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Sábado, 18 de julio de 2009

Un caso del 900

En esa cuadra vieja de la calle Estados Unidos se alza una casa muy entera, que está a punto de demolerse. San Telmo Preserva se movilizó y se encontró con una sorpresa verdaderamente inesperada.

 Por Sergio Kiernan

El 18 de junio, una vecina de San Telmo pasaba por la cuadra de la calle Estados Unidos entre Bernardo de Irigoyen y Tacuarí. En la vereda sur, vio salir de una vieja casona unos obreros llevando maderas y vigas. La señora se acercó a mirar y los albañiles, cordiales, le dijeron que se apurara a sacar fotos porque la casa se demolía. A la señora le extrañó porque, al fin y al cabo, estaban en pleno San Telmo, en pleno casco histórico. Y por eso les mandó un mail a sus vecinos de San Telmo Preserva. Así empezó una historia que puede clasificarse entre los dolores de parto del sistema porteño para preservar el patrimonio.

Este año, la Legislatura sancionó la ley 3056, que amplía la vieja 2548 a toda la ciudad y hasta fines de 2010. El mecanismo se basa en una idea de la diputada Teresa de Anchorena (CC), presidenta de la Comisión de Patrimonio, que había presentado un proyecto general de protección para todo edificio anterior a 1941. En esencia, ésa es la actual ley, que prohíbe demoler o alterar cualquier edificio anterior a esa fecha sin un trámite especial.

Este trámite le saca al Ejecutivo el monopolio de la autoridad, en el sentido de que no puede interpretar solito la ley. Cuando alguien pide autorización para demoler o modificar un edificio, en ventanilla se fijan en la edad del edificio. Si es de 1940 o antes, la carpeta se envía a una entidad llamada Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales. El CAAP tiene un plazo perentorio para pronunciarse por sí o por no. Si no encuentra méritos para preservar el edificio, devuelve el asunto al Ejecutivo para que se autorice la demolición. Si los encuentra, la carpeta va a la Legislatura para que se catalogue por el bizantino trámite normal, con lo que el bien queda inhibido hasta que los diputados decidan.

La casa que vio la señora en Estados Unidos 946 claramente cae dentro de la ley. Es de esas casas en PH, planta baja y un piso, muy argentinas y con ornamentos afrancesados que no alcanzan para hacerla francesa. Como se ve en la foto, las herrerías bombé son canónicamente afrancesadas, igual que la decoración del balconcito a la izquierda, que se une con gracia a la linda máscara femenina. El edificio está obviamente baqueteado y mal utilizado, pero íntegro, sin patologías ni grietas. Hasta el símil piedra de la fachada está entero, con todos sus ornamentos en su lugar.

Es por eso que en San Telmo Preserva asumieron que se trataba de otra demolición clandestina y se movieron a toda velocidad. La misma noche del mail se comunicaron con el diputado porteño Patricio Distefano (PRO) que, al día siguiente, 19 de junio, mandó a un asesor a ver el lugar. La casa estaba vacía y cerrada, con lo que no hubo manera de comprobar nada. Distefano prometió seguir el tema y consiguió inspecciones de la Dgfyco, la entidad municipal que fiscaliza y controla las obras. Los inspectores eventualmente encontraron a alguien en la casa, pero no pudieron clausurar la obra porque no había ninguna: la demolición no había empezado y no había nada que sancionar.

Así siguió el asunto hasta que se supo que este miércoles se hacía el remate de materiales de demolición de la casa. Este tipo de remate es un siniestro velorio para una casa patrimonial. Uno entra y se encuentra el edificio con cada elemento removible decorado por una etiqueta con un número. Pinoteas, rejas, puertas, ventanas, vitrales, pisos de mosaico, escalones, mármoles... todo es ya un lote que se entregará al mejor postor cuando se realice la demolición.

El diputado Distefano llegó al remate con dos inspectores y sabiendo que el Ejecutivo no había dado permiso para ninguna demolición. El dueño del edificio, muy airado, discutió con el diputado y lo dejó asombrado con un argumento ilevantable: era cierto que todavía no tenía el permiso de demolición y por eso no había demolido la casa, pero él ya sabía que el CAAP la había autorizado, por lo que el permiso era sólo cuestión de tiempo, de trámite. Cuando tuviera los papeles, les entregaría a los compradores sus materiales. Distefano se retiró y los inspectores nuevamente no tuvieron nada que clausurar.

De vuelta en su despacho de la Legislatura, el diputado averiguó que efectivamente el CAAP había considerado la casa de Estados Unidos 946 y no había decidido inhibirla. Italianamente enojado, Distefano presentó el mismo jueves un proyecto para catalogarla y se ocupó de que el Ejecutivo quedara avisado para prohibir su demolición. Este paso de fuertes consecuencias, el diputado lo explica diciendo que “toda la legislación patrimonial fue hecha para un inmueble como éste. No es una pieza única, una maravilla arquitectónica, pero tiene valor arquitectónico, es parte de un contexto, está pegada al APH de San Telmo y está dentro de su futura ampliación. No entiendo por qué el CAAP no la protegió y por eso propongo catalogarla con el grado cautelar”.

Resultó imposible para m2 leer los considerandos de la decisión del CAAP, pero la información parcial disponible parece indicar que fue justamente una cuestión de contexto lo que hizo tomar una decisión negativa. El lado sur de esa cuadra arranca en Tacuarí con un enorme y muy noble garaje –un edificio bien construido para esa función allá por los años veinte, y no una de esas playas de morondanga de hoy–, pero contiene un par de casas abominables y una de esas torres que le darán por siempre un mal nombre al Fonavi, en la esquina de Bernardo de Irigoyen. Pero este lado sur maltratado hace pendant con un lado norte mayoritariamente de época, con lo que el tema del contexto en todo caso será un empate.

Patricia Barral, de San Telmo Preserva, opinó que en caso de empate hay que decidirse por la preservación, ya que una demolición no tiene retorno. Y explicó una vez más que los vecinos del barrio ven el contexto no sólo en términos de calidad arquitectónica sino de continuidad. “Este es un barrio donde importa que siga estando lo que ya está”, dijo, “y no nos importa tanto que ‘quede lindo’ si se altera el contexto”.

La situación es, entonces, nueva. La ley de preservación y sus mecanismos crearon la primera contradicción entre patrimonialistas, lo que abre una agenda entera. Es la hora de ocuparse de los grises, y no sólo de los blancos y negros de la piqueta y la preservación.

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