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Sábado, 12 de abril de 2014

CON NOMBRE PROPIO

De a cuatro manos

Juan Diciervo y Desiree de Ridder unieron sensibilidad y saberes para una colección en la que el barro se hace luz.

 Por Luján Cambariere

De una unión que además de la fuerza suma el encanto nace la colección de luminarias del arquitecto especializado en diseño de lámparas Juan Diciervo y la artista plástica y ceramista Desiree de Ridder. Propuesta original y genuina como su propio encuentro. Al pasar por la vidriera de su local, De Ridder admiraba las luminarias en madera de Diciervo. Con el paso del tiempo y, por un impulso, decidió contactarlo. Poco amigo de las redes sociales, él tardó en descubrir su mensaje y más para encontrarse y concretar una idea que, una vez dibujada, fluyó sin reparos. Sabiendo cada cual atender tan hábilmente su juego, el encuentro no hizo más que potenciar dones: el manejo de las formas de Juan y el de la arcilla y pigmentos de Desiree.

Viendo la colección de bellísimas lámparas colgantes en estridentes azules, rojos, amarillos y verdes, no queda más que celebrar estas comuniones creativas que tanto bien le hacen a la disciplina.

–¿Cómo surge este encuentro?

D. D. R.: Cuando iba a ver a mis amigos de Usos a su local de la calle Arenales, pasaba por la vidriera del local de Juan y veía sus lámparas y me maravillaba. Sabía que tenían que ser de un gran diseñador. Siempre miraba la vidriera pero nunca entré. Pasó el tiempo y, no sé cómo, me animé y lo contacté por Facebook.

J. D.: Yo ni miraba el Facebook y creo que el primer día que lo abrí me encontré con su mensaje, donde me comentaba que le gustaban mis lámparas y que sería bueno hacer una con madera y cerámica juntos. Y quedó. A los tres meses la llamé y ahora estamos acá. Empezamos a fin de año con todo el proyecto.

–¿La conocías?

J. D.: No, ni personalmente ni los trabajos. Pero cuando empecé a ver un poco quién era –reconocida artista contemporánea de la misma edad– me fui animando. Yo tenía un poco de distancia con la cerámica porque no era un material que manejara y ni se me había ocurrido que podía hacer algo. La motivadora fue ella.

D. D. R.: Yo veía que sus lámparas tenían mucho diseño y mucha madera y no era casual. Porque la mayoría trabaja en plástico, aluminio o acero. Eso me motivó a contactarlo.

J. D.: Igualmente, cuando finalmente vine con una idea, me la bochó al instante. Es que yo no tenía ni idea cómo trabajaba, y antes de conocerla me puse a pensar: de nuevo moldes, inversión, otra vez. No tengo ganas de enloquecerme. Entonces traje una lámpara mía para adaptarla a la cerámica y me la bochó. Lo peor es que tenía razón, era lo menos indicado, ahora que conozco cómo se trabaja, para hacer en cerámica.

–¿Y cómo empiezan a trabajar juntos?

D. D. R.: El trajo unos dibujos que los tengo aún acá en el taller. Tres dibujos que de inmediato me fascinaron.

J. D.: Es que no nos conocíamos personalmente, ni yo el taller. Pero cuando conocí cómo trabajaba volví con esos dibujos.

D. D. R.: Ahí fuimos al moldero y pasamos por un proceso que yo no conocía. Ahí me tocó aprender a mí. Y me encabronaba con él de sacarme de mi zona de confort. La barrera que tuvimos es que ahora yo tenía que aprender a educarme, si cabe el término, en ciertos parámetros que no podían fallar y que en el arte no existen. En la abertura o ángulo que tenía que tener. Yo soy escultora, entonces no tengo límites rígidos.

J. D.: Entiendo que en la escultura lo resolvés plásticamente, pero si una varilla no entra por un agujero no hay forma. Yo traje tres dibujos, el de la Lady, que es la que tiene como una falda, el Cencerro y la Abre Latas, porque siempre me gustó esa forma. Y las hicimos las tres juntas. Debo decir que en ese momento no me cuestionaste nada.

D. D. R.: Además era algo posible. No era una lámpara cara. Son colgantes y algunas de pie.

–¿Cómo resolvieron el color?

D. D. R.: Primero él viene y me dice que quiere todo blanco. Y yo le digo: terminantemente no. Acá en este taller eso no. Acá el blanco no.

–¿No habían hablado de eso antes?

J. D.: Para mí la cerámica era impecable, brillante, pura, blanca y es todo lo contrario, y estoy feliz. Mucho más contento de estos azules cobalto, rojos, amarillo, marfil, gris y rojo que logró Desiree. Además de los mixs de colores.

D. D. R.: Hay un verde botella que me encanta. Y hay otro que vengo probando que es el sangre de toro, que es un rojo muy especial.

–¿Qué aprendieron del otro?

D. D. R.: El me maltrató. Hablando en serio, aprendí mucho y es muy lindo porque no nos conocíamos. Y yo trabajo en mi taller sola, así que el intercambio siempre es interesante. Ahora voy a estar en Arte BA por primera vez con mis esculturas de zorros y aguará guazú, lobo de crin, animales autóctonos en peligro de extinción y ramas caídas. Tratando de crear un poco de conciencia, como siempre. Y estoy feliz con las luminarias de las que estoy súper orgullosa porque siempre me encantó pensar en la escultura con luz, la luz es vida.

J. D.: A mí siempre se me relaciona con el arte, quizá porque mi padre es artista, pero siempre me quise separar hasta un punto que ahora no me importa aclarar. Yo pienso en las formas. Cuando diseño soy bien visceral, así que este encuentro fue por demás positivo.

www.juandiciervo.com

Freire 1015

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