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Sábado, 28 de abril de 2012

Señales reales

En un caso de aplicación del diseño, la Feria del Libro renueva uniformes con un concurso

Cuando la Feria del Libro de Buenos Aires abrió sus puertas al público la semana pasada, otra fue la bienvenida, con un personal renovado a través de un elemento clave: su uniforme. Siempre se habla de lo crucial que resulta para la disciplina del diseño responder a las necesidades del mundo real. Y sin dudas esta oportunidad que brindó la Fundación El Libro, a través del (sino el) evento cultural más importante de la región, con más de un millón de visitantes y cuatro semanas de duración, habla a las claras del rol fundamental que puede tener la disciplina.

FUNCIONAL Y DEMOCRATICO

Lo hicieron a través de un concurso abierto a todos los diseñadores nacionales organizado por Satorilab, que tuvo como meta en tiempo record (las bases se difundieron en octubre, el ganador se reveló en diciembre y se destinaron los meses del verano para producirlos) dar vida a esta nueva propuesta. Y apuesta, porque desde el inicio la feria buscó evidenciar a través de esta prenda los cambios que está desarrollando en pos de acercarse cada vez más a la gente con el fin último de propagar el amor por la lectura.

“Ellos son la cara visible de la institución frente al público masivo. Dan la bienvenida al lector. Y esto es de radical importancia porque la feria se está transformando, busca actualizarse y acercarse aún más al público. Y por eso esperamos que estos cambios se hagan visibles, entre otras cosas, con esta renovación y actualización de los uniformes. Porque a la vez, desde ya, reconocemos en la disciplina del diseño una herramienta fundamental de comunicación”, comentan desde la fundación.

Un buen libro es un viaje, sin espacio ni tiempo. Sin límites ni requisitos. Una aventura apta para todos. Un vuelo en aras de la imaginación y el conocimiento. Si consideramos, además –como dijo uno de los padres del diseño–, que la arquitectura es un texto, los caminos de la literatura y el mundo del proyecto se unen. Por eso, más allá de vestir al personal de la feria que recibe al público, el objetivo del concurso fue inyectar vitalidad en estos hombres y mujeres que tienen la noble tarea de introducirnos en el fantástico mundo de los libros. “De contagiarnos el hábito de la lectura. De ayudarnos a cruzar esas fronteras, traspasar esos muros...”, con estas palabras se abría la convocatoria del concurso. Que además tuvo el lujo de contar con el apoyo de la empresa Santana Textiles, líder en la producción de tejidos denim (que confeccionó los uniformes utilizando su materia prima) en su apuesta continua por promover actividades con los futuros profesionales de una industria en franco crecimiento. Y el Centro Metropolitano de Diseño, que aportó el premio para el ganador entregado en el marco de la feria, el viernes de la semana pasada.

LAS PROPUESTAS

Como siempre ocurre cuando hay contenido que da pie al mundo del proyecto, se recibieron muchas propuestas, en este caso más de 250. De este amplio universo se preseleccionaron seis para realizar prototipos con el denim de Santana. Sobre la base de este diseño real, el jurado conformado por Camila Milessi y Emiliano Blanco –creadores de la etiqueta Kostume–, Alejandro Ogando –coordinador del departamento de Producto de Santana Textiles–, Anabella Rondina –coordinadora del área diseño del CMD–, Gabriela Adamo –directora de la Fundación El Libro– y los propios Luján Cambariere y Alejandro Sarmiento, de Satorilab, seleccionaron la propuesta ganadora.

Debora Hanko se alzó con el premio y la posibilidad de vestir con su delantal unisex con sistema regulable, detalles de pespuntes a contratono y varios bolsillos al personal de la feria.

Otros diseños igualmente destacables recibieron menciones especiales. De ellos recibió los elogios del jurado y la especial atención del público que va a la feria, el tapado símil Principito con frases estampadas de Manto Abrigos, etiqueta de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug. También el delantal inspirado en el estilo arquitectónico de la Biblioteca Nacional, de Agustina Troyer, y el chaleco de Romina Póveda y Paula Marín. Todo el proceso de selección y realización puede verse en un video que está siendo exhibido en la feria.

Volviendo a la propuesta ganadora, Adamo señala que “creo que el uniforme es cómodo y sobre todo muy visible. Hace que sea fácil identificar de lejos a nuestro staff. Y manda una señal muy clara de que la feria no es algo viejo y acartonado, sino vital y joven”.

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