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Sábado, 5 de abril de 2014

Frivolidad versus ley

Como pierde y pierde ante los estrados, el macrismo busca confundir y cambiar las leyes para hacer catalogaciones “light”.

 Por Sergio Kiernan

La frivolidad con que hace las cosas el macrismo en el poder está generando cada vez más ruido en un ámbito donde no se aplican las reglas PRO: la Justicia. Como dijo el juez Trionfetti en una frase impecable, el macrismo se maneja en un estado de endogamia burocrática en el que un funcionario consulta a otro, que le da la razón y si es necesario le rebota el tema a otro, que también le da la razón. Nunca se llama a alguien de afuera, aunque se toque de oído, porque siempre la prioridad es llevar adelante “el proyecto” del colega en funciones.

Con lo que cada vez que la cosa termina en sede judicial se pone difícil para los funcionarios, porque súbitamente tienen que explicar lo que hacen a alguien que también es funcionario pero con un nivel permanente y en general más serio y reflexivo. También hay nervios porque a los jueces hay que obedecerlos, no hay café posible y arreglo político, ni se puede apelar a la prioridad suprema, la campaña presidencial de Mauricio Macri. En la misma semana en que Trionfetti demolía quirúrgicamente la chantada con que se manejó la demolición de la casa de Evaristo Carriego, la Justicia porteña citaba a casi los mismos funcionarios para que expliquen sus actos en el caso del Convento de las Victorias, el de la esquina de Libertad y Paraguay, donde se autorizó una siniestra torre de vidrio sobre un edificio más que centenario y al lado de una iglesia notable.

La citación por cédula es en la causa iniciada por Basta de Demoler y ordenaba comparecer a los dueños del edificio, la Congregación del Santísimo Redentor, a nuestro notable secretario de Planeamiento Héctor Lostri, a su no menos notable socio comercial y director general de Interpretación Urbanística Antonio Ledesma, y a todos los miembros del benemérito ente antirrepublicano, el Consejo Asesor en Asuntos Patrimoniales, que ocupaban sus asientos cuando se trató el caso. Así fueron citados Ricardo Pinal, David Kullock –que, avisado, pidió abogado y como no se lo dieron no concurrió–, Ana Pusiol, Juan Urgell, Carlos Susini Burmeister y Alberto Boselli.

La audiencia en el juzgado de la doctora Mariana Díaz tuvo momentos notables y una frase que hará historia. El centro del argumento oficialista fue que el convento no tenía protección porque la que tenía era bajo la Ley 2548, que ya no tenía vigencia. Es un argumento realmente flojo, hasta para los macristas, porque el convento fue colocado en el catálogo con grado preventivo por el mismo Lostri por la resolución 425 de 2008. Y luego fue considerado por el mismo CAAP como merecedor del grado de catalogación estructural, en 2009. Ambas cosas serían suficientes como para pensar que no se puede encajar una torre en medio de un bien así preservado, pero con el PRO nunca se sabe...

Algo notable de la audiencia fue ver a todos los funcionarios de todas las áreas de patrimonio de la Ciudad y la Legislatura presentes puestos enconadamente en contra de proteger esta pieza patrimonial. El abogado de la congregación insistía en una suerte de divague conveniente, el concepto de que la Ciudad había “descatalogado” algo que estaba “catalogado provisionalmente”. Para el abogado, como el edificio tiene más de un siglo prácticamente hay que demolerlo porque no tiene aire acondicionado y es inhabitable.

De hecho, los funcionarios y el letrado funcionaron como un equipo, sembrando ideas como que hay dos catálogos, uno firme y el otro tentativo, cuando en realidad hay sólo uno, en el que se ponen edificios con un grado preventivo hasta que la Legislatura decida. Aquí fue cuando Ledesma pronunció una frase de chocante ignorancia: dijo que sólo su socio comercial y jefe, el secretario Lostri, puede catalogar o descatalogar. Es notable que un funcionario de rango no sepa que ese privilegio es de la Legislatura.

