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Sábado, 2 de mayo de 2015

En el mundo y para el mundo

Los trabajos finales de la carrera de Diseño industrial de la Universidad Nacional de Misiones y su
preocupación por aportar a la región. Soluciones innovadoras para problemáticas sociales.

 Por Luján Cambariere

Hace más de cuarenta años, en 1971, el visionario diseñador y educador austríaco Víctor Papanek publicaba Diseño para el mundo real: ecología humana y cambio social, y lo dedicaba a sus alumnos de diseño. Hoy es una carrera con récord de estudiantes, tanto que se calcula que entre 2000 y 2008 el número de alumnos regulares de la FADU creció un 51 por ciento y que Buenos Aires ya tiene más de 15.000 estudiantes de diseño. Es una carrera que exige de los educadores una mirada seria y responsable en cuanto al contexto que los recibirá y de lo que ellos puedan aportar a la sociedad. Se trata de formar profesionales que modifiquen positivamente el entorno en el que se mueven.

En esa línea trabajan desde hace unos años en la carrera de diseño industrial de la Universidad Nacional de Misiones en Oberá, con trabajos finales que se destacan por involucrarse con las necesidades reales de los habitantes de la región. Entre ellos, poder paliar la desnutrición con una recurso al alcance, la agricultura familiar, donde el diseño industrial tienen muchísimo para aportar. Desde maquinaria a dispositivos varios.

¿La responsable detrás de estos proyectos para un contexto real? La especialista en diseño estratégico, María Sánchez, de amplísima trayectoria en nuestro país y el mundo (entre otras muchísimas cosas fue mano derecha del destacado arquitecto italiano Ettore Sottsass y fundadora y coordinadora de las áreas Diseño Estratégico y Producto del Centro Metropolitano de Diseño (CMD). Directora de la universidad durante sus cinco primeros años de vida y en la actualidad profesora regular titular de Taller 1 y Taller 5/Tesis, de donde salen los interesantes proyectos de los que da cuenta. Desde un original accesorio para optimizar la tracción animal optimizando el esfuerzo y protegiendo su salud (Facundo Argañaras-Matías Silva Lopez), pasando por sistemas protectores climático para pequeñas huertas como el Cobijo (Maximiliano Bóveda-Sebastián Preukschat) a herramientas diseñadas para la mujer agricultora (Saili Vian Cáceres-Rocío Cardozo), entre muchísimos otros.

¿Cuándo comenzás en la Universidad de Oberá?

–En 2005 me convoca el decano de la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional de Misiones a dirigir un equipo local para el armado de la carrera de Diseño Industrial. El equipo estuvo integrado por las profesoras Andrea Dormond y Cecilia García. En 2006 el Ministerio aprueba el proyecto y en 2007 se inicia la carrera en el campus de Oberá.

¿Qué tuviste en cuenta como metas u objetivos pensando en el trabajo final de la carrera?

–Como dice alguno de mis estudiantes, nuestra cátedra proyecto final es un portal desde el cual adentrarse en la realidad no estudiantil. A través del cursado y aprobación de la asignatura los estudiantes demuestran diversas capacidades como la de detectar oportunidades de diseño en la realidad circundante. Estas se constituyen en disparadores de procesos de diseño. También la capacidad de gestionar procesos implicando (directa o indirectamente) a varios actores o referentes regionales y/o locales del tema en cuestión que puedan aportar al desarrollo de esa cadena de valor en acto. La capacidad de diseñar sistemas de producto relativos a las oportunidades detectadas. La de plantear un posible resumen preliminar de negocio. Básicamente porque los objetivos generales son que el egresado haya desarrollado a lo largo de la carrera capacidades para reconocer los continuos cambios, necesidades, expresiones, requerimientos y tendencias del contexto. Analizar en forma crítica los requerimientos, y valorarlos de manera integral, no sólo desde la visión funcionaloperativa, sino en sus dimensiones estético-comunicativas y tecno-productivas. Que puedan detectar las implicaciones éticas, económicas, políticas y ambientales de sus propuestas. Proyectar nuevos escenarios, nuevos productos, y nuevos lenguajes comunicativos trabajando en equipos multidisciplinarios.

