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Sábado, 28 de noviembre de 2009

El arte de la mezcla

En el Año de Francia en Brasil, el curador ítalo-argentino Nicola Goretti, responsable del desembarco de las muestras Le Corbusier, entre dos mundos y Saint Etienne, Ciudad de Diseño nos cuenta cómo se hace.

 Por Luján Cambariere

Si tuviéramos que presentarlo en cualquier otra parte del planeta diríamos que es un arquitecto italiano que reside en Brasilia, uno de los nombres fuertes del diseño actual, curador, consultor y director de proyectos de diseño más importantes.

Como lo hacemos desde aquí, nos toca decir que, además de italiano y brasileño, Nicola es un poco argentino (se crió y se recibió de arquitecto por aquí, tiene familia y amigos) y por eso sin duda vemos con especial cariño y admiración el continuo crecimiento y proyección de su trabajo a nivel internacional. Megaeventos que involucran diseñadores de todo el mundo, co-curadurías con personajes de la talla de Paola Antonelli (curadora del departamento de arquitectura y diseño del MOMA), proyectos de artesanía y diseño que involucran cientos de regiones y personas, evidencian su obsesión y profesionalismo. Por eso, de nuevo, con la confianza que nos da sentirnos algo compatriotas y abusando del cariño especial que nos tiene y cierta esperanza ciega de que en algún momento la suerte también cambie para nosotros, nos animamos a indagar en cómo lo hace.

Muy especialmente, el marco de las conmemoraciones del Año de Francia en Brasil lo tuvo como uno de los principales protagonistas. Goretti con su team –Grupo AG– se ocupó del desembarco galo a su modo: con contenido, invitando a la reflexión y al intercambio. Básicamente a través de dos muestras que itineraron (y lo siguen haciendo hasta 2010) por las ciudades más importantes de Brasil (Río, Brasilia, Belo Horizonte, Curitiba y San Pablo) con lo mejor de dos mundos. Pasado a través de Le Corbusier, entre dos mundos y un futuro, sobre todo sostenible, a través de Saint Etienne, Ciudad de Diseño. Esta última, una exposición fruto de la Bienal Internacional de Design de Saint Etienne 2008, que suma el Mini City Eco Lab, un evento a cargo de John Thackara, con ejemplos en pos de una realidad sustentable, y Flight Number 10, una selección de jóvenes talentos egresados de la Escola Superior de Arte e Design de Saint Etienne, compuesta por algunos de los nuevos diseñadores franceses que trabajan en la escena internacional.

–¿Cómo comienza tu relación con Francia?

–Hace dos años que Brasil se prepara para recibir más de 500 eventos culturales provenientes de Francia. Proyectos pensados entre ambos países. O Ano da França no Brasil tuvo inicio en abril de este año, para proyectarse en todo el país hasta noviembre. Con un número en aumento en lo que se refiere a las relaciones comerciales y políticas, el aspecto cultural se presenta como el arma más eficaz de divulgación para este encuentro entre ambos países. Brasil, además, apuesta fuertemente con aportes financieros, también en aumento desde el comienzo de la era Lula. Es un caso único para este país: empresas, gobiernos, curadores y productores actuando en un territorio inmenso, democratizando la cultura y promoviendo negocios. Durante 2008, instituciones francesas y brasileñas se comunicaron con mi oficina, Grupo AG, movidos por algunas otras propuestas e intenciones para conmemorar el Año de Francia en Brasil. Finalmente, el Ministerio de Cultura de Brasil y Cultures France nos propusieron montar cinco eventos para algunas ciudades del país. Precisamos meses para armar un menú de patrocinadores que soportasen económicamente lo que queríamos, y más de seis meses para pensar una estrategia de comunicación local e internacional. Un trabajo que dependió exclusivamente de la unión de un gran número de personas, muchas de ellas formidables. Así fue como elegimos trabajar sobre todo con design y arquitectura, que son nuestras áreas preferidas, junto a temáticas como sustentabilidad y ecología. Pensar profundamente sobre esto es lo que deseábamos, comunicando de otra manera para, en definitiva, promover el país.

–Más allá de celebrarse el año, ¿qué aporte positivo le da Francia a Brasil?

