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Sábado, 17 de mayo de 2014

Una vuelta a las fuentes

La nueva colección en cestería del diseñador Cristian Mohaded para Voilà es realizada en una fibra llamada simbol y resulta de un bello cruce entre artesanía y diseño.

 Por Luján Cambariere

Cada día son más los diseñadores que se ven seducidos por trabajar con lo propio. Comienzan a experimentar con lo ligado a la cuestión artesanal, que tiene mucho por proyectar. Cristian Mohaded es uno de ellos. Catamarqueño, dejó su pago chico de Recreo primero para estudiar Diseño industrial en Córdoba y luego, seguramente atendiendo eso de que “Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires”, hace unos años se mudó a la Capital. Hasta que el año pasado, y luego de varios de experiencia profesional, hizo el camino inverso. Desandó sus pasos, volvió a sus pagos en la búsqueda de un material –el simbol– y una técnica artesanal original de su provincia natal, que apelando a diálogos y cruces clave (naturaleza y artificialidad, calidez y frialdad, artesanía y diseño) le permitiera experimentar, diseñar y fabricar una nueva colección de su autoría para la empresa de mobiliario y objetos Voilà. Una línea de lámparas, mesas, asientos y cuencos, en una fibra vegetal y por manos artesanas con mucho para dar.

–Catamarqueño...

–Sí, nacido en Recreo, al sur de la provincia, una puntita en el límite con Córdoba y Santiago del Estero. Por eso al material lo conocía hace mucho, hasta que hace más de un año, de forma casual, trabajando en el montaje de una exposición para la Casa de Catamarca en Buenos Aires, conozco a diferentes artesanos que lo trabajan. Sobre todo para fabricar piezas pequeñas, como paneras o canastas que venden en ferias en distintos lugares. En ese momento me compré algunas que después terminé desarmando para comenzar a investigar la técnica con la que estaban confeccionadas.

–¿Qué es el simbol?

–Es una fibra vegetal silvestre que crece en los márgenes de los ríos o arroyos en la zona de Valles Calchaquíes y las ruinas de Quilmes (muy cerca de Tucumán) o en Tolomoye durante todo el año; pero en invierno u otoño se consigue el mejor de todos, porque se tiene que cortar en el momento justo. Tiene entre 1,80 y 2 metros de altura, y 2 milímetros de grosor, afinándose en las puntas que se vuelven más amarillas conforme se van secando. Algunas tienen pintitas azules o rojas.

–¿Cómo arranca el proyecto?

–En simultáneo al comienzo de mi investigación del material, Eduardo Aldacour y María Garzón, los dueños de Voilà, me convocan para realizar una colección para su firma. Entonces les comento del material, les llevo unas muestras y se entusiasmaron enseguida, ya que María tenía una de estas canastas en su escritorio. Ellos hace un tiempo están trabajando, rescatando muebles típicos de nuestro país y materiales de la naturaleza, así que enseguida se entusiasmaron. Armé el proyecto. Viajé a Santa María, una ciudad muy pequeña, donde todos se conocen y donde hay una cooperativa muy grande de artesanos que hace cestería en simbol, técnica heredada de generación en generación.

–¿Es diferente, por ejemplo, a la cestería en mimbre?

–Ellos lo buscan a la madrugada, por el calor que hace en la provincia. Lo estacionan y después lo seleccionan. El más seco lo usan para armar la parte más estructural y hacen la parte circular con los más flexibles. Seleccionan los largos, los grosores. Ellos saben que para llegar a tal alto de tal diámetro necesitan tantas varas. La técnica no tiene más de 80 años y fue creada, según me informaron, por un artesano llamado Dionisio Chuschuy. Pero en general son piezas pequeñas. Así que estando allá lo primero que hice fue preguntarles si se animaban a hacerme algo más grande, como para ver qué estructura y formato tenían. Ellos para hacer crecer una pieza de forma circular como en las bandejas o canastas, van empalmando el material y las puntas las dejan para afuera para que no se enganche, por ejemplo, la servilleta de la panera. Entonces, por ejemplo, lo primero fue explicarles que en mi caso, como diseñador de otro tipo de objetos, a mí lo que me interesaba es justamente la parte de afuera. Sobre todo pensando en piezas de mayor escala, como un banco o una luminaria.