Aportar para que de una manera personalizada –y correspondiente a los propios deseos– los futuros profesionales experimenten la posibilidad de ser emprendedores sociales con diseño, personas excepcionales con visión, creatividad y determinación para generar soluciones innovadoras para problemas sociales.

¿Cómo eligieron puntualmente los temas del trabajo final en Oberá?

–La cátedra no define los temas a proyectar, sino que detecta el territorio proyectual a partir de la observación y la lectura estratégica de la realidad y su circunstancia. Este es un proceso de síntesis muy articulado que se nutre de variadas vertientes: información en medios regionales, tendencias socioeconómicas y culturales, discursos y objetivos políticos, informes tecnológicos, tendencias de mercado. Todo un territorio meta-proyectual. El primer año pretendimos aportar alguna mejora respecto del tema desnutrición y allí verificamos que potenciar la agricultura familiar es un excelente instrumento contra la desnutrición. Por ello nuestros proyectos nacen a partir de la observación atenta de la realidad de la agricultura familiar y de las consecuentes oportunidades detectadas en ese campo, que es por cierto amplísimo.

Contanos de algunos de los trabajos principales y lo que destacás de cada cual...

–Haciendo un repaso rápido puedo señalar que algunos proyectos se orientan al tema transporte, que son los mas complejos como el Ohrmi o el Vup de Matías Rea y Sergio Nielsen, un vehículo utilitario polivalente para asistencia en tareas agrícolas, ya que requieren de financiamiento para la construcción de los prototipos pues son maquinarias con multiplicidad de mecanismos y piezas, por ello aplican –y ganan– al programa “Universidad, Diseño y Desarrollo”. También ha aplicado –y ganado– a dos fuentes de financiamiento una línea de maquinarias para la producción de azúcar rubia de caña. Hemos desarrollado un proyecto de altísimo compromiso social como es el Aero de las alumnas Tabita Giménez y Agostina Ferreyra Sarquis, que es un sistema de aplicación de bioplaguicidas para el cultivo del tabaco a partir de la orina de la vaca. A través de éste intentamos entrar en un terreno muy resbaladizo como es el de los agrotóxicos en la industria del tabaco, industria muy controvertida por el sistema cerrado que ha sido generado por las tabacaleras. Nuestras reflexiones desde la universidad tienen que ver con el compromiso con “la persona” del agricultor, por ello y a partir de investigaciones del INTA desarrollamos el sistema de aplicadores para el bioplaguicida con el objetivo de reducir el uso de agrotóxicos tradicionales y sus consecuencias en la salud de la población agrícola. Este sistema puede ser aplicado también a otros cultivos de la región nordeste como son los cítricos. Hay proyectos dedicados al tema del clima, que es muy extremo en el nordeste, particularmente en relación al calor y la humedad y un mes al año de frío considerable como el Scuda de Leandro Fernandez y Guillermo Spaciuk, un microclimatizador autónomo integrado para el desarrollo óptimo del cultivo, magnifico e innovador y muy bien gestionado por los estudiantes. Y el Cobijo, un protector climático para huertas pequeñas de Maximiliano Bóveda y Sebastián Preukschat.

También hay tres proyectos referidos directamente a la producción de peces que es una de las líneas de desarrollo de la región impulsadas por el estado como el Lance (Belén Patiño y Natalia Tavarez), un sistema de alimentación para peces de estanque. Y el Oxigenador de estanques piscícolas de Gisel Kleiven y Pablo Vera.

