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Jueves, 28 de marzo de 2002

Bienvenidos a taCUARENtown

Mick Jagger
“Es una oportunidad demasiado buena”

¿Se van a juntar este año los Rolling Stones para celebrar su cuadragésimo aniversario?
–Lo estamos planeando. ¡Pero no sé bien cuándo es nuestro aniversario! ¿Desde dónde se cuenta? Es una especie de fiesta movible. Pero estoy seguro de que vamos a hacer algo. Es una oportunidad demasiado buena como para desaprovecharla.
–Sos el cantante de la que se ha llamado la banda de rock más grande del mundo. ¿Por qué hacer discos solistas?
–La respuesta rápida es que disfruto de hacerlos. Llegás a un punto en tu vida en el que sólo querés hacer cosas que disfrutás. He pasado un buen tiempo de gira con los Rolling Stones. Cuando terminamos la gira de Bridges to Babylon pensé: “No tengo ganas de meterme en un estudio con los Rolling Stones”. Aunque los Rolling Stones son una gran banda –son parte de mí y soy parte de ellos–, es como si se hubieran cargado de equipaje a través de los años, muchas expectativas y muchos prejuicios. Así que, como escritor y cantante, uno siente que quiere salir de ese formato. Aunque los Rolling Stones cubren un amplio espectro de música, cuando se toca con la misma gente se tiende a caer en un formato fijo y es difícil cubrir todos los campos que uno quiere. Es un gran compromiso: la gente espera cierta cantidad de temas rockeros o algo así. Y quería no tener tanto compromiso. Pensás: “Quiero hacer esto, de este modo, y no me importa una carajo qué piensen los demás”.
–Una impresión común sobre vos es que tus estados de ánimo sólo pasan de sarcásticamente entretenido a medianamente enojado. Pero, en varias partes, Goddess in the Doorway es un disco emocionalmente abierto.
–Sí, es verdad. Eso es realmente producto de tener la mente más abierta y de reconocer que lo que acabás de describir fue exactamente así en los últimos tiempos. El disco habla de muchas emociones. Refleja el año que tuve y ahí hay mucho, desde misticismo levemente introvertido hasta comedia y cartas de amor. Por otra parte, si estás haciendo un álbum solista, se te pide que hagas más. No te basás en nadie para lograr apoyo, no estás influido, y no tenés timidez para abrirte. Mientras que, cuando estás en una banda, todos tienen sus pequeños códigos y no querés ser demasiado abierto. Cuando estás solo, sentís que podés permitirte eso. “Autoindulgente” es la palabra que siempre se usa en las críticas de los álbumes solistas, ¿no es cierto?
–¿Estás volviéndote religioso? Esa es la onda de una canción como “Joy”, en la que cantás con Bono.
–Me gusta usar temas religiosos en canciones. Hay varias, ya sean cosas gospel como la de Exile on Main Street (“Just wanna see his face”) o “Sympathy for the Devil”, o “Saint of me” en el último álbum. Si es parte de tu vida, entonces debe ser parte de tu expresión. Pero es muy duro escribir una canción sobre espiritualidad. No es lo mismo que hacerlo sobre un auto, por poner un ejemplo. Me gusta “Joy” porque transmite la felicidad de la creación a través del gospel combinado con rock. Cuando la escribí, pensé en que Bono participara en ella, porque era algo que él podría hacer realmente bien. Y ahí también toca Pete Townshend, que es otro tipo con inspiración espiritual.
–Tenés una canción llamada “Don’t call me up”, dirigida a una antigua amante. ¿Es sobre la persona que imaginamos?
