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Sábado, 26 de marzo de 2011

La plazoleta más cara de la ciudad

Es una curvita para desviar el tránsito en Anchorena y Pueyrredón, pero cuesta 400.000 pesos. Como hace dos años, cuando también había elecciones, la obra es de la Subsecretaría de Atención Ciudadana, que descubre su vocación constructiva en cada campaña electoral.

 Por Sergio Kiernan

Hace dos años fue la primera, ahora es la segunda. Como despertando con cada campaña electoral, la Subsecretaría de Atención Ciudadana que depende de la Jefatura de Gabinete porteña volvió a hacer una obra pública. Sin temor a repetirse, la subsecretaría hizo otra vez una plazoleta y otra vez la hizo a un precio de escalofríos, completamente inflado.

En esta campaña electoral, la obrita elegida es una “curvita” para redireccionar el tránsito en la Avenida Pueyrredón, justo donde se abre Anchorena, a metros de Peña. A primera vista, la curvita es perfectamente inútil, ya que lo único que hace es bloquear la natural apertura de Anchorena desde la avenida. Pero sirve para que los autos que salen de la avenida por esa calle tengan que bajar la velocidad, cosa nada fácil en esta ciudad, sin necesidad de un semáforo. Como Pueyrredón es ahora doble mano, una detención allí sería un problema. Con la curvita se puede cruzar Anchorena sin riesgo de vida y más o menos sin afectar el tránsito.

Lo que hubo en ese lugar de la ciudad hasta este año fue uno de esos recortes de vereda mal armados y feos, que los vecinos –que no te perdonan una– transformaron en un basural, como les pasa a los no lugares. Con lo que no está mal hacer algo al respecto.

Como siempre, el problema empieza con lo que hace en concreto esta gestión. Esta modesta ampliación de vereda se transforma, pomposamente, en “plazoleta”, y por lo que se puede ver es un objeto refunfuñado de tan complicado: tiene forma de Clave de Sol, rejas por todos lados y un objeto extraño, redondo, que está creciendo en hormigón.

Esta sería una nota más sobre el mal gusto público si no fuera por la información que aporta el cartel amarillo de la obra. Resulta que el expediente 948283/10 le adjudica la obra a la empresa Caramian Sacific, cuyo responsable técnico es un ingeniero epónimo con matrícula 835. La obra tiene un plazo de 120 días y, atención, un presupuesto de 422.070,25 pesos.

Más de cien mil dólares para un ensanche de vereda que tiene, en el peor de los casos, treinta metros de largo y seis en la parte más ancha. Si se le concede al gobierno porteño que esta obra tiene unos 150 metros de superficie, resulta que se paga unos 600 dólares por metro cuadrado de vereda con rejita y escultura de hormigón. Y eso es un precio notable hasta para esta zona tan cara de Recoleta, donde por cien mil dólares se consigue un buen departamento que no sólo tiene piso sino hasta paredes, techos y ese lugar tan caro, un baño.

Pero lo que ocurre aquí no es apenas ese síntoma de incompetencia de la cosa pública, que acepta pagar tres o cuatro veces de más sin siquiera necesitar hablar de corrupción. El tema es que la Subsecretaría de Atención Ciudadana del macrismo funciona como un reloj y cada vez que hay una campaña electoral, actividad carísima, se aparece metida en una obra pública llamativamente sobrevaluada.

La entidad se dedica, como su nombre lo indica, a atender a los ciudadanos. Es la responsable directa de los CGP porteños, de los números de atención de reclamos y de su seguimiento, tareas todas cumplidas dudosamente. En ninguna parte dice que la subsecretaría tiene que meterse en construir cosas.

En 2009, la subsecretaria era Gladys Esther González, que ya no está entre nosotros porteños porque ese año se hizo elegir diputada bonaerense. González se despidió de la gestión en nuestra ciudad con una obra que recuerda a ésta, la Plazoleta de las Madres y tres cuadras de su “entorno”. En este caso, la tal plazoleta también era apenas un divisor de tránsito en la esquina de Entre Ríos y Garay, un triangulito con farol, un par de árboles y una placa homenajeando a las madres –y no a las Madres, las de Plaza de Mayo–. González rehizo la vereda, cambió el farolito, plantó arbustitos, re-embaldosó en parte tres cuadras de la vereda oeste de Entre Ríos, llenó todo de canastos de basura, faroles y barras para estacionar bicicletas y se gastó nada menos que 532.800,50 pesos.

El defensor adjunto del Pueblo porteño Gerardo Gómez Coronado hizo un pedido de informes, que la funcionaria se tomó su tiempo en responder. Cuando lo hizo se vio que González hasta había mandado planos mal dibujados, con medidas falseadas, para hacer parecer todo más grande. Según ella, la obra abarcaba 1710,50 metros cuadrados más el cantero de 40 metros cuadrados en la plazoleta. Pero al medir las veredas en la vida real, resultó que la obra era de apenas 1100 metros cuadrados. Y al ver el detalle de lo contratado, se supo que cada árbol y cada arbustito habían costado 353 pesos, cada tacho de basura 1096 y cada metro cuadrado de vereda más de 400. Comparando estos precios con otras obras de la Ciudad, resulta que el sobreprecio era del 260 por ciento.

El actual subsecretario tiene el notable nombre de Eduardo Machiavelli y se desconoce si es candidato a algo para este año en que todavía no hay fecha de elecciones. Lo que sí aparece más claro es que Machiavelli está dispuesto a continuar la escuela de González con obras tremendamente sobrevaluadas en año electoral. Tal vez debería consultar con sus colegas de gabinete, para enterarse de que la Ciudad puede construir cosas así a unos 150 pesos el metro cuadrado, no a 600 dólares.

O tal vez este señor no tiene nada que consultar.

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