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Sábado, 30 de enero de 2016

De la idea al producto

Santiago Gandolfo, director de Ymago, habla de cómo entrar en la industria y saltar esa barrera entre el tablero y la producción. Se trate de un kayak o de una cuchara.

 Por Luján Cambariere

Su fuerte esta en la industria náutica, sobre todo en el diseño de kayaks y veleros. Pero al entrar a una industria se aprende la industria, en un aquí y ahora de la realidad de la industria nacional. Con lo que Santiago Gandolfo también diseñó aspas de molinos eólicos, chalecos antibala para mujeres, una colección de muebles encastrables, piezas de barcos, timones, guardabarros, un asiento de auto de competición y un sin fin de productos pequeños de plástico, como cubiertos, tapas de frascos y apoyavasos. Es una versatilidad interesante que pasa la habitual barrera del diseño Made in Argentina entre el tablero y la producción.

–¿Cómo fueron tus comienzos?

–Yo soy de Córdoba. Estudié diseño industrial en la UBA hasta tercer año ya que ahí me mudé a Mar del Plata e hice el pase a la universidad de allá. Ahí tenía la ventaja de que la tesis era más amplia. Soy muy deportista, todo lo que tiene ruedas me interesa. Todo lo que genere velocidad y uno tenga que controlarla me fascina (bicicleta, rollers, motos) y la náutica (kayaks y veleros). Estudié además diseño como fiel reflejo de mi familia. Mi padre es ingeniero civil y ferro-modelista. Tiene colección de soldaditos de plomo y llegó a tener una locomotora real en un parque de diversiones. Somos once hermanos. Tengo hermanos ingenieros civiles e industriales, hermana arquitecta y otra decoradora de interiores. Así que cuando entré en la facultad, hacer maquetas o dibujar no me costaba nada. Después en Mar del Plata como trabajo final de tesis hice una camilla de rescate para médicos ciclistas que se enrollaba. Hoy la pienso y se que no se puede hacer por unas cuestiones super técnicas pero el sistema estaba buenísimo. Y fue un proyecto que me sirvió para empezar a mostrar mis cosas.

Con la tesis conseguí mi primer proyecto de diseño de un conocido que tenía que hacer un punto de venta móvil para la playa para la venta de uvas frescas. Un desafío importante porque había un tema de conservación, de tiro del carro. Ese negocio duró dos años. Los carritos eran tan vistosos, de estructura de caño, con un sistema que me sentí halagado cuando me lo copiaron. El mejor modo de tirar algo es empujándolo con tu cuerpo, con el centro de gravedad sobre el eje de la rueda. El mío tenía una manija de un solo lado que vos bajabas, nivelabas el carro de un solo eje y empujabas con el tórax, como un tiro de carreta de caballo que hacía que funcionara perfecto en la arena. Y salió en muchísimos lados publicado. Era el año 2002-2003 y lo sentí como un buen augurio de comienzo de carrera, pero me equivoqué. Una ciudad como Mar del Plata que tiene tan poca industria y todo depende de la pesca, turismo o el agro, fue super difícil para insertarme,así que hice todas las changas que se puedan ocurrir. Mucha capacitación en modelo 3D de alta calidad. Trabajé gratis para el único diseñador que sabía que realmente producía. Venía a Buenos Aires para entrevistas que no salían del POP.

–¿Cómo fue entonces tu ingreso al mundo del diseño real?