–Bueno, no es realmente sobre Jerry y no sé si ella cree que lo es. Esa es la conexión que la gente podría hacer, pero no es algo individual, puede tocar el nervio en situaciones de otra gente. Ciertamente parece tocarlo en mujeres a las que se las he hecho escuchar: “¡Es justamente como me sentía con él!”. Es realmente divertido ver a la gente conectar así. “Don’t call me up” es una canción sobre una persona de carne y hueso, pero esa persona no es Jerry.
–En estos días pasás mucho tiempo en proyectos de películas, pero en la canción “Everybody Getting High” retratás a la industria cinematográfica como una especie de zoológico humano.
–(Se ríe) Bueno, el ambiente del rock es bastante similar... Sí, la canción es mi visión de la industria del cine y de su consumo de drogas, Dios los bendiga. Es bueno tener un nuevo background sobre el que hacer observaciones. El mundo del cine es fascinante, pero lo que no es particularmente gratificante es el largo tiempo que le toma a las cosas despegar. Cuando trabajás en un proyecto musical, es bastante seguro que se concrete. En cambio, con el cine tenés que estar trabajando en una tonelada de material. Quizás haga una película sobre el Che Guevara, por ejemplo. Además estoy intentando financiar una película sobre Dylan y Caitlin Thomas. Tengo dos cosas que vagamente exhiben el negocio de la música. Una se llama The Long Play, que escribí con Martin Scorsese, sobre dos tipos en el negocio de las grabaciones independientes en Nueva York, lo que les sucede a lo largo de 30 años, cómo cambia la industria de la música y cómo cambia el mundo visto a través del microcosmos del negocio musical. Y escribí un boceto para una comedia que es como El príncipe y el mendigo, sobre una estrella de rock que, por una apuesta, cambia su trabajo con un plomo.
–¿Cómo está tu apetito para la música de otra gente?
–Es algo muy extraño. Muy raramente... No estoy seguro de que la gente todavía escuche discos enteros. Dos canciones y los apagan. ¿Vos lo hacés? Bueno, vos estás en una posición diferente porque tenés que escucharlos por motivos profesionales. Supongo que ahora todo el mundo hace compilaciones. Yo escucho el comienzo de la música y después lo rechazo, y algo debe atraparme en el medio.
–¿Pensás que se necesitó una banda británica para conseguir la mejor síntesis de la música norteamericana?
–Sí. No quiero dar una mala impresión sobre las buenas bandas de la época, pero quizá las británicas tuvieron una buena historia general de la cosa: blues, country, rock, música negra, jazz, lo que sea. Mientras que, si sos de Memphis, puede que estés tan fuertemente influido por la música local como para no poder meterte con ningún otro estilo. Entonces, si sos parte de los Allman Brothers, de Georgia o algo así, sos la música de Georgia, interpretás esa música y es difícil salirte de eso. Mientras que, si sos suburbano, estás realmente creando la síntesis. Si antes que vos de tu ciudad sólo salió Cliff Richards... Es también ese conocimiento de clase media, el sentido de la historia y el deseo de conocer todo, por ejemplo cómo tocaba la armónica Slim Harpo. Por supuesto que las bandas norteamericanas lo hicieron, pero las bandas inglesas lo hicieron con un campo más amplio de la música norteamericana y eso eventualmente produjo la síntesis, incluso sin que las propias bandas lo supieran. Eso es lo que nos sucedió a los Rolling Stones, que empezamos como “una banda de blues”, pero una banda de blues que tocaba covers de Buddy Holly en su tiempo libre.

