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Jueves, 20 de octubre de 2005

LOS ULTIMOS CINCO DIAS

Color con burbujitas

- Los edificios. Nunca los acomodados vecinos de los edificios frente a Obras sobre Libertador recibieron tantas manifestaciones de respeto: “Eh, puto, la concha de tu madre... ¿qué mirás? ¿Estás mirando Susana, no?”, les dijo Vicentico. “Gracias a todos los vecinos que hicieron denuncias. Los quiero”, había ironizado Germán Daffunchio la jornada anterior, mientras que Sokol fue más concreto: “Denunciame ahora”, gritó, tocándose el bulto. El operativo contradenuncia lo había iniciado Andrés Ciro diciendo: “Bien que mueven el culito, o si no son amargos de verdad”.

- Niño terrible. En la primera aparición, Pity de Intoxicados hizo todo por desordenar, provocar, bardear, rockear en estado puro y le salió impecable. Descalibró los tiempos de la octava fecha y mató dos pájaros de un tiro: molestó a los vecinos y encrespó los ánimos de los organizadores.

- Luca vive. Cierta resurrección de Sumo con Sokol –a los abrazos con Mollo y Arnedo– cantando Ala Delta. 18 años de desencuentros para derribarlos de un plumazo. Fue el reverso de la frustrada reunión en Uruguay, cuando Diego Arnedo dejó pagando a Daffunchio, Sokol, Andrea Prodan y Mollo, que se aprestaban a tocar un par de temas del mítico combo. La reunión fue calificada por Mollo como “la resurrección de Juan Pablo II” (sic). Y todo surgió de una visita espontánea de Sokol a un ensayo de Divididos. Fue y dijo: “Quiero cantar un tema con ustedes”. ¿Cómo negárselo?

- Niño bien. En la décima, Pity mostró su “otro yo”: dos temas mejor puestos (Fuego y Perra, de los Viejas) y toda su sensibilidad (porque Pity es un pibe sensible) hecha voz y charango en una hermosa historia (Duérmete niño) entre los 300 chicos del Coro Kennedy.

- Ska-P escapó. Los españoles eligieron la Argentina para separarse y dos fechas colmadas –una adentro y otra afuera– refrendaron, como dijo Joxemi, el guitarrista, que lo hicieron en el mejor lugar. Ya no más agite ska-punk de altos decibeles, ni arengas políticas constantes y agotadoras. Chau Ska-P... la adolescencia terminó.

- Callejeros. Notablemente, faltaron las remeras de la banda Callejeros que inundaban los festivales de Gesell y Cosquín, a poco de la tragedia de Cromañón.

- El colgado. Andrew Tosh –hijo del mítico Peter– estaba en Río de Janeiro y no se tomó el avión para venir. Se conformó con la mitad del cachet que ya le habían pagado.

- Fiesta de disfraces. Germán Daffunchio con peluca de la princesa Leia de Star Wars; Sokol ¡de Pedro Picapiedras!; Carlos Garay –plomo de Las Pelotas–, de George Bush y Cucho de los Auténticos de “Yolanka”. ¿Se acuerdan del yogur? ¿Se acuerdan de Titanes en el ring?

- El alemán. Entre el público de Die Toten Hosen había uno que sabía los temas en alemán. Lo hizo subir y le cedió el micrófono en All Die Ganzan Jahre, y el pibe cantó bárbaro.

- El Flaco. Luis Alberto Spinetta ofreció un set etéreo, mínimo, indispensable. El viejo hippie confraternizó y echó a rodar sus bellas melodías explorando todos los rincones del alma: La herida de París, Era de uranio, Agua de la miseria, Laura va, Kamikaze y reflexiones para tomarsin dejar nunca. “Ojalá pueda curar con mi música a las víctimas, a todas las víctimas” (...) “Algún día tocaré con Hendrix y Pappo en las galaxias.”

- Lo que importa es la gaseosa. Si algo no tuvo el show de los alemanes Die Toten Hosen es haber sido "Diet", como le atribuyó el diario Crónica del lunes pasado. El punk hizo espumas, pero con azucar.

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