Nuevas leyes

Pero mientras seguían estos intentos, ahora más riesgosos y patéticos, de engañar a la Justicia, tres macristas de fuste acaban de presentar un proyecto de ley para darle una solución de fondo al problema. La idea es alarmante y vil, porque consiste en crear un nuevo tipo de catalogación, más light y pavote, más conveniente para los especuladores. El honor de buscar esta solución le corresponde al interminable Cristian Ritondo, a María Karina Spalla y a Agustín Forchieri, diputados porteños y por supuesto PRO.

La lógica de la idea es impecable, a su manera, y consiste en que ya que el macrismo no puede cumplir la ley y a la vez garantizar los negocios de los especuladores, el paso a seguir es rebajar la ley. El proyecto presentado modifica el apartado 10.1.3.2.1 del Código de Planeamiento Urbano, que es la parte en que se fijan los niveles de protección edilicia. Como está ahora, existen tres, el integral, el estructural y el cautelar. El primero es una conservación total y raramente aplicado. El segundo tampoco es común y protege el exterior, la tipología, la articulación y ocupación del espacio, pero permite modificaciones que no alteren el volumen. El tercero es el más flojo y por tanto el más común, ya que protege “la imagen característica del área previniendo actuaciones contradictorias en el tejido y la morfología”.

A esto, Ritondo, Spalla y Forchieri le quieren agregar un cuarto nivel, todavía más blando que el cautelar. Se llama Protección de Fachadas y afecta “exclusivamente” el frente a partir de 150 centímetros para adentro de la línea, con prohibición absoluta de cambiarlo de cualquier modo. El truco viene en el tercer párrafo del agregado propuesto, cuando dice que “En los edificios con Protección de Fachadas, se permitirá la construcción de volúmenes, que cumplan con las normas de tejido, para cada Distrito de Zonificación General. La intervención propuesta se integrará con las características arquitectónicas predominantes de la fachada preservada”.

Es elogiable que el PRO sea tan atento a sus bases políticas, que es su industria favorita, creando este tipo de figuras tan flojas. Seguramente, el proyecto de los tres macristas responde a un pedido de los que aportarán a la inminente campaña del Jefe, que ya deben estar hartos de tanto amparo y protesta y quieren un cierre legal al asunto. Al final, lo que inventaron estos legisladores es un retiro de un metro y medio dejando a la fachada original como pantalla, como si fuera un cerco o un muro divisorio. La torre va atrás, con el único límite de la zonificación.

Pero la cosa sigue de un modo que muestra más inquina hacia nuestro patrimonio. Los tres macristas proponen también rebajar los porcentajes de eximición de impuestos porteños a los edificios catalogados, llegando a un mero diez por ciento para los que tengan Fachada Protegida. Esto es mezquino porque el universo total de edificios catalogados de nuestra ciudad es un porcentaje muy pequeño de la base impositiva porteña. Rebajarles la única ayuda concreta que se les da para su mantenimiento es un palo indebido.

Los fundamentos del proyecto son de a momentos desopilantes, lo que no sorprende en algo firmado por alguien tan poco ducho en esto como Ritondo. Desde el primer párrafo hay cosas extrañas, porque el texto afirma que “entendemos a la manzana como el objeto urbano contenedor de las parcelas que le dan forma y que su estudio es requisito previo a la catalogación de las parcelas individuales”. Además de un ripio gramatical, el párrafo corre ligerito al difícil lado de los tomates, porque la manzana no es el contexto de un edificio, honor que le cabe a la cuadra. Este error conveniente es lo que justificaba los famosos “barridos” que hacía el CAAP manzana por manzana, tan cuestionable que hasta ellos dejaron de hacerlos. Un edificio se ve en situación de su cuadra, lo que implica mirar la acera de enfrente, no respecto a su manzana.

Otra muestra de sanata e inquina es el tercer párrafo, que se anima a avisar que “las parcelas individuales protegidas interrumpen el proceso de completamiento de la manzana y producen una situación de vacío urbano que es más notorio cuando más consolidada está la manzana”. En este caso, lo risible es que evidentemente el autor del texto está hablando de la cuadra, mientras le echa la culpa al patrimonio por las diferencias de altura entre los edificios. Si eso es realmente un problema tan grave, basta bajar las alturas constructivas modernas al nivel del de la pieza más antigua o más baja de la cuadra... o de la manzana, si quieren.

En fin, otra muestra del escaso calado intelectual del macrismo, aplicado a justificar el negocio de ciertos especuladores.

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