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Sábado, 12 de mayo de 2012

Con fibra

Satorilab volvió a experimentar con la naturaleza, esta vez con el mimbre y el agua del Delta. Un rescate del saber artesanal y una materialidad sustentable.

 Por Luján Cambariere

Lo dijo Sarmiento en su momento: “Hoy, 8 de septiembre, planto con mis manos el primer mimbre que va a fecundar el limo del Paraná, deseando que sea el progenitor de millones de su especie, y un elemento de riqueza para los que cultiven con el amor que yo le tengo”. La frase queda rescatada en una recopilación de textos suyos sobre el Delta del Tigre editada el año pasado por sus doscientos años. Fue controvertido para algunos, pero tuvo su amor y su carácter visionario en asuntos que aún hoy continúan sin valorarse.

De nuevo y a cuenta del mimbre en el Delta, Sarmiento sostenía que “el trabajo del hombre en las islas vale diez veces más que la tierra”. Fue él quien le dio impulso a su desarrollo allá por 1855, junto a Bartolomé Mitre y al padre de Carlos Pellegrini, en un viaje iniciático cuando lo llevó a las islas. “El junco es el primer día de la creación de las islas”, decía poético. “El mimbre que hundiré en estas islas es el cumplimiento de su destino: de pequeñas y débiles varillas llegadas de los Andes se convertirán en árboles por la fertilidad del suelo de Buenos Aires”. Y continuaba: “El vapor América va al descubrimiento de un vellocino de oro, de un país que se llamará Utopía, si no tuviesen ya el nombre guaraní del Carapachay: país encantado. La tierra de las islas y el mimbre son el cuerpo y el alma: el uno completa a las otras. El mimbre crece en la humedad y a la orilla de las aguas, y es la red de la cual el agricultor se sirve para el mismo fin del junco. Pero el mimbre es una producción valiosa, que da ciento por uno y que satisface mil necesidades de la industria”, explicaba el prócer.

Qué paso desde entonces, cuando en la actualidad el oficio de los mimbreros se está perdiendo con ellos y el material poco se cultiva, por el retorno que le ofrece el mercado, da para largo y no es aquí el motivo. Sí, las estrategias implementadas por un diseño real y para la gente, que vea en necesidades y recursos propios la oportunidad de una innovación genuina.

WORKSHOP EN EL EDEN

Así apodaron los Satorilab su nueva inmersión en la naturaleza. Después de la rica experiencia de Hacer Cumbre, volvieron a invitar a estudiantes de todas las carreras de diseño a sumergirse, esta vez, en otro contexto y paisaje. Una conformación de serpentiantes riachos coronados por una vegetación selvática, exuberante, lujuriosa y única en el mundo.

Allí trabajaron durante la primera semana de abril, con el río Luján como telón de fondo en el Museo de Arte en el Delta Argentino (MADA) cedido generosamente para la ocasión por su creador, el artista plástico Miguel D’Arienzo, un icono del arte argentino, reconocido en el mundo por sus increíbles murales (allí funciona también su taller).

Mientras que fue la Subsecretaría de Cultura del Municipio de Tigre, en el nombre de Daniel Fariña, la que, creyendo en la iniciativa en pos de revitalizar la zona y dar nuevas oportunidades de trabajo, desde sus rasgos más identitarios, auspició la iniciativa y posibilitó, entre otras cosas, la participación de estudiantes de todo el país (llegaron alumnos de Córdoba y Tucumán, entre otros), el acceso a la materialidad y el intercambio con dos de los mejores maestros mimbreros. Pero fundamentalmente acreditó sobre el intercambio y sinergia de actores diferentes en pos del desarrollo local. Por eso al laboratorio le seguirá una muestra y transferencia de los objetos a una comunidad de artesanos, en pos de poder acercarlos mediante el diseño contemporáneo a nuevos mercados.

“El mimbre y el agua, fueron los ejes del taller. El agua que lleva y trae, el agua como vehículo, el río que siempre se renueva, algo patente en el Delta. Un compendio de riachos alimentados de muchas partes que recibe lo que le ofrecen, desde tronos, fibras, semillas, hasta descartes”, explica Sarmiento, en este caso Alejandro, diseñador industrial, fundador de Satorilab.

