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Sábado, 26 de septiembre de 2009

A lo grande

Mar del Plata será escenario del evento de diseño gráfico más imponente de Latinoamérica. TrimarchiDG, una movida que cumple ocho años y lo festeja, como siempre, a lo grande.

 Por Luján Cambariere

Si se le quería bajar el perfil o, hablando en criollo, el copete, a la profesión, el TrimarchiDG no es la ocasión. Es que en esos encuentros los disertantes hablan subidos a un escenario frente a tribunas del Polideportivo de Mar del Plata, colmadas por más de 5000 espectadores (estudiantes, profesionales y fanáticos del diseño) que compran su entrada cual recital de rock por Ticketek. Es que música, emparentada a lo visual a través de la movida vjs, tampoco falta con las fiestas Buenas Noches TRImarchi, otro condimento esencial de estos encuentros que toman por tres días –en este caso el próximo viernes, sábado y domingo– la ciudad balnearia.

Fuera de estas curiosidades –hay que destacarlo–, en tiempos de vacas flacas, donde en diseño a nivel eventos pasa poco (por no decir nada), los jóvenes TrimarchiDG –Sebastián Acampante Valdivia y Pablo González alias Pacheco– sostienen un encuentro que es el más importante de Latinoamérica en su género. No sólo por la cantidad de público que convocan, sino por los personajes que reúne. Desde los inicios han pasado profesionales de la talla de Stefan Sagmeister, Büro Destruct, Lobo, Paula Scher (Pentagram), MK12, Seymour Chwast (Pushpin), Friends With You, Design-Tourist, Sid Lee Collective, No-Domain, Diego Giaccone, Alejandro Ros, Ronald Shakespear, Doma, Fase, America Sánchez, Marian, Bantjes, Psyop, Joshua Davis, Hort, entre otros). Conferencias, talleres, exhibiciones, fiestas y todo tipo de intercambios con el eje en la gráfica y sus parientes cercanos –ilustración, motion graphic, tipografía, character design–.

¿Este año? Llega para alegría de muchos una leyenda, inspirador de varias generaciones de diseñadores gráficos: el norteamericano David Carson. A él se suman los españoles del multifacético estudio Area3 y Alex Trochut, tipógrafo revelación con trabajos tanto para Nike como para músicos como los Rolling Stones, Istvan Orosz de Hungría, Grandpeople de Noruega, Colletivo de Brasil y The President de Africa. Y los locales Zalma Jalluf y Juan Pablo Cambariere.

PALABRA DE ESPECIALISTAS

Mientras tanto, algunos de los popes locales cuentan su experiencia Trimarchi, como adelanto de futuros debates. Tres nombres reconocidos, merecedores cada uno de una nota en sí misma: Laura Varsky, diseñadora e ilustradora especializada en discos, ganadora de un Grammy Latino por la dirección de arte de “Café de los maestros”; Alejandro Paul, tipógrafo de fama internacional, miembro fundador del proyecto Sudtipos, el primer colectivo tipográfico de Argentina, y Christian Montenegro, otro de nuestros ilustradores estrella.

–¿Cómo supieron de Trimarchi?

Laura Varsky: Durante muchos años di clases en la Universidad de Buenos Aires los viernes a la noche y lo primero que noté es que cada vez más alumnos dejaban de asistir a la facultad para el mes de octubre. Algo estaba pasando.

Alejandro Paul: Los conocí por medio de Diego Giaccone cuando vinieron a filmar una charla que dimos con Sudtipos en el C. C. Recoleta para el ciclo T-Convoca. Luego surgió la invitación para dar una conferencia en Mar del Plata.

Christian Montenegro: Cuando daba clases en la UBA, escuchaba de pasada a los alumnos comentar acerca del evento. Pero no tenía una idea muy formada del mismo. Para mí era un evento que se realizaba un fin de semana en Mar del Plata y asistían muchos alumnos. Y las aulas de la facultad ese viernes quedaban vacías. Siempre soy el último en enterarme de lo que está pasando.

–¿Cuál fue el primero del que participaron?

L. V.: En el 2007. Ese año había decidido ir sí o sí a ver en persona de qué se trataba (como dije antes, los viernes en ese entonces daba clases y nunca había podido asistir por eso mismo). Justamente ese año me invitaron a dar una charla, así que con aún más razones pude concretar mi visita a Mar del Plata.

A. P.: El primero al que asistí fue al mismo en el que di mi charla. Fue en el año 2006. Luego me invitaron a dar un taller en 2008.

C. M.: Fue en el 2007, en 2008 estuve como público.

–¿Qué le parece el evento? ¿Qué es lo más interesante?

L. V.: Lo primero que pienso cuando reflexiono sobre este tipo de eventos es: “Qué pena que no existían cuando yo estudiaba”. Tal vez es más conocido, justamente, por lo que les propone a los estudiantes: la posibilidad de escuchar, de primera voz, de qué se trata ser un profesional del diseño. Tener al alcance de la mano una tormenta de imágenes inspiradoras y disfrutar del clima festivo que rodea Trimarchi. Pero desde el punto de vista profesional es enorme lo que crecí asistiendo al evento. Tuve la posibilidad de conocer gente muy interesante, de descubrir que trabajar en diseño es igual de arduo y motivador en cualquier lugar del mundo, pude entender mejor dónde estamos posicionados los argentinos y nuestro hacer, qué es aquello que nos diferencia y aquello que aún nos queda por aprender.

