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Sábado, 25 de mayo de 2013

En el mercado de Maschwitz

En el pago bonaerense con nombre de ingeniero, un nuevo mercado reúne antigüedades, artesanías y diseño en un entorno natural.

 Por Luján Cambariere

Delicioso y nuevo, el mercado de Ingeniero Maschwitz, en el kilómetro 43,5 de la ruta Panamericana ramal Escobar, se destaca por abrirse paso en un entorno natural. Construido íntegramente con materiales reciclados a pura chapa, molduras y herrajes de demolición, reúne varios locales de decoración y una oferta gastronómica muy tentadora en el marco de añejos árboles. Sobre la entrada en la calle Mendoza, en la planta baja, se reúnen mayoritariamente los restaurantes y tiendas de venta de productos orgánicos (muy interesante la oferta de especias de La Verdolaga y las exquisitas hamburguesas de El Zeppelín, que además suma helado artesanal). Y atravesando un bello patio y en el primer piso, todo tipo de antigüedades y propuestas de artesanía y diseño.

Pasen y vean

De los más nuevos (se inauguró en marzo) y ciento por ciento déco, el local Portobello Design, de Corina Pérez. Un homónimo del famoso mercado inglés que no tiene nada que envidiarle al original, por lo menos en espíritu, con muebles en maderas recicladas, arañas de bronce, lámparas de kerosén, de campo, y cartelería enlozada, entre otros.

“En Portobello se destacan los estilos retro y escandinavo, las sillas de diseño, pero sobre todo los recuerdos que me remontan a mi infancia. La decisión surgió luego de años de ver esta oportunidad como una utopía, pero siempre estuvo presente en mi vida la debilidad por los muebles y la decoración. Y desde el primer momento que pisé el mercado visualicé, sin creer que esto alguna vez sucedería, que aquí era mi lugar para que mi utopía se haga realidad. La localidad de Ingeniero Maschwitz, desde mis recuerdos, tuvo la particularidad de ser diferente, destacándose por la movida artística, creativa y auténtica, sin perder contacto con la naturaleza. Un lugar de mucho intercambio y donde día a día aprendemos algo entre todos”, detalla Pérez.

A su lado, otro local especialmente simpático, ETC, también acaba de abrir sus puertas.

Fernando Battilana, especialista en muebles, es uno de los responsables del espacio, según nos cuenta Lucilla Guillani, su encargada. “Un creativo increíble con una carpintería desde la que hace años trabaja con madera recuperada de demoliciones”, cuenta desde amplios ambientes iluminados con ese trasluz que sólo da el vidrio repartido, donde además de los muebles se destacan bellos trabajos en hierro y alambre (desde hueveras y paneras a luminarias) de Sonia Bustamante. “La mayoría somos del lugar (Maschwitz, Benavídez, Escobar), una zona de unos árboles como el maravilloso roble de la entrada de nuestro local y una vegetación impresionante. Además del río Luján, tan próximo y un tipo de vida más de ciudad del interior. Varios de los dueños ya eran amigos de muchos años y habían hecho otras cosas juntos. Todos estamos enamorados del mercado. Y ETC tiene lo suyo, algo así como ‘el rincón de la nostalgia’, con vajilla enlozada, los cajones de botellas de madera, los sifones, las ‘fideeras’ (muebles con cajones de los viejos almacenes). Por eso, algo también para destacar es el vínculo que se establece con el cliente, ya que al ser el entorno tan lindo ayuda a que cuando entran a nuestros espacios ya lleguen listos para disfrutar lo que ofrece cada uno”, señala.

Finalmente, entre otras tiendas dedicadas a indumentaria, accesorios y objetos, del otro costado de Portobello, La Sinvergüenza, se presenta como un espacio ecléctico donde encontrar desde mantas norteñas a saris de la India, vajilla antigua, cristalería, juguetes y géneros de Ikea o de la Toscana.

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