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Sábado, 7 de marzo de 2009

Casas de la Defensa

Un programa de lo más peculiar ya empezó a restaurar fachadas en las primeras tres cuadras de la ya polémica calle del Casco Viejo. Es una idea flexible que puede disparar un proceso de mejoras.

 Por Sergio Kiernan

La curiosa saga de la calle Defensa tiene ahora un nuevo capítulo. Ya abandonada la idea de peatonalizarla –al menos hasta que haya otro brainstorming y cierto funcionario vuelva a la carga–, hasta puede llegar a recuperar sus adoquines en buena parte de su extensión. Daniel Chaín, ministro de Desarrollo Urbano e Invención de Opositores al gobierno porteño, le está agregando rampas asfaltadas y a nivel de los cordones a la cuadra que ya está terminando, la que toca Independencia. Pero al menos no puso graníticos, ni niveló calzada con veredas, con lo que la calle sigue siendo calle.

Mejor nos está yendo en la otra punta, entre Yrigoyen y Belgrano, donde se está terminando la primera etapa de un programa de arreglo de fachadas que tiene varias particularidades. La más llamativa es que resulta de una suerte de atajo político, porque se está haciendo desde afuera de las estructuras habituales del gobierno porteño. Es por eso que lo coordina Carlos Tramutola, que no tiene cargo alguno, pero trabaja por encargo directo del jefe de Gabinete de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta.

Tramutola explica que su tarea es coordinar un programa de restauración del Casco Histórico porteño, lo que lo sienta a la mesa con todo tipo de direcciones generales de por lo menos dos ministerios. Esto seguramente da pie a vívidos debates donde se habla de faroles y columnas, catenarias y farolas, granitos y adoquines, asfaltos y veredas, con esgrimas estéticas, idas y venidas. El coordinador, que es un hombre muy ecuánime, admite que a veces funciona como un director de tránsito entre opiniones muy divergentes.

Lo que está ocurriendo en las primeras tres cuadras de Defensa es muy simple. La primera etapa se centró en una docena redonda de edificios necesitados de reparaciones de fachada. Dos de ellos, las sedes del Museo de la Ciudad, son propiedad municipal, lo mismo que los Altos de Elorriaga, que avanzan casi una cuadra por Alsina. Las sedes del Museo –la Farmacia de la Estrella y la Casa de los Angelitos– ya están terminadas y pintadas a nuevo. Los Altos esperan un proyecto especial, ya que necesitan desde hace décadas mucho más que un arreglo de fachadas.

Los otros nueve edificios, todos privados, son un caso distinto y más típico del plan. Con cada uno de los consorcios, el gobierno porteño firmó un convenio para reparar las fachadas. Este convenio es del tipo que los abogados pueden llamar one-off, ya que se aplica una vez y no genera obligaciones ulteriores: el gobierno repara y pone en valor la fachada, pero queda en claro que no toma ninguna responsabilidad futura de mantenerla. Cuando bajan los andamios, la responsabilidad del edificio vuelve a ser enteramente de sus dueños.

A mitad de cuadra de Defensa, entre Alsina y Moreno, ya están justamente bajando los andamios de un edificio de altas pilastras monumentales recién pintado. En la esquina de Moreno, el almacén sin ochava –una verdadera supervivencia construida antes de las ordenanzas del virrey Vértiz– ya está cubierta con sus telones, igual que otro edificio llegando a Belgrano. Falta comenzar el trabajo con seis predios más en esos trescientos metros, uno de ellos el muy deteriorado hotel que está casi en la esquina de Yrigoyen, frente al ministerio.

