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Sábado, 2 de diciembre de 2006

NOTA DE TAPA

Avant la page

El mallorquín Miguel Fluxa cuenta orígenes y razones de Camper, una etiqueta de diseño forjada hace más de un siglo con valores que hoy empiezan a estar de moda: respeto por el medio ambiente, simplicidad y austeridad.

 Por Luján Cambariere

"Camina, no corras" es una premisa que debiéramos adoptar para ganar calidad de vida. Y que además puede ser clave de éxito económico. Esto que afirma Camper, la empresa española que tiene la frase como slogan, es emblema para los amantes del diseño y se jacta de no vender calzado (su negocio principal) sino un estilo de vida. Filosofía que por otra parte profesan desde hace más de 120 años cuando valores como el cuidado del medio ambiente, la austeridad y la simplicidad no estaban en boga.

Su creador, Antonio Fluxa, era un artesano zapatero de la Mallorca previa al boom turístico, cuando la región era bastante pobre. De ahí que su primer modelo fuera un fiel exponente del ahora mentado ecodesign, hecho de una especie de arpillera y suela de neumático. Fue Lorenzo, nieto de Antonio, quien apodara a la empresa Camper (campesino) allá por 1975, vigorizando los valores de su abuelo a través de otras señas particulares de la firma como nuevas tipologías de zapatos y elementos gráficos como dibujos en las suelas.

Desde entonces muchos de sus diseños dan cuenta de su filosofía. Por caso, varios de los conceptos más exitosos de la firma: el modelo Pelotas, hecho en cuero y suela de poliuretano con salientes en forma de bolas que masajean los pies, el Twins, asimétricos, inspirado en el arte, o uno más reciente, el Wabi, en versión silicona con fibra de coco o en yute de Bangladesh. Y por supuesto, la comunicación (bolsas, revistas, campañas) y la ambientación de los locales basados en nuevos conceptos como el de la tienda temporal que lanzaron con el catalán Martí Guixé y que consiste en montar locales a base de cajas de zapatos donde los clientes interactúan dejando mensajes en las paredes. O la última en Londres, que encargaron al reconocido diseñador español Jaime Hayón.

En 1981 abrieron el primer local en Barcelona, en 1992 comenzaron la expansión internacional con filiales en Inglaterra, Francia e Italia. Además ampliaron el negocio a un hotel Casa Camper en Barcelona, un edificio del siglo XIX restaurado por Fernando Amat y Jordi Tió en clave lujo esencial, con nada de ostentación, pura funcionalidad, materiales nobles y detalles que hablan de un estilo de vida como las bicicletas que cuelgan del hall de entrada para que cada huésped pasee por Barcelona con la suya. Y el restaurante FoodBALL, que como no podía ser de otro modo es un fiel exponente de los principios de la Slow Food ("Comida sana para la gente y limpia para el planeta"). Allí todo: desde las bolitas de verduras hasta los pufs de fibra vegetal para sentarse son amigables con el medio ambiente.

De paso por Buenos Aires, Miguel Fluxa, cuarta generación Camper, contó de primera mano a m2 algunas claves del suceso que para felicidad de los amantes locales de esta etiqueta se está acercando al Sur (acaban de abrir local en San Pablo).

–¿Cómo nace esta conciencia y valores como el cuidado del medio ambiente?

–Camper, que significa campesino en mallorquín, nace en un entorno que sin dudas condiciona sus valores. Mallorca era una isla humilde hasta la llegada del turismo a mediados de los ’60. De hecho, el primer zapato Camper fue un zapato reciclado que utilizaban los campesinos de la isla. Un calzado con historia hecho artesanalmente con retazos de toldos de carruajes, trozos de piel recuperados de la fabricación de calzado y suelas de neumáticos usados. Un reciclaje auténtico, basado en la necesidad y no en la abundancia.

–¿Qué visión cree que tuvo su bisabuelo para poder crear una empresa de la nada?

–La verdad es que no lo sé. Seguramente era un hombre con muchas inquietudes que se interesó por la Revolución Industrial que estaba ocurriendo en Inglaterra durante su época.

–¿Qué rol ocupa el diseño en Camper?

–Camper nace en 1975, aunque sus orígenes se remontan a 1877 cuando mi bisabuelo funda la primera fábrica de calzado mecanizada de España. La firma incorpora el diseño a esa herencia industrial de productos de calidad. En el ’75 acaba la dictadura en España y son épocas de cambios profundos en los que había muchas ansias de modernidad y de que las cosas cambiaran. Y el diseño ha sido un elemento clave desde los orígenes, ya sea en el producto, la arquitectura, la gráfica y la comunicación.

–Decía que son fundamentales para ustedes los gráficos. ¿Por qué?

–Todas las facetas del diseño han sido importantes en Camper desde sus inicios, incluyendo el diseño gráfico aplicado a la comunicación, tiendas, las cajas de los zapatos, las bolsas y el propio producto. Tenemos una historia gráfica muy interesante y que nos caracteriza con colaboradores de la talla de Carlos Rolando, Martí Guixé, Mariscal, América Sánchez, Oscar Mariné, Menphis, entre otros.

–¿Cómo surge la idea de sumar un restaurante y un hotel?

–La idea del hotel surge de la necesidad de evolucionar la marca y de la voluntad de hacer las cosas diferentes. Cuando la marca empieza a ser reconocida en España y en el exterior, empiezan a surgir propuestas de licenciarla en distintos productos como anteojos, ropa o relojes. Como no creemos demasiado en las licencias, ya que es cierto que puedes perder un poco el control del producto con ellas, surgió la idea de hacer algo completamente diferente como puede ser un hotel o un concepto de comida sana, pero absolutamente alineado a nuestra filosofía.

–¿Cuáles son y en qué consisten los proyectos sociales que manejan?

–La mayor responsabilidad de una empresa es crear buenos puestos de trabajo. A partir de ahí, colaboramos con distintas organizaciones en proyectos sociales en el tercer mundo y sobre todo en proyectos medioambientales. Esto de rescatar técnicas y materiales olvidados. Además, tenemos una escuela de campesinos en Mallorca en la que enseñamos a cultivar con métodos de agricultura orgánica.

–¿Cuáles se ven reflejados en los productos?

–La línea de zapatos denominada Wabi intenta desde su concepción y diseño tener en cuenta aspectos medioambientales. En este caso se trata de un zapato lanzado en el año 2000, compuesto solamente por tres elementos: un protector reciclable (compuesto por un solo material), una plantilla biodegradable hecha de coco y látex, y un calcetín termorregulable de algodón orgánico. Con este mismo concepto trabajamos con comunidades en Bangladesh y Sudamérica, donde cooperamos con artesanos utilizando sus diseños y materiales locales y sustentables como el yute, plátano o el sisal.

–¿Le dan valor a la artesanía?

–La artesanía es un elemento esencial de nuestra cultura. A pesar de que somos una empresa industrial llevamos a cabo proyectos de colaboración con artesanos de distintos países.

–¿Cuáles son los casos de las líneas más exitosas?

–El Pelotas ha sido nuestro gran referente y el producto más conocido de Camper. Es un producto que el año pasado cumplió diez años, lo que refleja nuestra voluntad de crear productos con buen diseño que puedan durar muchos años y no productos de moda.

–¿Y las más innovadoras?

–El Wabi, por todo el concepto que hay detrás. Es un producto revolucionario, hecho a partir de tres elementos.

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La firma Camper empezó en el siglo XIX reciclando y conservando por pobreza, nomás, y se refundó en los ’70 como generadora de diseño con ideas.
 
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