m2

Sábado, 13 de noviembre de 2004

Cacarear a los 40

Por L. C.
No hay dudas de que el apellido Shakespear es marca registrada en el mundo del diseño y la comunicación. La mano de la parada de taxis que fue parte del proyecto de señalización de Buenos Aires en coautoría (Shakespear-González Ruiz), el simpático changuito que aparece en los paquetes de un azúcar y los logotipos de infinidad de empresas son de su autoría. O mejor dicho de la de sus equipos de trabajo, como a él le gusta señalar cuando habla de algunos de los aprendizajes fundamentales de estos cuarenta años que cumple con el diseño (10 en publicidad, 20 junto a su hermano Ronald y los últimos diez con su estudio Shakespear-Veiga con Cecilia Veiga y sus hijos Victoria y Andrés). Décadas que festeja con una muestra en el Museo de Arquitectura y con el libro Cacarear-Crónicas de Comunicación (Editorial Nobuko, 2003).
“Es natural que si ponemos un huevo cacareemos. En el mundo de alto consumismo que nos rodea, para sobrevivir nadie queda exento de pasar el aviso de alguna u otra manera”, empieza por aclara este “ideador de comunicaciones”, como lo apoda el publicista David Ratto en el prólogo del libro. Y como a él le gusta ser nombrado desde entonces, ya que cree fundamentalmente en este oficio de establecer un diálogo, un ida y vuelta. Paneles, exhibidores, stands, packaging y señales, proyectos de identificación empresaria, diseño editorial y señalización, exhibición de audiovisuales encadenados y videos, entre otros, dan cuenta de esta pasión distribuidos en los tres pisos del Marq y en las páginas del libro sostienen sus argumentos. A Shakespear le gusta hablar de implementar ideas, de crear bases ciertas y seguras para hacerlas posibles. De la ecuación fundamental entre tiempos, costos y tecnología. Además cree que el acto comunicacional debe cumplir un rol social. Que los comunicadores se deben a los receptores y que esa es la mejor forma de trabajar para el cliente. “Diseñar es transmitir ideas que sirvan, que cumplan un cometido cierto. Trazar un plan mental para producir una cosa que tenga una utilidad y ayude a vivir mejor”, detalla.
Hoy, que según él, se está desgastando la palabra diseño, le parece propicio hacer docencia con estas muestras. “Yo aprendí a través de ellas. Siempre son un buen disparador para reflexionar.” En lo personal, le sirve para darse cuenta que quizás lo que más le importa del diseño es la persona que hay detrás de cada proyecto, la parte humana. De ahí que ya sea amigo de muchos de sus clientes, sobre todo, como es el caso de los Laboratorios Phoenix, Allied Domecq o Les Luthiers, con los que lo unen años de vivencias compartidas.

Hasta el 21 de noviembre en el Museo de Arquitectura, Callao y Libertador. Lunes a viernes de 14 a 20, sábados y domingos de 13 a 18. www.shakespear-veiga.com.ar

Compartir: 

Twitter

 
M2
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.