El sector contiene dos excepciones que serán tratadas de otro modo. Uno es el espectacular edificio de Telefónica, cuyo historia se remonta a las instituciones financieras inglesas en Buenos Aires. El edificio es uno de los raros ejemplos de arquitectura pública británica en nuestra ciudad, con una clara paleta georgiana a la manera de Luytens, realizado a todo trapo. Hace casi dos décadas fue restaurado con la privatización, pero los años pasan y se notan en una calle tan estrecha. La planta baja del edificio, totalmente realizado en una piedra clarita que recuerda a la de Bath, está ya sucio, y los pequeños cuarzos que iluminan sus pedimentos en tímpano sobre las entradas resultan ya medio patéticos, de quinta suburbana. Tramutola cuenta que está conversando con la empresa para que ponga en valor el frente.

El otro caso especial es la llamada casa de Rivadavia, un raro sobreviviente colonial. Lo que queda de la casa es el frente, un ambiente en planta baja y un par en el primer piso, ya que todo lo demás fue demolido hace años y de mala manera para hacer un estacionamiento. Hace un par de años se realizó una restauración parcial pero solvente, en la que se salvó del colapso total la torrecita de la terraza, casi demolida por un árbol que creció en una grieta. La casa guarda curiosidades como la tal vez última pared revestida con bosta, material muy común hace tres siglos. Esta pared, interna, conserva su entramado de cañitas y exhibía su revoque tan peculiar. Tramutola cuenta que el dueño actual se entusiasmó con la idea de hacer una restauración completa del frente, revirtiéndolo a su estado original, por lo que ya se está reuniendo material gráfico para ver cómo era, tarea nada fácil.

Recorrer estas cuadras permite ver que caen en el proyecto predios de todo tipo. Algunos necesitarán un trabajo extensivo, como los tres pequeños edificios de renta, muy averiados, del 200. Otros serán arreglados por sus dueños, como el edificio que ya se recicla para hotel boutique o la sede del Museo del Grabado, una casona criolla que está por volver a la Agencia Télam. Y, por supuesto, hay que esperar que se termine la iglesia de San Francisco, lo más grande de este tramo de la calle, que lentamente va recuperando su espléndido exterior barroco mitteleuropeo.

La segunda etapa ya está en la fase de pliegos de licitación e incluirá 22 edificios entre Belgrano e Independencia. La regla será la misma: convenio con privados que no puedan pagar su obra. La idea es también ser prácticos a la hora de decidir la intervención, respetando lo que uno encuentre. Es por eso que ya se ven edificios pintados a nuevo, aunque no corresponda al planteo original del frente. Es que eran edificios ya pintados y no se trata de hacer ahora, y a costas del fisco, una carísima restauración. Los que no hayan sido arruinados de esta manera serán lavados y puestos en valor como corresponde.

Tramutola explica que el Casco Histórico “es un bien público”, lo que explica que la Ciudad haga esta inversión. El coordinador espera que estas obras “prendan la mecha” y disparen un efecto de imitación en la zona. Ya hay varios casos de privados arreglando fachadas o reciclando edificios muy baqueteados para usos comerciales nuevos, y lo que se quiere es acelerar esto. Tramutola señala que en otro nivel esto ya está pasando. Cuando se bajaron algunas marquesinas ilegales y se hicieron multas por cartelerías sin autorización, varios comerciantes bajaron las suyas sin que los obliguen. Hay cuadras del casco que ya tienen un aspecto más despejado sólo por esta limpieza.

De todos modos, nadie se engaña de que esto cambiará completamente San Telmo. “No podemos arreglar todo”, dice Tramutola, consciente de que se habla de cientos de edificios. El coordinador, que pone como modelo de gestión patrimonial nada menos que La Habana Vieja, piensa que una buena herramienta puede ser el poco conocido Fondo Metropolitano de las Artes, capaz de dar subsidios como el que se usó para arreglar el edificio francés de Defensa y Humberto Primo. Esto bajaría costos, dejaría la iniciativa más en los privados que en los públicos, y acortaría por mucho los tiempos.

Mientras, ya hay tres edificios en valor, dos en obra y seis listos a empezar, en cosa de tres cuadras. No es poco.

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Imagen: Pablo Piovano
 
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