Varios proyectos focalizados directamente al trabajo de recolección, transporte y venta en las ferias francas de los productos frutihortícolas como el Ñandutí de Ezequiel Perini y Julio Morales. Un dispositivo autoconstruible para protección de huertas como el Vivo de Gustavo Lenz- Cecilia Bogado; sistemas de lombricompostaje (BiiO de Yisel Sarasúa) y herramientas diseñadas para la mujer agricultora como el Anat de Saili Vian Cáceres y Rocío Cardozo. Finalmente han surgido en al detección de oportunidades una serie de proyectos curiosos como el Alef de Facundo Argañaras y Matías Silva López, un accesorio para optimizar la tracción animal optimizando el esfuerzo y protegiendo la salud del mismo. Además de un sistema de cosecha, manipulación y traslado de primicias (uva de mesa), el Primapack (Adrián Millán-Carmen Núñez ) y el Komm Komm de Gimena Carrara y Javier Márquez de señales sensoriales para la conducción y control de bovinos prescindiendo del estrés, entre otros.

¿Qué costó más con los alumnos?

–Es un progresivo proceso de confianza, donde ellos tienen que comenzar a enfrentar su propio proyecto con todo lo que han incorporado durante la carrera, pero no solos sino en interacción continua con el equipo. Todos sus compañeros y con toda la cátedra (además de la red de consultores que ellos mismos generan, con ayuda de la universidad), corrigiendo el camino –y ahondando– continuamente en la transversalidad propia del “Diseño concebido como sistema”.

Ahora que pasó un tiempo, ¿cuál te parece que fue el mejor legado o aprendizaje?

–Vamos verificando poco a poco que nuestra exploración en lo que sucede “antes y por encima del proyecto” (metaproyecto) nos viene dando un anclaje potente con el territorio. Es decir una carrera que incida en el desarrollo no sólo personal –del diseñador– sino de la región geográfica donde ese profesional se desenvuelva. Como indica Giulio Ceppi, el diseñador concebido es un profesional que profundiza, mezcla, transfiere, pero que sobre todo crea instrumentos y produce mapas. Realiza un trabajo de síntesis, no sólo de análisis, que requiere de instrumentos analíticos, gestionables y operativos. No se pueden seguir sólo recetas preconfeccionadas esperando hacer el “Buen Diseño” (que hoy se ha demostrado como una respuesta idealizada). No se pueden aplicar estrictamente metodologías dadas a priori: la búsqueda hoy se basa en la combinación y la integración –a veces improvisada– de diferentes recorridos, instrumentos, herramientas, cuyo proceso va sí guiado, acompañado, pero sin seguir una receta al pie de la letra, en la plena conciencia que el diseñador es un profesional que convive con la incertidumbre, que viaja entre diferentes disciplinas interdisciplinando y transdisciplinando, de alguna manera “interdiseñando y transdiseñando”.

El trabajo de los alumnos parte entonces de la exploración conjunta (con-junto estudiantes y equipo de profesores TD5) del Territorio metaproyectual elegido para cada año lectivo. El proceso de investigación se nutre desde búsquedas, visitas, charlas, reflexiones, pasando por encuentros con personajes referentes del tema en cuestión. Todas estas interacciones conducen, de una manera u otra al proceso clave: la detección de Oportunidades de Diseño (no necesariamente solo necesidades de diseño), que una vez filtradas adecuadamente en pasos sucesivos y confrontado con la propia correspondencia personal (de cada futuro diseñador) se constituirán en las temáticas objeto de este Proyecto Final para ser desarrollado a lo largo del año.

¿Alguno está avanzando como producto para el mercado de Misiones o nacional?

–Hay usuarios interesados en varios proyectos, pero donde se está consolidando el interés de diferentes instituciones por concretar la producción es en relación a los proyectos vinculados al transporte, probablemente porque en el campo de maquinarias agrícolas todo viene diseñado para la gran escala, cuando en realidad las necesidades y requerimientos del agricultor familiar están directamente relacionados con el tipo de suelos (irregulares), la baja escala de producción, y el bajo precio.

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