¿Se van a juntar este año los Rolling Stones para celebrar su cuadragésimo aniversario?
–Lo estamos planeando. ¡Pero no sé bien cuándo es nuestro aniversario! ¿Desde dónde se cuenta? Es una especie de fiesta movible. Pero estoy seguro de que vamos a hacer algo. Es una oportunidad demasiado buena como para desaprovecharla.
–Sos el cantante de la que se ha llamado la banda de rock más grande del mundo. ¿Por qué hacer discos solistas?
–La respuesta rápida es que disfruto de hacerlos. Llegás a un punto en tu vida en el que sólo querés hacer cosas que disfrutás. He pasado un buen tiempo de gira con los Rolling Stones. Cuando terminamos la gira de Bridges to Babylon pensé: “No tengo ganas de meterme en un estudio con los Rolling Stones”. Aunque los Rolling Stones son una gran banda –son parte de mí y soy parte de ellos–, es como si se hubieran cargado de equipaje a través de los años, muchas expectativas y muchos prejuicios. Así que, como escritor y cantante, uno siente que quiere salir de ese formato. Aunque los Rolling Stones cubren un amplio espectro de música, cuando se toca con la misma gente se tiende a caer en un formato fijo y es difícil cubrir todos los campos que uno quiere. Es un gran compromiso: la gente espera cierta cantidad de temas rockeros o algo así. Y quería no tener tanto compromiso. Pensás: “Quiero hacer esto, de este modo, y no me importa una carajo qué piensen los demás”.
–Una impresión común sobre vos es que tus estados de ánimo sólo pasan de sarcásticamente entretenido a medianamente enojado. Pero, en varias partes, Goddess in the Doorway es un disco emocionalmente abierto.
–Sí, es verdad. Eso es realmente producto de tener la mente más abierta y de reconocer que lo que acabás de describir fue exactamente así en los últimos tiempos. El disco habla de muchas emociones. Refleja el año que tuve y ahí hay mucho, desde misticismo levemente introvertido hasta comedia y cartas de amor. Por otra parte, si estás haciendo un álbum solista, se te pide que hagas más. No te basás en nadie para lograr apoyo, no estás influido, y no tenés timidez para abrirte. Mientras que, cuando estás en una banda, todos tienen sus pequeños códigos y no querés ser demasiado abierto. Cuando estás solo, sentís que podés permitirte eso. “Autoindulgente” es la palabra que siempre se usa en las críticas de los álbumes solistas, ¿no es cierto?
–¿Estás volviéndote religioso? Esa es la onda de una canción como “Joy”, en la que cantás con Bono.
–Me gusta usar temas religiosos en canciones. Hay varias, ya sean cosas gospel como la de Exile on Main Street (“Just wanna see his face”) o “Sympathy for the Devil”, o “Saint of me” en el último álbum. Si es parte de tu vida, entonces debe ser parte de tu expresión. Pero es muy duro escribir una canción sobre espiritualidad. No es lo mismo que hacerlo sobre un auto, por poner un ejemplo. Me gusta “Joy” porque transmite la felicidad de la creación a través del gospel combinado con rock. Cuando la escribí, pensé en que Bono participara en ella, porque era algo que él podría hacer realmente bien. Y ahí también toca Pete Townshend, que es otro tipo con inspiración espiritual.
–Tenés una canción llamada “Don’t call me up”, dirigida a una antigua amante. ¿Es sobre la persona que imaginamos?
–Bueno, no es realmente sobre Jerry y no sé si ella cree que lo es. Esa es la conexión que la gente podría hacer, pero no es algo individual, puede tocar el nervio en situaciones de otra gente. Ciertamente parece tocarlo en mujeres a las que se las he hecho escuchar: “¡Es justamente como me sentía con él!”. Es realmente divertido ver a la gente conectar así. “Don’t call me up” es una canción sobre una persona de carne y hueso, pero esa persona no es Jerry.
–En estos días pasás mucho tiempo en proyectos de películas, pero en la canción “Everybody Getting High” retratás a la industria cinematográfica como una especie de zoológico humano.
–(Se ríe) Bueno, el ambiente del rock es bastante similar... Sí, la canción es mi visión de la industria del cine y de su consumo de drogas, Dios los bendiga. Es bueno tener un nuevo background sobre el que hacer observaciones. El mundo del cine es fascinante, pero lo que no es particularmente gratificante es el largo tiempo que le toma a las cosas despegar. Cuando trabajás en un proyecto musical, es bastante seguro que se concrete. En cambio, con el cine tenés que estar trabajando en una tonelada de material. Quizás haga una película sobre el Che Guevara, por ejemplo. Además estoy intentando financiar una película sobre Dylan y Caitlin Thomas. Tengo dos cosas que vagamente exhiben el negocio de la música. Una se llama The Long Play, que escribí con Martin Scorsese, sobre dos tipos en el negocio de las grabaciones independientes en Nueva York, lo que les sucede a lo largo de 30 años, cómo cambia la industria de la música y cómo cambia el mundo visto a través del microcosmos del negocio musical. Y escribí un boceto para una comedia que es como El príncipe y el mendigo, sobre una estrella de rock que, por una apuesta, cambia su trabajo con un plomo.
–¿Cómo está tu apetito para la música de otra gente?
–Es algo muy extraño. Muy raramente... No estoy seguro de que la gente todavía escuche discos enteros. Dos canciones y los apagan. ¿Vos lo hacés? Bueno, vos estás en una posición diferente porque tenés que escucharlos por motivos profesionales. Supongo que ahora todo el mundo hace compilaciones. Yo escucho el comienzo de la música y después lo rechazo, y algo debe atraparme en el medio.
–¿Pensás que se necesitó una banda británica para conseguir la mejor síntesis de la música norteamericana?
–Sí. No quiero dar una mala impresión sobre las buenas bandas de la época, pero quizá las británicas tuvieron una buena historia general de la cosa: blues, country, rock, música negra, jazz, lo que sea. Mientras que, si sos de Memphis, puede que estés tan fuertemente influido por la música local como para no poder meterte con ningún otro estilo. Entonces, si sos parte de los Allman Brothers, de Georgia o algo así, sos la música de Georgia, interpretás esa música y es difícil salirte de eso. Mientras que, si sos suburbano, estás realmente creando la síntesis. Si antes que vos de tu ciudad sólo salió Cliff Richards... Es también ese conocimiento de clase media, el sentido de la historia y el deseo de conocer todo, por ejemplo cómo tocaba la armónica Slim Harpo. Por supuesto que las bandas norteamericanas lo hicieron, pero las bandas inglesas lo hicieron con un campo más amplio de la música norteamericana y eso eventualmente produjo la síntesis, incluso sin que las propias bandas lo supieran. Eso es lo que nos sucedió a los Rolling Stones, que empezamos como “una banda de blues”, pero una banda de blues que tocaba covers de Buddy Holly en su tiempo libre.