–Los ojos del mundo están puestos sobre Brasil. La cuestión económica, el deseo de que Brasil sea realmente el pulmón del planeta, el resurgimiento de un nuevo Tropicalismo, la alegría (absolutamente verdadera), su cualidad antibelicista y otras cuestiones, lo colocan en los primeros lugares de la lista de los países posibles, aquellos que pueden definir un futuro mejor. Los negocios y la llegada de aportes y recursos financieros para miles de proyectos inducen a formar sociedades y compromisos con este país. Francia tiene puestas aquí las garras para promover una economía entrelazada. Todos los proyectos que estamos realizando en mi oficina tienen como primer objetivo promover una visión clara de lo que está sucediendo de nuevo aquí y, en enlace con Francia, está funcionando muy bien, desarrollando un trabajo, por ejemplo, con una ciudad francesa que se ocupa del desarrollo de design como motor de la economía local como sucede con Saint Etienne, desde la educación hasta la producción, un fenómeno que podría replicarse en Brasil, trayendo así dividendos, intercambio de tecnologías. Es así como Francia se convierte en un socio activo en este momento, trasladando conocimiento y experiencias en este territorio tropical. Una unión que traerá beneficios a ambos. Se trata de comunicar lo mejor de ambas culturas, junto a la diversidad que le son propias, promoviendo esperanza, sin peleas políticas, ni excesos de sus gobernantes.

–¿Por qué elegiste o eligen desarrollar estas dos muestras, Le Corbusier y Saint Etienne?

–Ninguno de los trabajos que desarrollamos durante 2009 pretendió simplemente exponer o mostrar cuestiones ajenas a Brasil. En Le Corbusier, entre dos mundos trabajamos junto al arquitecto Jacques Sbriglio, pensando en la presencia de lazos entre Le Corbusier y este país. El impacto de la llegada del arquitecto a estas latitudes ha sido profundo por lo que vemos reflejado en sus dibujos y los trazos desde el agua. Su emoción frente a la naturaleza, las montañas, el paisaje y un tejido urbano que se acomodaba a los cerros de Río de Janeiro. Recrear un pensamiento frente a esta realidad tan diferente debió ser su desafío. Mostramos estos dibujos como testimonio de una sensibilidad particular, para luego centrar la muestra brasileña en los trabajos franceses de su madurez, y en la discusión de un posible legado brasileño presente en las formas orgánicas de la obra tardía, su plasticidad intrínseca, la elocuencia de los colores, las siluetas. Le Corbusier había realizado varios viajes a Brasil, y ese impacto se traduce en algunos de los trabajos de los últimos 20 años de su vida. Expusimos no solamente los dibujos y planos de arquitectura junto a las maquetas sino también la escultura, la acuarela y pintura, la tapicería y la fotografía, ayudándonos a comprender varias cosas ligadas a este lugar. Fue particular compartir con el público de cuatro ciudades brasileñas esta experiencia, jóvenes que no conocían la obra y grupos de niños de las escuelas públicas. Para Saint Etienne, Cite du Design, trabajamos junto a una persona formidable, Josyane Franc, y con su equipo de profesionales de la ciudad francesa. Una simple exposición de objetos y una serie de paneles sobre las cuestiones del design y la ciudad ponen en relieve los problemas ligados a la desaparición de los recursos naturales, y cómo el design puede colaborar promoviendo nuevas fuentes de energía alternativa y proyectos comunitarios que mejoren la calidad de vida de las personas. La ciudad de Saint Etienne tiene una historia curiosa, permaneciendo por muchos años con un estigma desfavorable: ser un lugar de fabricación y producción de armas para la guerra, entre otras cosas. Una escuela de design fundada hace menos de dos décadas y su reciente Bienal de Design la alejó de este papel lamentable refundándola, por decirlo de algún modo. Pensar, de nuevo, en una nueva identidad, un proyecto pensado por la gente del lugar. Mostrar y discutir esto en Brasil es pertinente, pues las ciudades mantienen un crecimiento caótico sin conseguir enfrentar las devastadoras consecuencias provocadas por el deterioro de los centros urbanos, la violencia de las periferias, la miseria social. ¿Puede ser exportado un modelo tipo Saint Etienne en América latina? No lo sabemos con certeza, pero podemos asegurar que acciones similares a las expuestas en el evento brasileño serían bienvenidas. Hubiera sido fantástico mostrar y discutir algo de esto en la Argentina. Tal vez provocaría una impasse momentánea a los conflictos cotidianos, dirigiendo la mirada hacia otros temas de índole constructiva. El buen design tiene realmente un poder unificador. Consigue explicar sin sobreentendidos las mismas cosas a una sola persona, a un grupo, a una comunidad. Cuando entendemos de lo que se trata, inmediatamente pasa a ser parte de nuestra propiedad, un saber común.

