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Sábado, 19 de julio de 2008

Un Bellas Artes para el Bicentenario

 Por Matías Gigli

La idea de ampliar y poner a tono el edificio del Museo de Bellas Artes con los museos del mundo viene dando vueltas desde el mismo día en que el director Guillermo Alonso asumiera en su cargo y ya está a punto de concretarse un concurso nacional de anteproyectos. Es una buena determinación destinar esfuerzos a mejorar la infraestructura de nuestra más importante colección de arte, teniendo en cuenta que hoy no pueden exhibir sino un número bajísimo de obras y la cambiante dinámica de disciplina en el mundo.

La incorporación de arquitectura contemporánea articulando edificios de interés patrimonial se muestra en estos tiempos como una necesidad de uso y funciones cada vez más compleja y creciente de requerimientos: nuevas salas, talleres, áreas de apoyo y la relación del museo con los exteriores impulsan a repensar los edificios e ir llevándolos a complejos culturales. La ampliación del Museo del Prado en Madrid por Rafael Moneo es un ejemplo reciente al que se le puede sumar como un pionero en la materia el edificio del Louvre y su pirámide del arquitecto chino Leoh Ming Pei, ya hace mas de veinte años.

Nuestro museo tiene particularidades que son interesantes de rescatar en esta etapa previa a la consolidación de un nuevo proyecto: en principio su origen. Se sabe que antes de que el edificio de la Avenida del Libertador 1473 funcionara como museo fue en su origen, en 1870, la antigua Casa de bombas, perteneciente a Obras Sanitarias de la Nación y que en su subsuelo aún alberga un tanque de agua.

Desde 1933 el edificio se convirtió a la función actual adaptado por Alejandro Bustillo, quien conservó el frente original agregándole un nuevo pórtico, organizando la disposición actual de las salas. Sobre la avenida Figueroa Alcorta se sumó como festejo al sesquicentenario el pabellón proyectado por César Janello, en el que actualmente funciona la Asociación de Amigos y la confitería en planta baja, y un gran salón conectado con un puente en la planta alta. Para introducirse además en la complejidad del tema se le suma la inserción en el parque circundante y la relación compleja del edificio en el área urbana de la Recoleta, que resiste poco a un avance de nuevas construcciones sobre las áreas verdes.

El proyecto, entonces, deberá responder tanto a condicionantes urbanas a poner en sintonía, naturalmente que en la actualidad el problema de los estacionamientos reviste un carácter de desastre, como a la dificultad de tomar el edificio de interés patrimonial y hacerlo dialogar con una ampliación contemporánea. Es todo un desafío pero indudablemente es interesante y necesario encararlo.

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