La idea fue encontrar nuevos usos al mimbre y combinar con aquellas cosas que trae el río a sus orillas buscando salir de su tradicional uso pero sin incorporar otras que sumen complejidad al momento de transferir las ideas. El Delta es un lugar inspirador por excelencia, que propone un tiempo sin tiempo, silencioso y calmo que ayuda a encontrar nuevas ideas más ligadas al espíritu de las personas. Un espacio para la exploración sin límites, sin especulaciones, ni autorías, en forma colectiva, rasgos distintivos del modo de enseñanza de Satorilab.

LOS RESULTADOS

Como ellos mismos sostienen, pasan sobre todo por lo inmaterial: nuevas visiones, experiencias, modos de hacer y de ser. Cuestiones de las que dan cuenta los protagonistas de la experiencia. “Poner las manos en movimiento, caminar más lento y reír más alto, darse el tiempo para entender la textura y jugar con la trama. Tramar algo y nada al mismo tiempo”, según la mirada de la diseñadora porteña Cecilia Sonzini. A lo que la tucumana Lidia Lescano agrega: “Una experiencia más que positiva. El agua, el mimbre, la necesidad y complemento de ambos. Uno no es sin el otro. Esa conexión con la naturaleza. Volver a lo básico. A la esencia. Al compartir en ese maravilloso paisaje. Un verdadero mimo al alma”.

Mientras que para el cordobés Hypo Cariddi: “La experiencia en Tigre con un material tan noble que la naturaleza nos comparte desde siglos, un grupo humano que entrelazando una y otra vez las fibras al estilo de los brazos fluviales que nos rodeaban y nos transportaron tantas veces, haciendo aparecer nuevas formas, transformando, conociendo la fuerte y a la vez frágil personalidad del mimbre, tan similar a la de las personas, me acerco a la belleza simple. Al ver un objeto de mimbre imagino el vaivén de las fibras en el agua, los movimientos veloces y perfectos de las manos del trabajador, la creatividad de transmitir tantas emociones a productos que siempre estarán para satisfacer nuestras necesidades cambiantes como la marea, yendo y viniendo, fluyendo, pero siempre avanzando como el Delta”.

Por su parte, Santiago Doljanin destaca la importancia de haberse podido conectar con la naturaleza a través del material: “Fue la primera vez que me pasó esto, después de haber trabajado muchos años con materiales sintéticos y artificiales, y creo que es a los recursos que tendríamos que orientarnos como alternativa a la producción de diseño actual”.

“De Satorilab me interesa la ruptura que hay hacia ciertas lógicas a las que tan acostumbrados estamos dentro del ámbito de diseño y que pocas veces cuestionamos. Que va desde el priorizar el hacer colectivo por sobre la individualidad y el hacer de autor, hasta el permitirse sentir, comprender y entender los materiales, sus posibilidades y su lenguaje propio en relación al ámbito que pertenece y al que muchas veces no escuchamos sometiéndolo y exigiéndole”, agrega Silvia Núñez.

“La experiencia Satorilab siempre es enriquecedora en lo profesional pero más aún en lo personal. Es un espacio libre donde uno descubre nuevas formas de expresión a través del material. Lo valioso de este workshop fue romper con la estructura que uno tenía preestablecida de cómo se trabaja el mimbre y encontrarle nuevas soluciones de uso. Sumergirse unos días en el Delta, despojándose de los ruidos, tiempos y avatares de la gran ciudad, enriqueció este proceso de creación aún más. Al estar más en contacto con lo natural, te dejás llevar por otros tiempos entrando en una nueva sintonía; olés, sentís, mirás de otra manera... Lo que, en mi caso, favoreció el proceso creativo”, cuenta Pilar Majdalani.

Por último, Graciela Stacul, agrega: “Esta fue mi primera experiencia en Satorilab y fue muy gratificante. El aire, el agua, el Delta y el mimbre hacen que uno abra los sentidos a observarlo, tocarlo, conocer su flexibilidad y sus límites experimentándolo sin forzarlo y poder darle una mirada diferente con nuevas respuestas formales”. ¿A saber? Todo tipo de pantallas de lámparas. Estructuras tejidas o entrelazadas para generar contenedores y asientos. Las más originales luminarias de pie con bambú. Hasta joyas, sombreros y tocados.

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