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Jueves, 9 de septiembre de 2004

ANDANDO DESCALZO-NON PALIDECE: REGGAE ARGENTINO

ANDANDO DESCALZO-NON PALIDECE: REGGAE ARGENTINO

Las dos bandas proponen salir del estereotipo asociado a la liturgia rastafari con base en Jamaica. Sus lecturas del género parten en distintas direcciones. Nonpalidece se permite incluir remixes en clave drum & bass, y Andando Descalzo busca la confluencia con la cumbia. Coordenadas para plantar las bases de un reggae celeste y blanco.

 Por Cristian Vitale

Nonpalidece
Néstor y Facundo, cantante y bajista de Nonpalidece, no pasan inadvertidos en el bar. “Qué sombrero ése, qué bueno, ja ja...”, le dice el mozo, con cierta ironía frente al gorro-galera de enormes proporciones. Néstor responde: “¿Viste? Está bárbaro y es muy abrigado, viene bien para el frío”. Y ordena un té con limón. “No canto nada que no haya cantado gente hace muchos años. Me siento como alguien que recuerda lo que muchos olvidan”, dice. El segundo disco de la banda, Nuevo día, da cuenta de la impronta pacifista y positiva del reggae roots, con sutiles y limitados anclajes en ciertos sonidos afines. “Te doy un ejemplo –clarifica Néstor–: en Tigre hay gente que arroja basura al río en un acto de automatismo... Cuando veo eso, me surge la necesidad espiritual de mostrarlo. Es importante dar un mensaje de paz, armonía y hermandad. Tal vez en estos tiempos suene utópico, pero es importante el contacto con la naturaleza, ser conscientes de que la estamos destruyendo en pos del progreso.” Facundo observa a su compañero y prefiere limitar su prédica a lo musical. “El disco anterior es aún más roots... Este tiene un poco más de fusión, de información.”
–¿Cuál es el límite
de la fusión?
–El gusto personal. Tal vez en los inicios estábamos más limitados en el estilo, pero después te vas relajando. No está bueno que nos identifiquen como puristas, lo que sí tenemos es una muy fuerte influencia del reggae jamaiquino. Hay chicos en la banda que escuchan dub o rocksteady. De ahí las programaciones, que son inquietudes propias.
La indumentaria del cantante permite seguir descubriendo retazos de su personalidad. “Mirá –muestra, cuando se le pregunta por bandas afines: se trata de un pequeño prendedor que dice Resistencia Suburbana–. Hay una verdadera hermandad con ellos, compartimos viajes a Costa Rica y muchas fechas acá.” De aquellas giras queda una sensación: “Centroamérica tiene una cultura reggae más fuerte que la Argentina... Allá no se escucha rock chabón tipo Piojos, ellos hacen folklore y se curte mucho reggae”.
–¿Por dónde le entra el reggae a la cultura argentina?
Facundo: –Por el canto en castellano. Además, nosotros ya no nos cerramos tanto en la religión rastafari, como al principio. Tiramos el mensaje desde acá.

Andando Descalzo
“Vos eras más hippie que yo en esa época –le dice Maxi a Pablo, recordando los orígenes del grupo–. Yo era más punk, escuchaba GBH, qué sé yo... Pero a todos nos gusta mucho el rock nacional.” Efectivamente: no hay rastros de folklore jamaiquino en ellos, pero sí el sabor de otros ritmos y lugares. “A nosotros nos influyen mucho los Beatles, los Stones, Ramones, Pescado Rabioso, Serú, The Police, Marley, Specials, Café Tacuba y un largo etcétera”, revela Ariel despejando toda duda. Pese a que son considerados un grupo de reggae –su nuevo disco Mil destinos en parte lo ratifica–, para ellos es más halagador que se los identifique como “la banda de Mataderos”. “El barrio pesa mucho en la identidad de una banda -prosigue– y más siendo Mataderos, pero tratamos de separarlo del fútbol. En los shows hay barrios, pero no rivalidad... Sería una estupidez.”
–Da la impresión de
que ustedes son una
banda de reggae
bien argentina.
–Nos miramos mucho en Sumo y Las Pelotas.
“Además –se engancha Ariel– nunca le dimos bola al mambo de la religión rasta y eso. Nos consideramos más una banda de rock que hace reggae que una banda de reggae, pero la gente nos identifica como una banda de ska-reggae.” En definitiva, Mil destinos –producido por Goy Ogalde, de Karamelo Santo– suena siempre arriba y su diversidad de ritmos permite colar cumbias y cuartetos en una muy flexible estructura musical de reggae-ska. “Nos gusta hacer que un rock suene reggae, mechar cumbias ometerle acordeón a un ska para transformarlo en cuarteto. Son pequeñas variaciones para jugar, digamos. Diría que casi el 80 por ciento de la música que escuchamos es reggae, pero no partimos de él”, orienta Ariel.
–¿Qué les preocupa
a la hora de escribir
las canciones?
–No somos un grupo de levantar bandera frente a ideas políticas; las letras o nuestras vidas personales explican de qué lado estamos para ciertas cosas. Pero lo principal es llegar a la gente y no influir en sus ideas, o al menos que se tome en forma personal. Escribimos historias comunes.

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