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Sábado, 10 de diciembre de 2005

NOTA DE TAPA

Redes latinas

Creado por las diseñadoras argentina Laura Novik y brasileña Celaine Refosco, el Circuito Identidades Latinas es una oportunidad concreta de pensarnos, crear vínculos y fomentar una disciplina con verdadero impacto social.

 Por Luján Cambariere

Del lado del marketing o de los vendedores fortuitos de marcas-país, no tiene sentido ni discutirla. Desde la introspección y preocupación genuina por la identidad, resulta apasionante. Preguntarnos quiénes somos, por qué producimos lo que producimos, qué rasgos comunes compartimos. Poder mirarnos desde el presente para construir con lo que tenemos. En esto último está desde hace un par de años una red de profesionales convocados por una dupla potente: Laura Novik, diseñadora de indumentaria, docente universitaria, posgrado Cooperación Italiana en Gestión de Diseño y directora de la consultora Blink.design, y la brasileña Celaine Refosco, diseñadora industrial, docente universitaria, posgrado en Gestión de la Cooperación Italiana, master en Educación y diseñadora textil en varias empresas, a través del Circuito Identidades Latinas.

Apoyados por organizaciones, instituciones educativas y empresas de Iberoamérica, difunden un ideario: la evolución del lenguaje de diseño con identidad latinoamericana capaz de otorgar diferencia y competitividad a los productos de la región en los mercados globales. Un proyecto regional de carácter itinerante que se concreta en una semana de conferencias, debates y un laboratorio creativo orientado a movilizar la reflexión, la experimentación y las sinergias entre industria, artesanía, creadores, educadores y las futuras generaciones de diseñadores. La última parte del circuito 2005, dedicado al diseño de productos para el entorno doméstico, tuvo lugar hace justo un mes en Chile. Bajo la consigna “Memoria e Innovación”, contó con expositores de lujo como la periodista y directora del Museo de la Casa Brasileira, Adelia Borges, el diseñador colombiano Jorge Montaña y el arquitecto de la firma Usos, Carlos Gronda, por Argentina, entre otros. Mientras las conclusiones decantan, parece oportuno ahondar en una propuesta en sintonía con un diseño más sensible y realista.

La génesis

Como en muchos casos, la parte vivencial, la personal que algunos no se animan a contar, es siempre la más interesante, ya que dimensiona los proyectos. A Novik, una de las directoras del circuito, la conocíamos de su cátedra en FADU/UBA, de su trabajo en el Centro Cultural Rojas o empresas textiles como Alpargatas. Según cuenta, después de varios años de frenética labor viviendo en Colombia, Ecuador y Miami, trabajando en el sector de la moda en países de la cuenca del Caribe y Región Andina, una enfermedad declarada como terminal le puso un freno. Fue un punto de inflexión que la hizo parar bruscamente. “Finalmente salí airosa de esa prueba de vida. Pero lo más importante fue que mi perspectiva sobre el diseño y la moda dieron un vuelco absoluto. Por no mencionar la mirada sobre la vida misma. Si bien yo había iniciado mis primeras experiencias con artesanas en el ‘94, llevando a Nueva York unos chalecos hechos en barracán, nunca había pensado en el diseño como herramienta de transformación de nuestra realidad. Cuando regresé a Argentina para finalizar el tratamiento médico me quedé del 2000 al 2002 y pude dar forma a algunas ideas como la Célula de Diseño de Trelew y el proyecto inicial de la incubadora de la Fadu.”

Pero de nuevo la vida se le impuso, esta vez por el motor más fuerte del amor, y decidió radicarse en Chile con su pareja Alex Blanch, director de la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Chile y miembro del premio Index –Diseño para mejorar la vida– con quien empezaron a gestar varios sueños, el más importante una beba que hoy tiene seis meses. “En ese tiempo –continúa Novik–, junto a mi colega Celaine nos atrevimos a pensar un espacio de experimentación de diseño que permitiera el intercambio de información, ideas, formas de trabajo, entre distintos países de la región. Fueron meses de viajes, preguntas y entrevistas hasta que dimos forma al circuito. Como el 2004 lo dedicamos a la moda, apelamos a nuestros colegas más cercanos y amigos. Tuvimos la suerte de contar con el aporte del inspirado diseñador de Minas Gerais Ronaldo Fraga, quien desarrolla las colecciones más politizadas y revolucionarias de las pasarelas brasileñas, el apoyo inmediato de Martín Churba, un caso realmente interesante por su compromiso con la innovación y sociedad en igual medida, y desde Colombia de la estilista María Luisa Ortiz y la institución Artesanías de Colombia, entre otros. Así fuimos haciendo crecer esta red que hoy integran además Carol García (editora de la revista Fashion Theory), Renato Imbroisi, Adelia Borges y Artesol desde Brasil, Hernán Garfias, Patricio Araya, José Korn y jóvenes talentos como Juana Díaz de Chile. En Argentina hemos contado además con el Mercado de Artesanías Argentinas y Santista Textil”, señala.

