estoy borracho y feliz (después de todo, ya estoy libre de Patricia), debido a la joven virgen. No tengo nombre para ella. Al compás de las alegres notas del tema de Lester Young “Jumping at Mesners” (que estoy escuchando) cierro hasta luego.

A mi hermano
¡Continúa!
N. L. Cassady
(7 de marzo de 1947)

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