Keith Richards
“Todavía tenemos dirección y energía”

+–Don Was, quien trabajó en la producción de los últimos discos de los Stones, te comparó con un lanzador de béisbol, el tipo que arroja ideas y deja que la banda las batee. ¿Estás de acuerdo con eso?
–Cuando trabajo con bateristas como Charlie Watts, o Steve Jordan y Charlie Drayton en los X-Pensive Winos, eso es todo lo que necesito. Puedo tirarles riffs toda la noche; cuando la batería lo capta, ya sé que ahí hay algo. Es probable que mi fortaleza radique en que puedo reconocer una canción en un par de acordes. Capto el embrión. Escribo desde hace tanto tiempo que la antena está realmente bien desarrollada. Si tomo un instrumento, seguramente vendrá hacia mí. No ando buscando. No tengo esa cosa de “Creador Supremo” respecto de la composición. Prefiero pensar en mí mismo como una antena. Hay sólo una canción, y la compusieron Adán y Eva: el resto son variaciones sobre un tema.
–¿Buscás conscientemente un sonido stone?
–Supongo que sí. Por un tiempo estás consciente de eso. También estás consciente de que hacés un disco cada tres años, así que tenés que hacer lo que querés en once o doce canciones, lo que no te da demasiado espacio para maniobrar. Entonces te sentís obligado a aparecer con cierto material, que es el material stone. Pienso que nos hemos liberado un poco de eso, del mismo modo que éramos más libres en los primeros tiempos de la banda. En ese momento no nos importaba de dónde había salido una porción de música; si nos gustaba, la tocábamos. Ahora sentimos que podemos juntar más estilos. Mick y yo no sentimos que tengamos que seguir reglas autoimpuestas. Si existe alguna regla, es precisamente que no hay reglas a seguir.
–¿Incluso si eso significa que muchas personas les den vuelta la espalda porque no suenan como ellos piensan que los Stones deben sonar?
–Los Stones siempre deben buscar a los Stones dentro de sí. Las ideas que las personas tienen sobre los Stones cambian desde que los escuchan por primera vez; hay una miríada de ideas y conceptos de qué son los Stones para los oyentes, que depende de cuánto tiempo llevan conociéndonos. Además, siempre estamos yendo hacia adelante, siempre buscando ser Stones del mismo modo. A veces nos equivocamos, pero la mayor parte del tiempo eso nos genera tal coraje que volvemos a encontrarnos. Somos una banda muy enfocada: todavía tenemos dirección y energía. No se puede pedir más.
–Uno de los cambios reales en el mundo stone durante los últimos quince años es que adoptaste la idea de trabajar fuera de la banda. ¿Eso provocó algún impacto significativo en el grupo?
–Sí. Hasta mediados de los ‘80, yo no estaba para nada feliz con la idea de que los Stones se separaran. Pensaba que una de las cosas más importantes sobre los Stones era que se mantenían juntos y hacían lo suyo, y que eso era todo. Pero llegamos a un punto en el que uno se da cuenta de que no puede estar dentro todo el tiempo. De todos modos, yo no iba a ser el primero. Para mí, el horror era la idea de ponerme a mí mismo en un conflicto de intereses. Por ejemplo, si componía una canción, ¿debía quedármela o dársela a los Stones? Mi actitud en ese momento era: “Esto es aquello por lo que trabajé, entonces, ¿por qué debo ponerme en esa posición?”. Pero, al mismo tiempo, Mick y yo no podíamos estar solamente en los Rolling Stones y hacer un buen trabajo todo el tiempo. Después de dos años de descanso, siempre teníamos que darle cuerda a la máquina gigante... No importa lo bueno que seas, simplemente no podés juntarte después de dos años de separación y armar una gran banda de rocanrol. Lo que conseguís en esos casos es una pila de basura. Del modo en que las cosas funcionan ahora, puedo tener ganas de volver a la banda. Sé que todos han estado tocando. Eso le da a los Stones la posibilidad de avanzar firmemente en lugar de ponerse al día con su pasado. Hay que aceptarlo: necesitamos trabajar fuera de la banda.
–Entonces, ¿cómo impactan esos proyectos en la banda?
–Si sólo escribís canciones para los Rolling Stones, caés en tu pequeña lista de tabúes: “No vamos a repetir esto; no vamos a volver a hacer aquello”. Pero, ¿cuánto tiempo podemos hacer eso en un vacío total sin siquiera intentar otras cosas o recibir realimentación de otras personas? Cuando trabajás con otra gente, te la jugás en muchas otras áreas en las que antes estabas inseguro de meterte. Crecés, de algún modo. Es mejor que no hacer nada, que antes era nuestro gran problema.
–¿Cuál es la diferencia principal entre trabajar con los Stones o en tus proyectos solistas?
–Con los Stones, soy aceptado como el líder en el estudio; si yo paro, todo para. Si Keith para, no tiene sentido continuar hasta que él se dé cuenta de qué va a suceder a continuación. Con los Winos, si yo paro, ellos siguen adelante, me miran y dicen: “Bueno, ponete en onda, man”. Eso es lo que hacen los Winos. Me patean el culo y yo digo: “Oh, se siente bien”. Yo también necesito que me pateen, en lugar de ser el tipo que le patea el culo a todos los demás.
–Hubo un tiempo en que las bandas más jóvenes criticaban a los Stones. Ahora parece haber mucho más respeto.
–Probablemente tenga que ver más con una cuestión de moda acorde a los tiempos. En los ‘70, esos tipos que salían eran diez años más jóvenes que nosotros. Eramos como sus hermanos mayores que les metían el dedo en la nariz, así que había un rechazo y una rebelión naturales. Ahora se completó el círculo, quizás porque todavía estamos en esto. Es decir, hemos hecho algunos buenos discos. Es agradable saber que hay muchos pibes a los que influimos. Los veo todo el tiempo cuando estoy de gira, los guitarristas juveniles que se paran en el frente. Me miran los dedos y yo pienso: “Bueno, chicos, sí. Si pueden darse cuenta, buena suerte. Pero no sé si pueden...”.
–La pregunta perenne: ¿cuánto tiempo durarán los Stones?
–(Risas) ¿Vos pensás que lo sabemos? Todo el mundo dice: “Esta vez es la última”. Nadie ha ido tan lejos. Tenemos que salir y descubrir si puede ser hecho. ¿Por qué no se puede tener rocanrol crecidito al mismo tiempo que el influjo de los más jóvenes? Sería un terrible desperdicio para nosotros haber llegar tan lejos y no seguir adelante.

