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Jueves, 3 de noviembre de 2005

UNA MUERTE SOSPECHOSA

¿Policías en acción?

 Por Cristian Vitale

El viernes 4 de febrero, después de cenar con sus padres, Christian Domínguez fue a un cyber de Berisso a chequear mails y no dejó dicho si regresaba o si volvería a la casa que compartía con su mujer Gabriela y su hija Martina, de tres años. Pero nunca volvió, ni con sus padres ni con su mujer. A las dos de la madrugada, ya sábado, un patrullero de la 1ª de Berisso lo llevó detenido y a las 8.45 de la mañana le avisaron a su padre Pedro que Christian se había ahorcado en la seccional, con su cinturón. “Quedé helado –dice Pedro al No–. Ese día, su pareja había ido a visitar a una compañera que había tenido familia, y él vino a casa a cortarme el pasto. Arreglamos el jardín, tomamos mate y le di diez pesos para a cortarse el pelo. Después vino, se bañó, cenó con nosotros y fue al cyber. Como tardaba mucho, pensamos que se había ido a su casa, a cuatro cuadras de la mía, pero aparecieron a la mañana siguiente para avisarme que se había matado”, detalla Pedro.

Fue la versión que circuló durante los primeros meses: la historia “oficial” marca que Christian paró un patrullero para hacer una denuncia y que uno de los efectivos que estaba dentro le dijo que no era “la manera”. Y se lo llevó detenido. “Lo acusaron de contravenir el artículo 72, decreto 8031 –ebriedad en la vía pública–, cuando en realidad mi hijo estaba haciendo un tratamiento para dejar el alcohol. A las 10 había tomado una pastilla. El les quiso explicar a los policías que no estaba ebrio, pero no hubo caso. Ni lo dejaron llamar a casa”, cuenta Pedro.

Siguiendo su testimonio, a las 4.10 la policía lo trasladó al Hospital de Berisso por orden del médico perito y éstos exigieron a los médicos del hospital que le extendieran un certificado de ebriedad. Pero los médicos se negaron. Christian fue a parar al Hospital Larrain, donde el parte cantó que el muchacho estaba lúcido, “ubicado en tiempo y espacio”, y volvió a la comisaría para morir. “Ellos dicen que mi hijo se ahorcó. Pero yo, después de la reactuación y la reautopsia, tengo la plena seguridad de que lo mataron ellos”, cuenta Domínguez.

Pedro no está solo en su lucha. La Asociación Civil Miguel Bru patrocina la causa judicial y ya realizó dos marchas por el esclarecimiento del hecho. Según ellos, Christian fue trasladado sin motivo a la 1ª de Berisso, y la escena del hecho fue alterada: el cuerpo fue descolgado, la parte del cinturón supuestamente anudada a la reja fue desatada y el cinto fue inexplicablemente cortado en cuatro trozos. El chico no tiene signos de ahorcamiento, hay graves irregularidades en la autopsia –que no fue hecha por los médicos del Poder Judicial sino por los policías– y los propios involucrados se encargaron de la instrucción.

“Mi pelea empezó con el fiscal Leandro Heredia, que en ese momento estaba de turno, y no fue al lugar del hecho. Dejó todo en manos de la policía para que haga a su manera las pericias policiales y caratuló el hecho –¡por teléfono!– como muerte por ahorcamiento”, refiere Pedro. Christian tenía 30 años y trabajaba de cocinero en una cafetería y todavía no había cobrado el último sueldo. “Por eso le di diez pesos para que se corte el pelo. No me gustaba que vaya a trabajar así”, sostiene el padre. Después de reunirse con el ministro León Arslanian, Domínguez consiguió que separen de sus funciones al sargento Víctor Gómez y al oficial Germán Cernuschi, y que trasladen a doce efectivos a otro lado.

“Ahora estamos buscando testigos, porque la policía puso algunos fabricados. Pero un policía que declaró que mi hijo no paró el patrullero como se dijo al principio. La idea es que aparezcan los culpables y que, los que no hicieron nada, puedan seguir trabajando”, dice el padre. La Asociación Miguel Bru sostiene que Christian murió por asfixia mecánica en manos de la policía.

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