Además, en cada país, distintas instituciones educativas son las sedes que garantizan la organización, como el Centro Universitario de Jaraguá do Sul en Brasil, Inacap en Chile, La Salle College en Colombia, la Universidad de la Empresa de Uruguay y la Universidad Arhembí Morumbí de Sao Paulo, entre otras. De paso por Buenos Aires, Novik resume algunas cuestiones que tienen que ver con la esencia de la iniciativa.

–¿Cómo es un laboratorio de diseño? ¿Qué buscan que salga de allí?

–El laboratorio es una experiencia de inmersión total a través de una semana intensiva de seminario y talleres de experimentación en un ámbito de intercambio entre quienes piensan y hacen el diseño en los distintos países de la región. Están concebidos como espacios interdisciplinarios que invitan a reflexionar y esbozar expresiones de nuestra identidad desde el diseño, a partir del uso y aplicación de materiales y tecnologías tanto industriales como artesanales que reflejen caminos para la innovación. Las actividades se dirigen a estudiantes, técnicos, profesionales y docentes procedentes de ámbitos tan diferentes como la artesanía, arquitectura, diseño industrial, gráfico, vestuario, indumentaria y textil, imagen y sonido, publicidad, comunicación, agronomía, ingeniería o periodismo.

–¿Qué temáticas son planteadas y cuáles van surgiendo?

–La identidad como factor competitivo, voluntad de creación de un futuro deseado, rescate de las tradiciones ancestrales, el producto como elemento difusor de cultura capaz de impactar mercados altamente globalizados, el diseño e innovación de la artesanía tradicional como instancia de desarrollo de productos diferenciales, el factor local como material para desarrollar productos distintivos de una región o país, la diferencia entre identidad e identificación en el diseño y el diseñador como actor político que refleja la realidad de su entorno, entre otras. Pero después se suman otras preocupaciones como la ausencia de diseñadores en la discusión de las agendas públicas, la tendencia al aislamiento en el interior de los países respecto de lo que sucede en las capitales y de las capitales con respecto a lo que sucede en el resto del mundo, entre otras.

–¿A qué arriban en la práctica?

–A infinidad de subproductos. En Chile, por ejemplo, una de las participantes –Maricarmen Oyarzún– formuló el proyecto Araucania Textil, considerado el primer proyecto de innovación artesanal textil mapuche del país, financiado con fondos del BID. Los diseñadores de vestuario y joyería que participaron en el 2004 conformaron un colectivo creativo para la experimentación y desarrollo de nuevas líneas de producto. Y en Brasil, el Curitiba Fashion Art tomó como temática del evento la visión del circuito. Además, muchas entidades educativas incorporan nuevas metodologías de trabajo que nacen en estos encuentros y los guías creativos son impactados en su propia actividad (Fraga desarrolló su colección Latinoamérica presentada en el anterior Sao Paulo Fashion Week y Ortiz encontró en Chile un nuevo mercado para sus diseños).

–¿Con qué criterios eligen a los participantes y guías creativos?

–Inicialmente buscamos diseñadores y expertos con los que sentimos una empatía intelectual e ideológica y cercanía personal. Personas interesadas en la temática del diseño e identidad cultural. En el caso de los guías, el circuito necesita diseñadores que desarrollen propuestas con criterio propio. Que más allá de las tendencias sean capaces de manifestar su voz, que hayan desarrollado trabajos con artistas o artesanos en sus propios países y que sus indagaciones estéticas sean coherentes con el discurso sobre diseño e identidad cultural. Naturalmente comenzamos con diseñadores cercanos, que admirábamos, pero con los que además había un contacto afectivo.