1962, EL AÑO CERO
Cuando todo era nada
Entre algunos de los miembros de la Blues Incorporated y sus mujeres, personal y socios, se creía que Jagger había abandonado Little Boy Blue and the Blue Boys, que había roto la unidad del grupo para hacerse cantante de la banda de Alexis Korner. Keith, sobre todo, parecía haberse quedado colgado por Jagger, era el amigo de la guitarra que le contemplaba desde una mesa de las primeras filas, pero al que no se dejaba tocar por ser intérprete de rock. La mujer de Alex, Bobbie, empezó a preocuparse porque los sentimientos de Keith llegaran a verse heridos por Jagger y por su marido, que fue quien metió a Jagger en la banda. Una noche en que estaba sentada junto a Keith en el Marquee le preguntó:
–¿Qué es de vos y tu banda ahora que Mick trabaja con Alex?
–No tiene importancia. Mick es muy bueno –respondió Keith–. En tanto se lo escuche, no nos importa. Tenemos plena confianza en él. Va a triunfar.
Bobbie miró fijamente a Keith durante un largo rato. Sacó la conclusión de que él tenía plena confianza en el talento de Jagger. Pero no sabía -ni nadie del grupo lo sabía– que Keith le ocultaba algo... los chicos habían formado un nuevo grupo, los Rolling Stones, y ensayaban tanto como les era posible. Mantenían en el secreto más estricto todo lo relacionado con el grupo y nunca dieron a conocer a Alex ni a ninguna otra persona que habían formado un nuevo grupo.
Los Rolling Stones se habían agrupado a las pocas semanas de que Jagger y Keith se quedaran impresionados por la interpretación de Brian Jones. Inmediatamente después del primer encuentro, Keith y Brian empezaron a tocar juntos, deleitándose el uno al otro con interpretaciones de sus artistas favoritos (...). Hablaron largo y tendido sobre la posibilidad de que Keith, Dick Taylor y, quizás, Jagger se uniera al grupo en el que Brian trabajaba con la idea de transformarlo en una banda de blues, pero a Brian le pareció mucho más aconsejable formar su propio grupo.
El grupo no se llamaba ya Boy Blue sino los Rolling Stones, un nombre tomado de una canción de uno de los cantantes de blues por quien Brian sentía una admiración particular, Muddy Waters, aunque ello significara la escisión filosófica de Brian y Jagger por lo que se refiere al gusto musical. El Muddy preeléctrico era el viejo estilo del blues; Jagger y Keith concebían esta nueva banda como rhythm’n’blues, apoyándose los cantantes en un ritmo frenético y en un equipo electrónico de gran volumen. Pero esa escisión no se manifestaría hasta dos años más tarde.
Cuando Brian sugirió el nombre de la banda, Jagger dijo que “lo mejor sería llamarles los Silver Rolling Stones”, sin saber que allá en Liverpool un grupo que tocaba un tipo de música semejante empezó llamándose los Silver Beatles, pero rápidamente se descartó “plateado”. Así que durante un breve período de tiempo fueron los Silver Rolling Stones, para pasar luego a los Rolling Stones.