–Trabajando para un arquitecto naval diseñando interiores de veleros. Era algo super específico. El trabajaba para Italia así que ibas al astillero, veías como se iba fabricando. Así comencé a hacerme de un saber específico. Cuando terminó ese trabajo, me entrevisté con todos los arquitectos navales que existen. Ya a esa altura había superado la curva de timidez de la venta de mí mismo. Comencé a trabajar para Martín Billoch en la reparación de otro velero. Y al año siguiente conseguí trabajo fijo en un astillero en Don Torcuato. Ese trabajo me metió dentro del mundo náutico. Trajeron una máquina de control numérico. Un centro de mecanizado. Y empecé a capacitar en eso. Luego fui a una feria de barcos para ofrecer diseño para el mundo de la náutica. Y ahí conocí a los de Atlanti Kayaks, una empresa muy buena y referente en lo que son botes de remo, pero con otra tecnología que es el rotomoldeado. Con ellos trabajo al día de hoy y es un placer porque además de haber podido diseñar un montón de modelos, ellos son líderes en su segmento. El flujo empezó a nutrirse de trabajos especiales para ellos en todo tipo de botes y kayaks. Y además por ellos conocí otros clientes. Desde uno que hacía chalecos de seguridad para mujeres a otro de guitarras eléctricas.

–Muy interesante el tema de los kayaks...

–El primero que diseñe y salió a la venta es un modelo que se llama Simplo, un modelo chico que hicimos en el 2010. Luego siguieron y siguen un montón que tienen sus propios desafíos. Porque además de flotar, que ya es todo un tema, los kayaks que salen del de paseo tienen un montón de requerimientos. De hecho por uno super especializado de pesca ganamos un Premio Innovar.

–¿Hoy trabajás con todo tipo de materiales?

–Ahora, desde mi estudio, Ymago abordamos todo tipo de trabajos. Como yo me metí en el diseño a través del modelado 3D y del centro de mecanizado, los rooters para cosas blandas y centros de mecanizado para metales, y toda la industria está basada en esas máquinas para hacer obviamente distintas cosas, entonces hago de todo. He hecho matrices para aspas de molinos eólicos, muebles, pedazos de barcos, timones, una cabina, pedazo de guardabarro, un asiento de competición de auto, cualquier cosa. Chalecos antibala para mujeres, y a través del mundo plástico, me metí en la inyección de plástico que parece que no pero sí es fuerte también en nuestro país y si bien se copia muchísimo, también hay gente que contrata diseño. Cuando te metes en el mundo de la maquinaria te metes en el mundo de las empresas y no de talleres pequeños entonces las escalas y posibilidades son otras. Yo trabajo para un empresario joven, dueño de Nowy Plastik, que se compró unas inyectoras y vende como fabricante al por mayor desde cubiertos a todo tipo de objetos de bazar que le diseño.

Para mí esto es diseño social. Funciona y esta bien hecho. Para el hice desde posavasos, jaboneras, cucharas de todo tipo. Tapones para botellas.

–¿Y desarrollos personales?

–Hice una colección de muebles y productos encastrables realizados en MDF que se presenta en tres líneas: Hogar, Lúdica y Feria. Todas ellas son de fácil armado y no necesitan herramientas, tornillos ni pegamento, solo se ensamblan sus partes y están listos para ser utilizados. Crean una experiencia con el usuario, quien los interviene, eligiendo el color, la textura o la terminación que desee. Son productos sustentables que se adaptan a espacios reducidos, son prácticos, de fácil traslado y armado. Se caracterizan por ser ideales para eventos/ferias/oficinas por su posibilidad de desarme para fácil guardado y liberación de lugar. Para niños son excelentes por ser efímeros y customizables.

–¿Te gusta todo?

–Para mí la clave del diseño son las personas. Lograr ser un gran observador del mundo objetual pero sobre todo de las personas que son las que tienen las necesidades. Así que todo me interesa.

–De cómo empezaste remando en todos los sentidos, a hoy...

–Yo pienso que uno tiene que tener confianza en Dios y agradecimiento a todos los que me bancaron porque yo vivir de mi trabajo tarde más de siete años. Y hoy entender que nuestro trabajo es más del mundo independiente y de estar siempre buscando. Indispensable saber venderse. Y estar siempre aprendiendo, buscando.

–¿Tu mejor diseño?

–Uno espera siempre el que viene y muchas veces, hacer la versión dos de uno que hiciste para corregir o mejorar el uso.

http://ymago.com.ar/

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