–¿Qué es lo que rescatás del diseño francés?

–Difícil dar una explicación presente sobre el design francés, pues lo que vemos en la actualidad es siempre una manifestación del pasado. Como sabemos, a diferencia del design italiano que siempre fue promovido por la industria y el sector privado, el francés es soportado por el aparato público, definiéndose de otra manera. Sabemos también que las escuelas de Bellas Artes del siglo pasado hicieron que ese diseño permaneciera por más tiempo en territorios de indefinición, entre el decorativismo y los procesos industriales que tardaban en consolidarse. El surrealismo, entre otros movimientos artísticos, cumplió seguramente un papel muy fuerte en las artes menores, sin hablar de la literatura y, principalmente, la poesía. Al ver las colecciones de diseño en los museos, comprendemos una cualidad híbrida alejada de la puramente funcional. A veces parecen objetos pesados como un juguete, un aparato entre mecánico y artesanal. Existen algunos excelentes designers argentinos que siguen un pensamiento similar. En los últimos 20 años, el diseño francés ha intentado abrirse camino en un panorama muy competitivo. Seguramente con la desaparición de la primacía del italiano (que viene sucediendo hace décadas también), los demás países han ganado terreno con voracidad. Hoy resulta difícil reconocer las procedencias del design contemporáneo, pues hablamos de nombres y no de escuelas o países en general. Me gustan mucho los personajes como Matali Crasset, con un pensamiento diferenciado en una estética única, o los bellísimos trabajos de los hermanos Bouroullec y Roxane Andrés, también presentes en la muestra brasileña.

–¿Cómo es tu experiencia en el contexto Brasil?

–Desde que me fui de la Argentina, hace 10 años, trato de sacar una conclusión posible sobre los puntos de contacto entre ese país y el Brasil. En qué se parecen y en qué se diferencian. No he tenido mucho éxito. Son dos países limítrofes que poco tienen que ver en su forma de pensar y moverse. Cada uno con sus virtudes y defectos no consiguen tener muchos vértices en común. Desde el comienzo mi impacto tuvo que ver con la enormidad del lugar y su riqueza cultural. La “mixidad” social es sorprendente, y posiblemente esto hace que el país esté en movimiento continuo, inquieto. Presencié en estos años la apertura del Brasil hacia afuera, y la extrema curiosidad del exterior por este lugar. Todo ha cambiado en poco tiempo, las escuelas de design se han poblado, la producción de tecnología y mobiliario ha crecido como nunca y las ciudades han comenzado a entender su papel protagónico. Son decenas de ciudades que tragan las periferias y sus comunidades próximas para convertirse en metrópolis. La aparición de nuevos museos ha recalentado la actividad cultural como nunca, y los contactos con el mundo externo se han extendido. No faltan proyectos para desarrollar, ni voluntad. Un ambiente natural y bastante propicio para la construcción de ideas y la falta de belicosidad en sus habitantes y gobernantes han llevado a un crecimiento sustentable.

–¿Cómo sigue este año?

–Estamos desarrollando algunos proyectos para el próximo año con Italia pues, el 21 de abril, Roma y Brasilia cumplen años. Lo anecdótico es que la capital brasileña cumple 50 años, una fecha para conmemorar. Los proyectos están centrados en el diseño italiano cruzado con el arte popular brasileño, el cine de ambos países, la fotografía y la arquitectura. También trabajo en un proyecto de artesanato con design en el Amazonas. Nuestra intención es poder desarrollarlo de manera más amplia a partir del próximo año. Deseamos llevar a cabo un viejo anhelo con el Japón, una muestra particular de la artista Mariko Mori sobre obras, piezas, pequeños “edificios” en tres ciudades brasileñas. Y estamos comenzando a pensar una posible plataforma para una Bienal de Design en 2011. No sabemos aún si será posible. La temática americana será nuestro foco. Mientras tanto, esperamos aprovechar lo que este lugar nos regala.

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EN EL MARCO DE FLIGHT NUMBER 10, EL RELOJ DIGITAL CITRUS QUE FUNCIONA GRACIAS A LA ENERGIA QUE PRODUCE LA OXIDACION DEL LIMON, DE ANNA GRAM; Y EN TAPA LA ALFOMBRA PRODUCIDA CON PELOTAS ANTIESTRES DE RAPHAEL GALLEY.
 
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