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Jueves, 12 de mayo de 2005

EL SITIO WEB QUE NUNCA VAS A VISITAR*

E-daliscas, danza árabe virtual

 Por Javier Aguirre

La Argentina ya es una potencia en cuanto a danzas árabes. Miles de chicas argentinas han incursionado con pasión en el arte de colgarse lentejuelas y simular que sus ombligos son víctimas de sensuales ataques de epilepsia. Esa práctica, sumada a la difusión del manejo de la Internet, dio paso a una forma nueva; tan especial que ya atrajo la atención de bailarinas profesionales, regentes de cabarets y dueños de cibers de Damasco, Casablanca, Beirut y Anillaco. Se trata de la danza árabe on-line, un arte en el que el mouse y la webcam son tan importantes como el ulular de los estómagos y el deliberado asomar del vello púbico.

Una e-dalisca baila sola frente a su computadora; y refriega su abdomen suave contra el ojo cuadrado del monitor como si quisiera provocar la libido del CPU. La competencia entre bailarinas solitarias se ha vuelto feroz, y por ello, varios sitios web –como argenturcas.com.ar– organizan torneos en los que miles de anónimos jurados virtuales votan, acaso entre masturbaciones y cervezas, por la pancita más talentosa.

Algunas de las chicas acompañan su set con versos atrevidos: “Vos sentate, yo me ocupo./ ¿Mis caderas has deseado?/ Mirame bien fijo el pupo/ y no mojes el teclado”, recita, entre contorneos, una joven formoseña que responde al nickname de Nati_79. “Tus piropos no hacen mella,/ sonrisas ya no me robas./ Aunque yo no soy camella,/ ¡mirá qué par de jorobas!”, exclama, mientras se sacude, una pulposa rosarina que firma como Zalazarina.

Pero no es una disciplina exclusiva de las chicas: muchos varones argentinos, seguramente alentados por anonimato que brinda el e-dalisquismo, ajusticiaron sus pudores y hoy ya son pioneros mundiales en el arte de la danza árabe masculina. “Hay que ser muy macho para vestirse de odalisca y hacer la danza del vientre fértil”, asegura, vía e-mail, un muchacho autobautizado Capo_de_barracas. Su panza esférica, peluda y cervecera no tiene la gracia de las tersas superficies femeninas, es cierto. Pero nadie le quita lo bailado.

* Cualquier similitud con la realidad, es culpa del FMI.

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Ilustración Daniela Acerbi
 
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