–¿Creés en el diseño como herramienta de transformación social?

–Absolutamente. Creo que, como todo profesional, el diseñador tiene la posibilidad de hacer diferencia comprometiéndose con la transformación de su entorno inmediato. En lo personal, me interesa aportar a la construcción de un mundo mejor, procurando acercarme a los sentimientos y energías más positivas de las personas y a las fuerzas que permiten a la gente hacerse dueña de su propio destino. Por eso distingo la acción de transformación social de la caridad, y creo necesario que los diseñadores adquieran habilidades para gestar proyectos que estén en la línea de sus propios intereses, para desde allí activar cambios.

–¿Cuáles son las claves para que funcionen esas experiencias y, sobre todo, perduren en el tiempo?

–No sé si hay una fórmula. Me parece que a nivel público es importante que existan proyectos que trasciendan a los cambios políticos. Pero también conozco ejemplos muy tristes de proyectos que, precisamente por no cambiar de líderes, han creado inmovilidad y empobrecimiento. En un momento ciertas marcas tomaron estas iniciativas como herramienta de marketing, pero ya sabemos que no tienen finales consistentes. Como analista de tendencias, entiendo que así como existen corrientes dominantes, la naturaleza de los comportamientos sociales imprime contracorrientes o contratendencias. Desde hace un tiempo existe un movimiento que cobra mayor fuerza y que se opone a quienes sólo entienden el desarrollo económico como una fuerza que no puede controlar efectos como la contaminación, la decadencia social, el analfabetismo, el hambre y la marginación. Un expositor colombiano nos dijo que Identidades Latinas tiene una gran cuota de ingenuidad, y nos enamoramos de esa mirada. Para algunas personas la utopía es un motor poderoso para crecer como personas y como comunidades también.

–¿Qué tipo de profesional se descubre o nace?

–No creo que después del circuito nazca un nuevo profesional. En todo caso creo que servimos como polinizadores (esta es una palabra que se la tomo prestada al sociólogo italiano Francesco Morasce) de determinadas ideas que germinan perfectamente en la naturaleza de muchos de los que se inscriben. Por eso lo más rico de este proyecto es su red de personas, que considero es de un prestigio único y de un valor humano increíble.

–¿Planes futuros?

–En breve nos convertiremos en una ONG para poder canalizar mejor los fondos internacionales que se destinan a proyectos como el nuestro. Decidimos que cada ciudad escogerá materiales y tecnologías altas y bajas con las que identificará a su laboratorio. Montevideo con piedras semipreciosas, cuero de ñandú, lana y algodón. Santiago con la madera, cobre, lana y algodón. Bogotá con el algodón y la seda. Y Sao Paulo con algodón, cáscara de plátano, madera y semillas, entre otros.

–El nombre obliga, ¿qué nos hace latinos?, ¿qué rasgos compartimos?

–Creo que varias cosas. Cierta tendencia a trabajar con la precariedad desde el humor, la ironía y la crítica. La búsqueda de espacios para la fiesta, la celebración desmedida. El apego a la familia, a las tradiciones. El mestizaje, el sincretismo, la convivencia de diferentes pasados en un mismo lugar y momento. La naturaleza inmensa y desbordante siempre presente en forma de superficies o su mundo animal. La vida onírica y mística. La sensualidad. La calidez y la búsqueda de lo humano, hecho por el cual tantas otras civilizaciones del mundo nos envidian.

–¿Podrías aventurar cuestiones en las que los diseñadores deberían poner el foco?

No sé si es un tema exclusivo para los diseñadores, creo que es bueno el ejercicio de buscar “momentos verdaderos” (esto lo tomo de un ejercicio de teatro de mi maestro Julio Chávez). Estos abren puertas para la expresión y permiten un autodescubrimiento indispensable para ser personal a la hora de diseñar. Estos momentos se pueden entrenar, desde la mirada, la investigación intelectual, el compromiso afectivo, piden una cosa indispensable y es dejarse llevar hasta al final, entregarse y comprometerse con el mundo exterior e interior. Desde este estado es más fácil ver la realidad que nos rodea, dejarse tocar por ella para poder así pensar con foco las soluciones que nuestro entorno nos demanda. El desarrollo de nuestra sociedad es nuestro propio desarrollo.

Circuito Identidades Latinas
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