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Jueves, 20 de octubre de 2005

CASEY SPOONER HABLA, ENTRE OTRAS COSAS, DE BUSH

“Yo no lo voté dos veces”

Fischerspooner ofrece una mirada creativa y vanguardista, producto de un pop desvergonzado. Fueron capaces de trabajar con la escritora Susan Sontag, dejaron el electroclash y se hicieron cargo de una banda de rock. “Uno quiere estar orgulloso de su país, pero es difícil defenderlo cuando tus líderes no representan tus intereses”, dice Spooner. ¿Y Fischer?

Si vas a ir a ver a Fischerspooner porque tenés el recuerdo de su álbum #1 (2002), vas a llevarte una sorpresa mayúscula: el show que la dupla neoyorquina formada por Warren Fischer (el encargado de los sonidos) y Casey Spooner (voz) ya dejó muy atrás el electroclash, y se propone azotar el escenario del Festival BUE (el sábado 29) con una auténtica banda de rock. Y los motivos tienen que ver con su segundo trabajo, el magnífico Odyssey (Odisea). “En nuestros shows anteriores, como #1 era ciento por ciento digital, no era muy interesante ver a alguien con una computadora sobre el escenario, por eso quisimos explorar otras ideas de performance para presentar la música, con bailarines y cantantes invitados. Como en este álbum hay instrumentos, tenemos un sonido más cálido, entonces queremos ir al extremo opuesto y explorar el hecho de hacer música en vivo”, adelanta el cantante, en conversación telefónica con el No.

–¿Te sentís cómodo cantando con una banda de rock?

–Sí, sí. Lo que más disfruto es hacer cosas diferentes y explorar. Mi background es muy diverso: empecé como pintor y artista visual, después me pasé al teatro y las performances, y de ahí a la música. Así que disfruto de cambiar constantemente.

–¿Y cómo fue que te diste cuenta de que podías cantar?

–No lo sé, supongo que fue un proceso lento. Lo que es seguro es que no me resultó fácil, porque estoy rodeado de un montón de músicos impresionantes. Hacer Odyssey fue una exploración de cuán lejos puedo llegar con mi voz. Además, durante esta gira crecí y aprendí mucho como cantante en vivo.

–O sea que acá no vas a hacer playback, como en otras épocas.

–No, ya dejé de hacer eso. Era como una declaración de principios, pero también porque el estilo de nuestra música era tan sintético que una voz natural sonaba realmente mal. Era divertido shockear a la gente cuando yo no cantaba o cantaba encima de lo que se suponía que estaba cantando, porque era medio punk e irreverente. Pero este disco es diferente y la voz suena bien en vivo. No podía seguir con la misma idea que ejecutamos durante seis años... ¡porque me aburrí!

–¿Este disco fue tan difícil de hacer como para llamarlo Odyssey?

–Sí, fue un dolor de huevos, probablemente una de las peores experiencias de mi vida. La ironía es que queríamos hacer un disco más emocional y crearlo fue tan difícil que es como un manifiesto de ese dolor. Tuvimos una agenda mucho más apretada y lo hicimos durante circunstancias completamente diferentes. El primer disco lo hicimos en tres años y con éste, que queríamos que fuera mejor, sólo dispusimos de uno. Así que fue un desafío porque, en cierto sentido, tuvimos que aprender a trabajar de un modo completamente nuevo. ¡Y eso es una cagada!

–¿Por qué se alejaron del electroclash?

–Más que nada se debió a que el primer disco lo empezamos en 1998, así que para el 2003 ya estábamos cansados de ese sonido y queríamos explorar otras ideas. Además, el estilo del primer disco fue una elección creativa, pero también práctica, porque tuvimos que hacerlo con herramientas muy limitadas. La mejor y más barata forma de hacerlo era en la computadora, así que abrazar lo digital fue una decisión pragmática. El hecho de que esta vez tuvimos acceso a cosas de las que antes carecíamos fue decisivo en cómo cambió nuestro sonido.

–En el disco trabajaste con Susan Sontag (icono intelectual recientemente fallecida) y con Linda Perry (ex 4 Non Blondes y hitmaker para Christina Aguilera y Pink).

–Mi plan original era que ellas trabajaran juntas, que hicieran juntas una canción, pero fue imposible porque ambas estaban muy ocupadas. La idea era juntar los extremos y, de paso, representar el rango de mis intereses: intelectual, creativo y vanguardista por un lado, pero también de música pop desvergonzada. Además quería aprender de primera mano el modo en que ellas encaran el trabajo creativo. Esa fue una de las experiencias más enriquecedoras. Con Susan, por ejemplo, me imaginaba llegar con mi anotador lleno de ideas y que íbamos a trabajar juntos en alguna, pero ella me presentó un desafío político y estético. Cuando ella me presentó el texto, le dije: “Honestamente, no sé si pueda siquiera decir la palabra guerra en una canción”. Y ella me respondió con dureza: “Mirá, tu presidente acaba de aprobar el gasto de 8 billones de dólares para una guerra, así que tenés que ser capaz de decir esa palabra”. Lo pensé y trabajé mucho para encontrar un modo no sólo de decirla sino de hacerla en un modo musical.

–¿Estás de acuerdo con el punto de vista político de Sontag o te resultó difícil cantar la canción?

–Mi respuesta es que yo no lo voté dos veces. Uno quiere estar orgulloso de su país, sobre todo de uno que se trata de participación y democracia, pero es muy difícil defenderlo cuando sentís que tus líderes no representan tus intereses. Estamos pasando un período muy oscuro y espero que podamos salir. Este es un momento crucial y me preocupa que vaya a ser necesario algo más dramático y difícil para poder lograr un cambio. Así que “necesitamos una guerra”. Un muy apropiado retrato de los tiempos.

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