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Sábado, 23 de diciembre de 2006

Metálica

La tercera edición del Premio Ternium Siderar ’06 de diseño en
acero apuntó a la construcción y la puesta en valor del material.

 Por Luján Cambariere

“Accesible, versátil, reciclable, resistente, no contaminante.” Las ventajas de los distintos tipos de acero, y de las tecnologías y maquinarias de transformación asociadas al material, son varias. Por tercer año consecutivo, Ternium Siderar (el mayor productor de la región, quinto del continente y primer exportador americano de productos terminados) premia al diseño en acero como una forma de fomentar nuevos usos del material. Y lo hace de un modo especial, ya que además busca establecer puentes entre ellos (como proveedores), los pequeños productores y los profesionales del diseño. Tal es así que después de la primera versión del concurso decidieron premiar a los ganadores con la realización del prototipo mediante pymes coauspiciantes (Emege, Oblak, Rapi-estant y Samet). En esta edición dedicada a la construcción, el jurado compuesto por Aníbal Cofone, Eduardo Naso, Horacio Pigozzi y José Wyszogrod, hizo especial hincapié en seleccionar productos innovadores, con buena resolución técnica y con fuerte orientación a la producción en serie.

El primer premio de profesionales fue para el sistema de tejas Trígono de Juan Ignacio Posada. “El acero está siendo cada vez más utilizado para la realización de techos y cubiertas, con soluciones que emulan la forma histórica, sin contemplar nuevas posibilidades. La tendencia morfológica en la arquitectura internacional se orienta hacia formas curvas. Para satisfacer esta expectativa, la teja se configura como un polígono triangular. Un aspecto fundamental es impedir la filtración del agua. De ahí surge el volumen, que permite que las tejas se monten unas a otras asegurando la no filtración, a la vez que permite girarlas unas respecto de otras”, resume Posada. El segundo premio de esta categoría fue para una dupla conformada por padre e hijo: el arquitecto Carlos Bernardo Wolfson y el joven, pero ya reconocido, diseñador industrial Martín Wolfson. Ellos propusieron una escalera, cuya forma sintética y no invasiva, así como su modulación y estandarización, resultaron de particular interés para el jurado. “El concurso me parecía de los más serios, además de muy tentador el compromiso de hacer el prototipo. Y en lo personal, la oportunidad de encaminar la meta de unir cada vez más el diseño industrial con la arquitectura. Como material, además, el acero es de los más versátiles y accesibles de la industria nacional, con tecnología al alcance en talleres del conurbano”, comenta Martín. Y agregan ambos: “En cuanto a la elección de hacer una escalera nos parecía interesante sustituir o agregar productos resueltos en otros materiales (en este caso hormigón y madera). La simpleza, la utilidad y la funcionalidad fueron las ideas motoras. Tanto en el diseño, en lo que a estética se refiere, como en la construcción, exhibición y almacenamiento, venta, traslado e instalación. La búsqueda formal que comienza con la sección triangular de la viga estructural y el acompañamiento de los soportes de los escalones, le brindan liviandad y continuidad visual”. Fácil de producir, fácil de montar y hasta con la posibilidad de customizar los escalones con otros materiales o estampados. Mientras que el tercer premio fue para el Sitwall de Gastón Bonaudi Pez. Un sistema de recubrimiento para paredes de espacios transitorios, con la función tácita de asiento de pie y de comunicación publicitaria. “Por su simple constitución posibilita su producción, empleando tecnologías de muy bajo costo como el curvado de chapa de acero. Su aplicación práctica se remite a pasillos y espacios comunes de escuelas, hospitales, reparticiones públicas, bancos, paradas y estaciones de bus, tren o metro o cualquier otro entorno en el cual el flujo de personas y los tiempos de transición de las actividades deriven en el uso de elementos externos para el descanso. Así, el soporte artificial integrado a la arquitectura evita que el usuario se recargue sobre paredes pintadas, deteriorándolas”, detalla su autor.

En la categoría estudiantes, el primer premio fue para el bebedero de agua para espacios públicos SSO propuesto por Camila Offenhenden, Martín Sanz y Eduardo Suss. “Diseñamos este producto buscando reivindicar la imagen y el uso del bebedero como elemento fundamental dentro de la trama urbana. Se trabajó desde distintos lugares: una imagen visualmente atractiva que emite un mensaje de concientización en el uso del agua; tomando los recaudos necesarios para que pueda ser utilizado por cualquier tipo de usuario y atendiendo a las distintas exigencias de higiene que impone el producto. Buscamos que el bebedero se incorpore en la costumbre de los distintos usuarios que transitan por la ciudad como sucedía hace unos años”, detallan. Del segundo premio vale destacar sobre todo la preocupación del futuro proyectista por una problemática crucial como es el acceso a una vivienda digna. Así, Ilán, de Miguel Cocco, se presenta como un sistema constructivo de cerramiento para vivienda proyectado a partir de la refuncionalización de los contenedores de acero que se utilizan para el comercio y transporte de mercaderías y bienes. “Desde segundo año, cuando hicimos un complejo de viviendas, vengo investigando el tema. En ese proyecto yo había planteado un complejo de viviendas hecho en base a unidades contenedoras apilables. Un fuerte referente fue el proyecto del Hábitat 67 de Moshe Safdie. Si bien este arquitecto lo materializó en bloques apilables de hormigón premoldeado, el criterio es similar. El déficit habitacional en nuestro país es enorme, con lo cual los planes que busquen resolver esta situación deberán apuntar a la gran escala. Por eso se eligió para este proyecto un sistema racionalizado–industrializado de construcción. La producción en serie y la repetición de un modelo resulta redituable en términos de economía y en la gran velocidad operativa que posibilita. En relación con este pensamiento, el acero es una gran alternativa si se piensa en soluciones industriales. En el desarrollo incluso se plantea el módulo en dos contenedores de medidas estándar, con lo cual no sería necesario montar nuevos talleres, simplemente se pueden refuncionalizar containers en desuso”, detalla Cocco. Por último, el tercer premio de la categoría fue para Chaco, un zócalo para terminaciones y cableados en sistemas constructivos rápidos, con el que se alzaron Matías Pisoni y Matías Guillermo Berho.

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