A. P.: Lo más interesante para el espectador es tener la posibilidad de ver juntos a distintos exponentes del diseño internacional y local en un marco increíble, por lo gigantesco y el clima de fiesta que se vive. La asistencia enorme de público denota un fenómeno de necesidad de apropiarse de experiencias. Como conferencista, tener la posibilidad de intercambiar experiencias con colegas de afuera es muy significante.

C. M.: Lo que me parece más interesante es el intercambio. Gente de todos lados de Sudamérica, concurriendo a un mismo espacio para ver diseño de todas partes del mundo. Especialmente me gusta enterarme de qué está pasando en Brasil.

–¿Alguna anécdota o buena experiencia vivida en ese marco?

L. V.: Muchísimas, sin dudas. Desde lo personal para mí fue muy buena experiencia poder dar un workshop para gente de Brasil, Ecuador, Perú, Colombia y Argentina al mismo tiempo. Fue muy interesante estudiar las diferentes reacciones frente a una misma consigna y las distintas búsquedas que se disparaban en cada caso. Sin dudas, culturalmente Latinoamérica tiene matices y texturas que nos diferencian y enriquecen muchísimo.

A. P.: Haber tenido una charla con Paula Scher de Pentagram y que me diga que ha usado alguna de mis tipografías. Haberme reencontrado con Eike de Hort o Joshua Davis en otro evento en Berlín y compartir, esta vez en lugar de vinos locales, unas cervezas alemanas.

C. M.: Una buena experiencia de mi primer Trimarchi fue, primero una discusión con Tohyto (No Domain) en el workshop de Büro Destruct acerca del arte (discusión bizantina si las hay) y una noche después tratar con él de definirle a un diseñador alemán que caracteriza al diseño latinoamericano. Me parece que es un buen reflejo del espíritu de intercambio que se genera.

–¿Qué tienen de bueno este tipo de encuentros?

L. V.: Ante todo la diversidad que hay en el público, se acerca gente de todo el continente. Además Trimarchi tiene una sección que no he visto en otros congresos y es la de “estudiantes seleccionados”. Estudiantes de toda Latinoamérica envían proyectos en los cuales estén trabajando y los organizadores del evento seleccionan tres para que expongan sus trabajos frente a la audiencia. Creo que es muy valioso el hecho de darles un lugar a los que recién comienzan y, además, he visto ponencias muy interesantes. Recuerdo especialmente una de Perú que trataba sobre un trabajo de análisis de la gráfica popular de Lima. Genial.

A. P.: Creo que es por decantación, es una experiencia visual que es muy difícil de digerir en tres días, creo que con el tiempo, al decantar, suma formación a los estudiantes. Si bien no son clases magistrales, son motivadoras. Los estudiantes necesitan estos intercambios y sobre todo si están descentralizados de la Ciudad de Bs. As. El evento se transforma en una especie de minivacación con pares. Con que el 10 por ciento se vaya con inquietudes para su futuro creo que ya es un éxito.

C. M.: Aprendo mucho, estoy muy atento a las presentaciones de los invitados. Es mucha gente, muchas conversaciones.

–¿Y para un tipógrafo, que de algún modo se maneja en un mundo diminuto y más puertas adentro, disertar en una exposición tan tremenda?

A. P.: Hablar una hora y media sobre tipografía para 4000 personas es algo irreal, único. Si bien la tipografía aparenta ser algo diminuto está en la esencia del diseño y de la comunicación. No existe prácticamente el diseño sin tipografía y muchas veces es ignorado por los mismos diseñadores y docentes y hasta universidades nacionales.

–¿Cuál creen que ha sido de algún modo la clave del éxito de estos chicos?

A.P.: Ser pares de quienes asisten, saber elegir a los conferencistas, darle un clima no académico, vincular distintas áreas del diseño (sobre todo las que surgieron post-2001), ser consecuentes.

–¿Está bueno que sucedan estos encuentros o ponen al diseñador en un lugar de rock star?

L. V.: Desde ya que está bueno que suceda. Pero es cierto que se ubica al diseñador en un lugar que no le pertenece. Creo que la responsabilidad de desmitificar esa idea del diseñador como un ente cool, creativo y genio apartado del mundo del esfuerzo, está en nosotros (diseñadores profesionales). Ya lo dijo Saul Bass: “Una de la dificultades con que tienen que lidiar los jóvenes diseñadores y los estudiantes es que ven el producto final. No tienen conocimiento del proceso. Pueden tener la ilusión de que estas cosas realmente surgen espontáneamente de la cabeza de algún diseñador. Esta es una percepción muy desconcertante para los jóvenes”. Muchas veces tengo la sensación de que se mira más al diseñador que al trabajo de diseño que realiza. Trimarchi es una buena oportunidad para decir y mostrar que el diseñador es, ante todo, un trabajador incansable.

A. P.: El evento por su magnitud los vuelve un poco estrellas de rock, pero cuando volvés a tu casa y tenés que sentarte a laburar, se te acaba el mito. La posibilidad de que todo se sepa y vea en Internet magnifica todo. Ya no se sabe qué es de verdad y qué no.

C. M.: En mi caso no voy a ver a una estrella de rock, voy a conocer el trabajo y la filosofía de otra persona. Voy a aprender de él y reflexionar sobre lo que estoy haciendo y cómo.

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