Enseguida pensé cómo no se les ocurrió tejerlo en una silla. Ellos hacen los banquitos de 20 cm de altura donde tejen. De hecho es hermoso ver cómo los tienen colgados en una pared y todos saben cuál es el suyo. Una situación muy especial. Me quedé una semana haciendo pruebas. Trabajábamos hasta la noche, charlando, tejiendo y experimentando cosas. Creo que el hecho de ser de la provincia fue importante para tener su confianza. Al principio me preguntaban cuánto les iba a comprar y yo les tenía que explicar que en realidad primero necesitaba entender cómo lo hacían para ver qué podía diseñar, y luego así encargarles las piezas. Necesito entender cómo es su trabajo y ver qué podemos hacer en paralelo. Quería ir un poquito más allá de lo que tenían. Al principio nadie quería dar nombres ni nada, pero después terminamos hasta las 12 de la noche charlando juntos. En esa semana analicé cómo se trama, si se pueden armar capas, repitiendo. Les pedí y compré muchas muestras. Yo necesitaba llevarme situaciones. Necesitaba saber hasta dónde podía llegar con el tejido, qué pasaba si le ponía una estructura, si se podía entrelazar con otro material. Me traje de todo. Y empecé a ver nuevas situaciones.

De ahí me fui a la capital, a Catamarca, porque me habían recomendado mucho tomar contacto con un artesano muy experto, Lorenzo, todo un maestro. Y con él la conexión fue inmediata. Todo el mundo lo respetaba por la calidad que tiene su trabajo; y cuando vi sus productos, el entusiasmo y sutileza con la que teje, me maravilló. Además, desde el comienzo fue súper receptivo. Lorenzo quería aprender de las ideas que yo traía. Ahí empezamos a trabajar a full. Pasé madrugadas también con él. Y me empezó a contar de sus experimentaciones y teñidos. Teñidos con remolacha maravillosos, por ejemplo, que conforme la diversa absorción del material cambian de color. Realmente mágico. Verlo tejer es como ver a un prestidigitador. Una danza. Pura expresión sus manos.

–¿Qué fue lo primero que hicieron juntos?

–Canastos, pero más grandes de los que él hacía. Hubo un largo proceso de prototipos, de terminaciones. Sabíamos que íbamos a ir por el lado de las mesas. Y fue muy lindo todo el proceso. Porque, por ejemplo, cuando hicimos la de 200 cm de diámetro me dijo que nunca se le había pasado por la cabeza, después de 30 años trabajando con ese material, hacer productos de esa escala. Y lo más gracioso de todo fue que la mujer, que es súper amorosa y cuidadosa con él, después de la primera producción grande me dice que me tenía que decir algo muy importante. Y era que desde que empecé a trabajar con Lorenzo ella lo tenía trabajando en su casa y no agotado de feria en feria, así que le iba a tener que seguir dando trabajo. Y eso fue impactante para mí, porque sentí que, con estos intercambios, uno puede cambiar pequeñas realidades. Aunque ella me lo contó de forma risueña, medio en chiste, eso de que ahora lo tenía en casa, entendí que era algo muy importante. Ahora espero que no se rompa la pareja, porque están mucho tiempo juntos. Volviendo a hablar en serio, no pretendo ni puedo cambiar la vida de nadie; en todo caso esta experiencia me hizo evidenciar el tremendo y lindo aprendizaje, sobre todo para mí, que tuvo la experiencia.

–¿Cómo está formada la colección?

–La colección está compuesta por las mesas Cerro de diferentes diámetros y tamaños, tejidas en simbol y con tapa de chapa. La lámpara, cuyo interior de pantalla tiene 50 cm de diámetro, es de metal blanco, como un repujado, que juega con la combinación de lo frío y lo cálido. La fibra y la chapa. La técnica y la artesanía. Un puf y cuencos varios.

–¿Tiene familia en Catamarca?

–Mi mamá y mi hermano menor. Y están todos muy contentos con esta línea, que da cuenta de donde vengo. La verdad es que todo fue muy lindo y esperanzador. Una gran oportunidad. El simbol es un material que desde su simpleza y humildad territorial puede transformarse. Se agrupa, se entrelaza y comienza a tomar fuerza, generando una trama flexible con cierta poesía en su recorrido. Va tomando ritmo en el espacio, creando superficies que parecen nacer entre los dedos. Entendiendo el material desde su origen, su alma, su comportamiento, su elasticidad, su color. Y aspiro a que las piezas den cuenta de la honestidad del material.

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