Párrafos extraídos del libro Mick Jagger de Anthony Scaduto, una de las mejores –sino la mejor– biografías escritas sobre Jagger y los Rolling Stones.

 

CHARLIE Y RON TAMBIEN ESTAN
Ultimas noticias

Mientras Mick y Keith se dedican a trabajar en solitario, los otros dos Stones no se quedan quietos. Charlie Watts, un apasionado del jazz, sacó durante el 2000 un álbum junto al (también) baterista Jim Keltner, titulado Charlie Watts/Jim Keltner Project. A fines del año pasado, Watts concretó algunos shows junto a su banda en los locales Blue Note de Nueva York y Tokio. También se dijo que le habían ofrecido un breve papel en la serie “Los Soprano” (imagínenlo como un mafioso más, amigo de Tony, Silvio y Paulie). La discreción y reserva del batero stone no son características que comparte el guitarrista Ron Wood, quien fue internado para rehabilitarse de alcoholismo a mediados del 2000, pero se fue antes de terminar el tratamiento. No anduvo mal, sin embargo: el año pasado publicó un nuevo disco solista, Not for Beginners, que presentó en tres shows en Inglaterra. Como invitados en los conciertos tuvo a Slash y Andrea Corr (de The Corrs). Además, Ronnie vende sus cuadros a través de su página web, negocio redituable por cierto.

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